Chic@s, siento no haber subido capitulo el viernes pero mis padres me castigaron sin Internet durante un mes! Por suerte, en la biblioteca hay ordenadores y puedo escribir. Este viernes subiré 2 capítulos a modo de compensación. Lo siento de verdad :(
Besitos de COCO<3
P.D. a mi lado hay un chico guapísimo :"D y a mi derecha hay una señora que no para de cotillear lo que escribo ( he tenido que cambiarme de sitio)
Bye
lunes, 27 de enero de 2014
viernes, 17 de enero de 2014
Capítulo 10:Todo el mundo tiene derecho a ser amado.
(LEAH)
¿Que tenía que hacer?¿Seguir como siempre o echárselo todo en cara?¿Callarme? No. Cada vez estaría más distante. No quería ser una de sus putitas.
-¿Que piensas?
Le conté mis sospechas.
-Que quieres que te diga...creo que haces conclusiones un tanto extrañas.
-Hablo la que piensa que le gusto.
-¿Estas segura de lo que dices?
-Segurísima.
-Bueno... si es lo que crees...te apoyo.
-Gracias Vivi.
-Pero no creo que sea de ese tipo de chicos.
-Yo lo veo todo muy claro.
Después de cenar, nos quedamos viendo una peli y cuando llegaron mis padres sobre las 11 fuimos a dormir. A la mañana siguiente me desperecé. Vanessa seguía durmiendo y no quería despertarla. Y se me ocurrió una idea. Busqué entre sus cosas el número de Justin y luego mi agenda, donde días atrás, había apuntado otro teléfono que estaba en el brazo de Isa. Comparé los dos, eran exactamente iguales. Lo sabía. Era para darme cabezazos contra la pared. Miré el reloj. Eran apenas las 10. Cogí mi tablet y la encendí. Tenía un 24% de batería así que me tenía que dar prisa. Abrí Google y busqué: Justin Bieber. Necesitaba información, apenas sabía algo de él. No aparecía nada, solo vídeos suyos cantando en Youtube. Entré en mi Facebook y le busqué. Cliqué en su página, allí salía él, con la batería, la guitarra, de todo. Tenía muchos seguidores. Miré los comentarios, solo ponían cosas como ''Que bonita voz'',''sigue así'', nada fuera de lo anormal.
-¿Que haces?
Vane se había despertado. Escondí la tablet debajo de la almohada. A tientas, la apagué.
-Nada.
-Me había parecido ver una luz.
Me encogí de hombros. Fuimos al salón. Allí estaban mis padres, desayunando, abrazados, en el sofá. Momentos con este me conmovían, era precioso ver como estaban de unidos.
-Papá,mamá.-saludé.
Nos sentamos en las butacas de los costados.
-Cariño ¿Que tal has dormido?
-Genial.
-¿Y Justin?
-Yo que sé, ya vendrá mañana. Hoy tiene día libre.-contesté secamente.
-Tampoco hace falta tratarlo con tanta dureza. Es un chico simpático.
No respondí. No merecía la pena.
-Por cierto papito querido, se me ha estropeado el móvil.
-Te dejaré algo de dinero para que mañana te compres otro. Quizás podrías coger el IPhone 5s.
-¿En serio?
-Por supuesto.¿No desayunais?
-¿Tienes hambre Vane?
-No.
-Estaremos en mi habitación, más tarde comeremos algo.
Subimos de nuevo, dejándolos solos. Fuimos al baño y saqué la báscula. Era hora de pesarse. Me puse encima y cerré los ojos. Tras el pitido que marcaba el peso solté un suspiro.
-No quiero verlo.
-¡Pero si estás fenomenal!
Miré el resultado: 47 kilos.
-Tienes un figurín. Para lo que mides está muy bien.
Las cifras en rojo luminoso, bailaban delante de mí. 47, 47, 47. Estaba gorda. En 40 estaría perfecta.
-Vanessa. Estoy gorda.
