viernes, 17 de enero de 2014
Capítulo 10:Todo el mundo tiene derecho a ser amado.
(LEAH)
¿Que tenía que hacer?¿Seguir como siempre o echárselo todo en cara?¿Callarme? No. Cada vez estaría más distante. No quería ser una de sus putitas.
-¿Que piensas?
Le conté mis sospechas.
-Que quieres que te diga...creo que haces conclusiones un tanto extrañas.
-Hablo la que piensa que le gusto.
-¿Estas segura de lo que dices?
-Segurísima.
-Bueno... si es lo que crees...te apoyo.
-Gracias Vivi.
-Pero no creo que sea de ese tipo de chicos.
-Yo lo veo todo muy claro.
Después de cenar, nos quedamos viendo una peli y cuando llegaron mis padres sobre las 11 fuimos a dormir. A la mañana siguiente me desperecé. Vanessa seguía durmiendo y no quería despertarla. Y se me ocurrió una idea. Busqué entre sus cosas el número de Justin y luego mi agenda, donde días atrás, había apuntado otro teléfono que estaba en el brazo de Isa. Comparé los dos, eran exactamente iguales. Lo sabía. Era para darme cabezazos contra la pared. Miré el reloj. Eran apenas las 10. Cogí mi tablet y la encendí. Tenía un 24% de batería así que me tenía que dar prisa. Abrí Google y busqué: Justin Bieber. Necesitaba información, apenas sabía algo de él. No aparecía nada, solo vídeos suyos cantando en Youtube. Entré en mi Facebook y le busqué. Cliqué en su página, allí salía él, con la batería, la guitarra, de todo. Tenía muchos seguidores. Miré los comentarios, solo ponían cosas como ''Que bonita voz'',''sigue así'', nada fuera de lo anormal.
-¿Que haces?
Vane se había despertado. Escondí la tablet debajo de la almohada. A tientas, la apagué.
-Nada.
-Me había parecido ver una luz.
Me encogí de hombros. Fuimos al salón. Allí estaban mis padres, desayunando, abrazados, en el sofá. Momentos con este me conmovían, era precioso ver como estaban de unidos.
-Papá,mamá.-saludé.
Nos sentamos en las butacas de los costados.
-Cariño ¿Que tal has dormido?
-Genial.
-¿Y Justin?
-Yo que sé, ya vendrá mañana. Hoy tiene día libre.-contesté secamente.
-Tampoco hace falta tratarlo con tanta dureza. Es un chico simpático.
No respondí. No merecía la pena.
-Por cierto papito querido, se me ha estropeado el móvil.
-Te dejaré algo de dinero para que mañana te compres otro. Quizás podrías coger el IPhone 5s.
-¿En serio?
-Por supuesto.¿No desayunais?
-¿Tienes hambre Vane?
-No.
-Estaremos en mi habitación, más tarde comeremos algo.
Subimos de nuevo, dejándolos solos. Fuimos al baño y saqué la báscula. Era hora de pesarse. Me puse encima y cerré los ojos. Tras el pitido que marcaba el peso solté un suspiro.
-No quiero verlo.
-¡Pero si estás fenomenal!
Miré el resultado: 47 kilos.
-Tienes un figurín. Para lo que mides está muy bien.
Las cifras en rojo luminoso, bailaban delante de mí. 47, 47, 47. Estaba gorda. En 40 estaría perfecta.
-Vanessa. Estoy gorda.
-¿Es una broma?.-su rostro empalideció.-Leah,no puedes volver a vomitar. No es sano. Esos años pasaron. Lo tienes superado. No vuelvas a caer en la bulimia. ¿Me escuchas?
Me agitó levemente.
-S-si.
-Así me gusta.-sonrió.
47, 47, 47.
(JUSTIN)
Estaba tumbado en la cama, con Clara apoyada en mi brazo, rodeando mi ombligo con su dedo índice. Acaricié su pelo, tan rojo como el fuego. Fogoso, como ella.
-Justin, Justin.
Se sentó con la sábana apenas cubriéndola. Cogió un paquete de cigarrillos y me pasó uno y un mechero. Lo encendí y le di una honda calada. Enseguida noté como mi cuerpo se relajaba y todos los músculos se desentumecían. Formé una O con la boca y exhalé el humo. Que bien se sentía.
-¿Que hora es?
-Las 10.
-Dentro de poco me tendré que ir si no quieres que nos pille tu familia en esta... situación.
-¿Sabes que?Me da igual.
Se tumbó encima mío, nuestros cuerpos chocando. Su palidez contra el moreno de mi piel. Sus labios buscando los míos desesperadamente. Y volví a saborearla. Estábamos ansiosos pero conseguí refrenarme.
-Me tengo que ir, enserio.
Se quejó débilmente que después fue callado con un beso.
-Volveré, mañana.
Me levanté y empecé a vestirme.
-¿Te ayudo?
-Tú me quitarás la ropa en vez de ponermela.