-¿Es una broma?.-su rostro empalideció.-Leah,no puedes volver a vomitar. No es sano. Esos años pasaron. Lo tienes superado. No vuelvas a caer en la bulimia. ¿Me escuchas?
Me agitó levemente.
-S-si.
-Así me gusta.-sonrió.
47, 47, 47.
(JUSTIN)
Estaba tumbado en la cama, con Clara apoyada en mi brazo, rodeando mi ombligo con su dedo índice. Acaricié su pelo, tan rojo como el fuego. Fogoso, como ella.
-Justin, Justin.
Se sentó con la sábana apenas cubriéndola. Cogió un paquete de cigarrillos y me pasó uno y un mechero. Lo encendí y le di una honda calada. Enseguida noté como mi cuerpo se relajaba y todos los músculos se desentumecían. Formé una O con la boca y exhalé el humo. Que bien se sentía.
-¿Que hora es?
-Las 10.
-Dentro de poco me tendré que ir si no quieres que nos pille tu familia en esta... situación.
-¿Sabes que?Me da igual.
Se tumbó encima mío, nuestros cuerpos chocando. Su palidez contra el moreno de mi piel. Sus labios buscando los míos desesperadamente. Y volví a saborearla. Estábamos ansiosos pero conseguí refrenarme.
-Me tengo que ir, enserio.
Se quejó débilmente que después fue callado con un beso.
-Volveré, mañana.
Me levanté y empecé a vestirme.
-¿Te ayudo?
-Tú me quitarás la ropa en vez de ponermela.
Me abrazó por detrás.
-No. Prometo no hacerlo.
Agarró mi camisa y me la lanzó. La cogí al vuelo y me la puse, ella se acercó y me abrochó los botones. Me até los zapatos y recuperé el cigarrillo que sostenía en su mano. Abrió su ventana, suerte que estábamos en la planta baja, y salí. Le lanzé un beso al aire y hizo como si lo atrapaba y se lo ponía en la mejilla. Me escondí en un árbol y miré las casas vecinas. No parecía verse nadie. En la casa de Leah, tampoco parecía haber gente. Pero cuando iba a salir de mi escondite, las chicas salieron al jardín. Por lo visto iban a bañarse otra vez. Esperé un cuarto de hora que aproveché para observarlas de lejos. Vanessa estaba deslumbrante pero Leah destacaba. Vi como perseguía a su amiga con una pistola de agua y reí en silencio. Me escondí tras las valla y crucé el jardín, procurando no ser visto. Tiré la colilla entre unos arbustos. Arranqué mi moto y me marché a casa de mi madre. Me abrió.
-¡Justin!Menos mal que has venido,
-He venido a visitar a Jazzy y a Jaxon.
-Justin, dejame explicarte todo.
-Dejalo..
-Justin.-sollozó.
-¡Jazzy!¡Jaxon!.-grité.
Bajaron corriendo y me agaché para cojerlos a los dos en brazos.
-Justin, por favor. Deja que te explique...
-No me cuentes nada.-me partía el corazón hacerla sufrir pero no me había dejado otra opción. ¿Vamos a dar un paseo chicos?
-Sí.-chillaron entusiasmados.
Salieron por la puerta, saltando de la emoción.
-Hasta luego.
Y cerré de un portazo.
-¿A donde vamos Jay?
-¿Adonde queréis ir?
-Al parque.
Comenzaron a trotar alegremente pero Jazzy se detuvo y se puso a mi lado.
-¿Porque estas enfadada con mamá?¿Es porque se va a casar con ese hombre?
-Sí.
-No es tan malo ¿sabes? El otro día nos trajo chuches.
-No lo entiendes pequeña.
-¿Que hay que entender?Se ha enamorado de un señor y además...
Me hizo señas para que me agachara y se acercó a mi oreja.
-Ya no llora por las noches.-susurró.
Me sorprendí.
-¿Antes lloraba?
-Cada día. Cuando se acaban los Lunnis y nos vamos a la cama, siempre se pone triste pero no me quería decir porque. El otro día me dijo que era por alguien llamado Patrick.
-¿Patrick?¿Estas segura de que dijo ese nombre?
-Sí.
Patrick Bieber, mi padre. Me lo había mencionado antes. Mi padre.¿Que sabía ella ? Y me arrepentí por haber sido tan duro con ella.
-Y ahora está más feliz y quiere mucho al señor ese. Y se dan besos.-y puso cara de asco.
Sonreí y le cogí de la mano para que siguiera caminando.
-¿Tú también te casarás?
-Solo tengo 19 años. Soy muy joven.
-¿Y hay una chica que quieres?
-No.
-¿Y hay alguna que te quiera a ti?
-Eso nunca se sabe Jaz.
-Tú eres muy guapo. Seguro que sí.
-Gracias princesita.
-Y me gustan tus dibujos del brazo. Sobretodo este. El que pone...
Frunció la ceja y intentó leer.
-Be-beli-lieve. Believe. ¿Que significa?
-Cree.
-¿En Dios?
-No, tienes que creer en ti mismo.
-Yo creo en ti. Porque nunca dices mentiras. Yo el otro día le dije a una a mamá. Dijo que cogieramos una piruleta y cogí dos. Pero es un secreto, shh...
Reí. Era una niñita tan inocente... pasaría por mucho a lo largo de la vida.
-Oye¿Que tienes aquí?¿Es sangre?
Señaló una mancha roja en la camisa. Maldita Clara, maldita Clara y su pintalabios.
-Me habré manchado al pintar.
Justo pasamos por una tienda de golosinas.
-¿Podemos una?-y puso cara de cachorrito y me acordé de Leah, que puso la misma cara en el restaurante, el miércoles.
Aparté esa idea de la cabeza.
-Claro¡Jaxon!
El niño vino caminando alegramente y cuando vio la tienda puso los ojos como platos.
-¿Vamos a comprar?
-Sí.
Su hermanita tiró de su brazo y entraron. Les seguí. Escogieron una bolsa de ganchitos cada uno. Le pagué a la dependienta que a juzgar por su cara, no venía gente muy a menudo. Cuando salimos, abrieron la bolsa de patatas y las devoraron en menos de un minuto.
-Eh, no me habéis dejado ninguna.
-¿Quieres polvito?
Sacudió la bolsa para que el polvo cayera sobre su mano.
-No, es broma princesita.
Y por fin, llegamos al parque. Fueron al tobogán corriendo. Me senté en un banco pero era aburrido así que me puse a hacer abdominales. Cuando llegué a 50 empecé a saltar con las rodillas todo lo alto que podía. Flexionando piernas, estirando. De vez en cuando, pasaba algún deportista pero por lo demás, se estaba muy tranquilo. Hacia el mediodía llamé a mis hermanos y fuimos de nuevo a casa. Abrió mi madre, ojerosa y pálida.
-Yo...
Pero la interrumpi y la abracé.
-Lo siento. Jazzy me ha contado todo.
Nadie podía ser juzgado por su amor verdadero. Todo el mundo tiene derecho a ser amado. Excepto yo, yo ya no me lo merecía.
-Tú siempre serás mi hombre. Mi hijo, fuerte.
-Mamá.-dije con la voz rota.- necesito saber de mi...
-Te lo diré, más tarde.
-¿Y cuando será eso?
-Algún día.
No era suficiente, pero me bastaba, de momento.
-Y bueno,¿Cuando conoceré a tu prometido?
-¿Lo dices en serio?
-Claro.
-Oh, Justin...
-¿Entramos?
-Sí.
Me hice a un lado para dejarla pasar y acto seguido cerré. Me dejé caer en el sofá, estaba agotado, tanto física como mentalmente. Me froté los ojos. Pattie se sentó enfrente y me sirvió un vaso de agua.
-Bueno,¿Me explicas los detalles de la boda?