Me abrazó por detrás.
-No. Prometo no hacerlo.
Agarró mi camisa y me la lanzó. La cogí al vuelo y me la puse, ella se acercó y me abrochó los botones. Me até los zapatos y recuperé el cigarrillo que sostenía en su mano. Abrió su ventana, suerte que estábamos en la planta baja, y salí. Le lanzé un beso al aire y hizo como si lo atrapaba y se lo ponía en la mejilla. Me escondí en un árbol y miré las casas vecinas. No parecía verse nadie. En la casa de Leah, tampoco parecía haber gente. Pero cuando iba a salir de mi escondite, las chicas salieron al jardín. Por lo visto iban a bañarse otra vez. Esperé un cuarto de hora que aproveché para observarlas de lejos. Vanessa estaba deslumbrante pero Leah destacaba. Vi como perseguía a su amiga con una pistola de agua y reí en silencio. Me escondí tras las valla y crucé el jardín, procurando no ser visto. Tiré la colilla entre unos arbustos. Arranqué mi moto y me marché a casa de mi madre. Me abrió.
-¡Justin!Menos mal que has venido,
-He venido a visitar a Jazzy y a Jaxon.
-Justin, dejame explicarte todo.
-Dejalo..
-Justin.-sollozó.
-¡Jazzy!¡Jaxon!.-grité.
Bajaron corriendo y me agaché para cojerlos a los dos en brazos.
-Justin, por favor. Deja que te explique...
-No me cuentes nada.-me partía el corazón hacerla sufrir pero no me había dejado otra opción. ¿Vamos a dar un paseo chicos?
-Sí.-chillaron entusiasmados.
Salieron por la puerta, saltando de la emoción.
-Hasta luego.
Y cerré de un portazo.
-¿A donde vamos Jay?
-¿Adonde queréis ir?
-Al parque.
Comenzaron a trotar alegremente pero Jazzy se detuvo y se puso a mi lado.
-¿Porque estas enfadada con mamá?¿Es porque se va a casar con ese hombre?
-Sí.
-No es tan malo ¿sabes? El otro día nos trajo chuches.
-No lo entiendes pequeña.
-¿Que hay que entender?Se ha enamorado de un señor y además...
Me hizo señas para que me agachara y se acercó a mi oreja.
-Ya no llora por las noches.-susurró.
Me sorprendí.
-¿Antes lloraba?
-Cada día. Cuando se acaban los Lunnis y nos vamos a la cama, siempre se pone triste pero no me quería decir porque. El otro día me dijo que era por alguien llamado Patrick.
-¿Patrick?¿Estas segura de que dijo ese nombre?
-Sí.
Patrick Bieber, mi padre. Me lo había mencionado antes. Mi padre.¿Que sabía ella ? Y me arrepentí por haber sido tan duro con ella.
-Y ahora está más feliz y quiere mucho al señor ese. Y se dan besos.-y puso cara de asco.
Sonreí y le cogí de la mano para que siguiera caminando.
-¿Tú también te casarás?
-Solo tengo 19 años. Soy muy joven.
-¿Y hay una chica que quieres?
-No.
-¿Y hay alguna que te quiera a ti?
-Eso nunca se sabe Jaz.
-Tú eres muy guapo. Seguro que sí.
-Gracias princesita.
-Y me gustan tus dibujos del brazo. Sobretodo este. El que pone...
Frunció la ceja y intentó leer.
-Be-beli-lieve. Believe. ¿Que significa?
-Cree.
-¿En Dios?
-No, tienes que creer en ti mismo.
-Yo creo en ti. Porque nunca dices mentiras. Yo el otro día le dije a una a mamá. Dijo que cogieramos una piruleta y cogí dos. Pero es un secreto, shh...
Reí. Era una niñita tan inocente... pasaría por mucho a lo largo de la vida.
-Oye¿Que tienes aquí?¿Es sangre?
Señaló una mancha roja en la camisa. Maldita Clara, maldita Clara y su pintalabios.
-Me habré manchado al pintar.
Justo pasamos por una tienda de golosinas.
-¿Podemos una?-y puso cara de cachorrito y me acordé de Leah, que puso la misma cara en el restaurante, el miércoles.
Aparté esa idea de la cabeza.
-Claro¡Jaxon!
El niño vino caminando alegramente y cuando vio la tienda puso los ojos como platos.
-¿Vamos a comprar?
-Sí.
Su hermanita tiró de su brazo y entraron. Les seguí. Escogieron una bolsa de ganchitos cada uno. Le pagué a la dependienta que a juzgar por su cara, no venía gente muy a menudo. Cuando salimos, abrieron la bolsa de patatas y las devoraron en menos de un minuto.
-Eh, no me habéis dejado ninguna.
-¿Quieres polvito?
Sacudió la bolsa para que el polvo cayera sobre su mano.
-No, es broma princesita.