-¿De verdad quieres escucharlo?
-¿Porque no?
Y me relató sus planes. Que sería en una antigua iglesia, todo muy romántico. Decorado con flores rosas y blancas. Habría un comedor grande, con mesas con bonitos manteles y cubiertos. Todo de lujo. Y una gran tarta, blanca, de tres o cuatro pisos.
-¿Quien te llevará al altar?
-Quiero que seas tú, que mi hijo me lleve junto a mi futuro marido.
-Pero yo...
-Es solo caminar y sonreír.
Suspiré, resignado.
-¿Y quién lo pagará?
-Todo lo hará él... George.-pronunció con cautela, atenta a mi reacción. No hice nada, solo responder.
-Ah.
-Y ya tenemos fecha decidida, será en abril.
-Vale.
-Y el vestido... ¡Tengo una ilusión! Pero tu también me ayudarás a elegirlo. Había pensado con mucho volumen y con una cinta rosa en la cintura. Con un poco de encaje y pedrería. Y una cola larga. Es la primera vez que me caso.-dijo con los ojos brillantes de emoción.-sabré cual es el elegido.
Empezó a dar vueltas en el salón haciendo que llevaba un vestido invisible. Me tendió la mano y bailamos un vals sobre la alfombra. Por último, hice una reverencia y le besé la mano.
-Ay...-y se llevó la mano al corazón.
-¿Pasa algo?-pregunté preocupado.
Se derrumbó encima de un butaca.
-Creo que me desmayo de amor.
- Me habías asustado.
-Presumiré de hijo encantador. Ya verás mi prima... estará verde de envidia. Con lo feo que es su hijo.-rió.
-¿Carlos?
-Sí.
-Lo tengo que reconocer, nunca ha sido muy guapo. Me acuerdo cuando jugábamos juntos a los 10 años. Hizo su fiesta de cumpleaños y una niña le regaló maquillaje, diciendo: pontelo para taparte la cara, a ver si mejoras en algo.
Y hablando de maquillaje...
- Mamá, ¿me puedes lavar esta camisa?
Le señalé la mancha roja de pintalabios. Frunció la ceja pero no hizo ningún comentario.
-Damela.
Me la quité y se la di. La miró a contra luz. Fue a la cocina y frotó con jabón. Acto seguido, la metió en la lavadora.
-Espera. Pondré más ropa antes de poner esto a lavar.
La ayudé a separar lo colorido de lo blanco. Una vez dentro, puso detergente.
-¿Quieres una camisa de George?
-No hace falta, me pondré mi chaqueta y la abrocharé bien. Volveré después.
-¿Te vas?
-Si. Iré a comer algo por ahí.
-Sabes que te puedes quedar aquí.
-No. Me apetece estar solo un rato.
-Como quieras.¿Que tal el miércoles?¿Todo fue bien?
-Sí. Parece que le gustó mucho a la gente y quieren que vuelva. Y he escrito una canción mas. Y tengo más proyectos en mente.
-Ay, mi pequeño. Como has crecido.
Me abrazó y le besé la coronilla.
-Adiós.
-Hasta luego.
Los niños gritaron la despedida desde su habitación, seguramente estarían viendo algún episodio de Winnie the Pooh. Salí y caminé, al aire libre. Libre, no dependía de nadie. Libre, como los pájaros arriba en el cielo, como un pececito en el mar. Libre como un nota en una canción. Como una hoja que volaba, arrastrada por viento. Como una flor entre el césped. Y tuve una idea.
jueves, 9 de enero de 2014
Capítulo 9:¿Celosa?
(Maratón 3\3)
(LEAH)
Dejó la tacita de nuevo, resignado. Me mordí la lengua para evitar reírme. De repente, una chica entró en el salón. La pelirroja.
-Mamá ¿Donde está la...? Vaya. Tenemos visita.
-Clara, esta es Leah. Leah, Clara.-me presentó Jonathan.-Y él es...
-Justin, ya nos hemos conocido antes.
Le dirigió una mirada que no supe describir ¿Coqueta?¿Provocativa? Me dio dos besos y después se los dio a el, quizás reteniéndose más tiempo de lo habitual. Tomé un sorbo de mi té.
-¿Os importa que me siente con vosotros?
-Adelante.
Se sentó al lado de Justin y él le retiró la silla. Le sonrió y comenzaron a conversar entre ellos. Miré a John. Estaba incómodo como yo.
-¿Me enseñas la casa
-Claro.
Nos retiramos en silencio.
-Vaya.
-Vaya.-repetí.
-¿Cuantos años tienes? Si no es molestia preguntarlo.
-17 pero en diciembre cumplo los 18.¿Y tú?
-17.
-¿Sí? Te echaba más.
-Gracias. Mira, esta es la cocina.
-Muy moderno.-opiné.
Me senté en la encimera.
-La semana que viene haré una fiesta. Quizás podrías venir.
-Creo que podré¿Cuantos vendrán?
-Unos 100.
-Madre mía, menos mal que dijiste que no conocías a nadie.
-Esque no los conozco. Son amigos de mi hermana.
-Ah.
-Te puede acompañar algún amigo o amiga.
-Claro.
-Supongo que mi hermana ya se lo habrá contado a tu novio o amigo o lo que sea.
-No somos nada, es un pintor.
-Pareces tener confianza con él.
-Somos amigos-reconocí.-nada más. Ni siquiera me gusta.
-Pues parece que tú a él si.
-Tiene que ser una broma.
-Porque no te has fijado pero no para de mirarte. Pero no me extraña porque eres muy guapa.
-Jonathan...-advertí.-nos conocemos de hace poco y apenas te conozco pero me caes bien. No sigas por ese camino, no me gustaría que se estropeara.
-Tienes razón. Disculpa.
Sonrió de nuevo y me fijé en que le salían unos graciosos hoyuelos en las mejillas y otro en la barbilla.
-Uhm...¿Seguimos?-dije algo acalorada.
-Por supuesto.
(JUSTIN)
-No sabía que vivías aquí.
-Yo no sabía que fueras mi vecino.
-No vivo aquí. Solo vengo a reformar la casa de enfrente...
Se inclinó un poco y rozó su rodilla con la mía.
-Ya veo...¿Es tu novia?
-No, es una...amiga.
-Una amiga...
Apoyó su mano en mi muslo.
-¿Sabes Justin? Desde que te conocí no he podido parar de pensar en ti...
-Clara.-intenté decir con delicadeza.-te lo dije, solo era una lío de noche. Nada más.
Subió más su mano y parpadeó. Joder, me tenía que dar igual.
-Tú me haces sentir especial. Te deseo, te necesito. Y me da igual que luego te vayas mientras acabes volviendo a por mí.
Junté sus labios con los míos por dos razones: para que se callara y porque en parte yo también la deseaba. No quería sentimientos de por en medio. Solo algo informal, libre. Y aparecida de la nada, Leah entró en el salón. Nos separamos, algo cohibidos.
-Tenemos que irnos.
-Vale.
Me levanté. Noté una vibración en el pantalón, el móvil. Miré quien me llamaba, mi madre. Apagué el teléfono, no tenia ganas de hablar con ella. Caminamos hacia la puerta.
-Adiós y gracias por el café.
-Adiós.
Leah me arrastró casi literalmente hasta su casa.
-¿Y a ti que te pasa?
Sonrojada a mas no poder, no contestó.
-¿Que ha pasado?-me detuve en medio de la calle.
-Nada.
-Algo tiene que haber ocurrido...
-Son cosas que tu no entiendes ¿Vale?
Siguió caminando y me vi obligado a seguirla. Metí las manos en los bolsillos, distraídamente y mi mano topó con un canto rugoso. Saqué desconcertado un papel, lo abrí. Nada. Le di la vuelta y vi un número escrito. Clara, seguramente me lo habría metido en aquel beso. Lo guardé de nuevo.