Y por fin, llegamos al parque. Fueron al tobogán corriendo. Me senté en un banco pero era aburrido así que me puse a hacer abdominales. Cuando llegué a 50 empecé a saltar con las rodillas todo lo alto que podía. Flexionando piernas, estirando. De vez en cuando, pasaba algún deportista pero por lo demás, se estaba muy tranquilo. Hacia el mediodía llamé a mis hermanos y fuimos de nuevo a casa. Abrió mi madre, ojerosa y pálida.
-Yo...
Pero la interrumpi y la abracé.
-Lo siento. Jazzy me ha contado todo.
Nadie podía ser juzgado por su amor verdadero. Todo el mundo tiene derecho a ser amado. Excepto yo, yo ya no me lo merecía.
-Tú siempre serás mi hombre. Mi hijo, fuerte.
-Mamá.-dije con la voz rota.- necesito saber de mi...
-Te lo diré, más tarde.
-¿Y cuando será eso?
-Algún día.
No era suficiente, pero me bastaba, de momento.
-Y bueno,¿Cuando conoceré a tu prometido?
-¿Lo dices en serio?
-Claro.
-Oh, Justin...
-¿Entramos?
-Sí.
Me hice a un lado para dejarla pasar y acto seguido cerré. Me dejé caer en el sofá, estaba agotado, tanto física como mentalmente. Me froté los ojos. Pattie se sentó enfrente y me sirvió un vaso de agua.
-Bueno,¿Me explicas los detalles de la boda?
-¿De verdad quieres escucharlo?
-¿Porque no?
Y me relató sus planes. Que sería en una antigua iglesia, todo muy romántico. Decorado con flores rosas y blancas. Habría un comedor grande, con mesas con bonitos manteles y cubiertos. Todo de lujo. Y una gran tarta, blanca, de tres o cuatro pisos.
-¿Quien te llevará al altar?
-Quiero que seas tú, que mi hijo me lleve junto a mi futuro marido.
-Pero yo...
-Es solo caminar y sonreír.
Suspiré, resignado.
-¿Y quién lo pagará?
-Todo lo hará él... George.-pronunció con cautela, atenta a mi reacción. No hice nada, solo responder.
-Ah.
-Y ya tenemos fecha decidida, será en abril.
-Vale.
-Y el vestido... ¡Tengo una ilusión! Pero tu también me ayudarás a elegirlo. Había pensado con mucho volumen y con una cinta rosa en la cintura. Con un poco de encaje y pedrería. Y una cola larga. Es la primera vez que me caso.-dijo con los ojos brillantes de emoción.-sabré cual es el elegido.
Empezó a dar vueltas en el salón haciendo que llevaba un vestido invisible. Me tendió la mano y bailamos un vals sobre la alfombra. Por último, hice una reverencia y le besé la mano.
-Ay...-y se llevó la mano al corazón.
-¿Pasa algo?-pregunté preocupado.
Se derrumbó encima de un butaca.
-Creo que me desmayo de amor.
- Me habías asustado.
-Presumiré de hijo encantador. Ya verás mi prima... estará verde de envidia. Con lo feo que es su hijo.-rió.
-¿Carlos?
-Sí.
-Lo tengo que reconocer, nunca ha sido muy guapo. Me acuerdo cuando jugábamos juntos a los 10 años. Hizo su fiesta de cumpleaños y una niña le regaló maquillaje, diciendo: pontelo para taparte la cara, a ver si mejoras en algo.
Y hablando de maquillaje...
- Mamá, ¿me puedes lavar esta camisa?
Le señalé la mancha roja de pintalabios. Frunció la ceja pero no hizo ningún comentario.
-Damela.
Me la quité y se la di. La miró a contra luz. Fue a la cocina y frotó con jabón. Acto seguido, la metió en la lavadora.
-Espera. Pondré más ropa antes de poner esto a lavar.
La ayudé a separar lo colorido de lo blanco. Una vez dentro, puso detergente.
-¿Quieres una camisa de George?
-No hace falta, me pondré mi chaqueta y la abrocharé bien. Volveré después.
-¿Te vas?
-Si. Iré a comer algo por ahí.
-Sabes que te puedes quedar aquí.
-No. Me apetece estar solo un rato.
-Como quieras.¿Que tal el miércoles?¿Todo fue bien?
-Sí. Parece que le gustó mucho a la gente y quieren que vuelva. Y he escrito una canción mas. Y tengo más proyectos en mente.
-Ay, mi pequeño. Como has crecido.
Me abrazó y le besé la coronilla.
-Adiós.
-Hasta luego.
Los niños gritaron la despedida desde su habitación, seguramente estarían viendo algún episodio de Winnie the Pooh. Salí y caminé, al aire libre. Libre, no dependía de nadie. Libre, como los pájaros arriba en el cielo, como un pececito en el mar. Libre como un nota en una canción. Como una hoja que volaba, arrastrada por viento. Como una flor entre el césped. Y tuve una idea.
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