-Pasate mañana por la tarde para las clases de guitarra.
-Vale. Por cierto, he dejado la ropa de tu padre en la mesa. Está limpia y planchada.
Me subí en la moto.
-Hasta mañana.-se despidió.
Y me marché.
(LEAH)
Cerré la puerta detrás de mí y fui corriendo a la cama. Quería dormir, olvidarme de todo.
...
A la mañana siguiente, un tono de llamada me despertó.
-¿Sí?-pregunté todavía dormida.
-¡Nena! ¡Hoy es día de rebajas! ¿No te acordabas? No me digas que estabas durmiendo.
-No me ha sonado el despertador.
-En media hora estoy en tu casa.
Y colgó. A tiempo récord me vestí, me maquillé apenas con rímel y brillo y desayuné unas galletas con un vaso de leche. Mi estómago protestó, ayer apenas había comido y mucho menos cenado pero ya compraría algo. Metí en mi bolsito dinero suficiente y me pasé la mano por el pelo, intentando en vano peinarlo. Acabé trenzandomelo y salí a la calle donde Vanessa ya me esperaba.
-¡Que emoción nena!¿Donde empezamos?
-Tú conduces, tú decides.-dije, bostezando
Aparcó en un parking público. Entramos en la primera tienda. Cogimos montones de ropa y fuimos a los probadores. Enseñé mi VIP card, una tarjeta que sólo se conseguía si comprabas mas de 50 artículos. Tras haberlo enseñado, nos dejaron pasar al probador grande para que cupiéramos las dos. Me probé un top negro con cremallera en el centro mientras Vanessa se ponía unos pantalones cortos de corte alto blancos.
-¿Que tal me queda?
-Mmm... el short no te queda mal pero mejor pruebate este. ¿Y el top?
-Mejor en rojo, te queda mejor con el castaño de tu pelo y realza un poco el verde de tus ojos.
Me lo quité y me probé una blusa transparente verde.
-¿Y este?
-Aver...
Echó mi pelo hacia delante, tapando lo justo.
-Así mejor, si no pareces una fulana. Fantástico. Yo lo quiero en morado.
Después de comprar unas mallas y una falda más, fuimos a una tienda de zapatos. Me probé unas botas de tacón negras hasta la rodilla. Genial, me encantaban. Y unas sandalias plateadas estilo gladiador. Perfecto. Después de 2 horas, cargadas con cajas y bolsas decidimos comprar un helado por el camino. Nos sentamos en un banco y dejamos todo en el suelo. El final de mi compra eran, 4 camisas, 2 mallas, 2 pares de zapatos y un pantalón. El de Vanessa en cambio eran, 3 vestidos, un par de zapatos y unos shorts. Saludamos a conocidos y amigos.
-Uff...no puedo más.-se quejó mi compañera.-esto pesa más que tres burros juntos. Más que si lleváramos a las hermanas Carlson en brazos.
Reí la gracia.
-Bueno, lo único que no te tiene que pesar es el monedero. Te has gastado 200 euros.
-Han sido una buena inversión. Y tenemos que volver, no he comprado maquillaje.Tú igual y eso que has regateado el precio de las botas que si no...
-Siempre sé conseguir todo a buen precio. Al final me lo ha bajado un 50 por ciento. Que antes valían 100.-dije mordisqueando el cucurucho.
-Cambiemos de tema. ¿Que hiciste ayer?
-Mi nuevo vecino me invitó a la merienda. Y me presentó a su hermana. ¡Mierda!¡La fiesta!
-¿Que fiesta?
-La semana que viene hace una fiesta. Y todavía no tengo vestido. Tenemos que ir a comprarlo.
-Dudo mucho que esté abierto. Es medio día. Hasta dentro de unas 3 o 4 horas no vuelven a abrir y yo no pienso quedarme aquí esperando con el calor que hace.
-Es verdad. Vente a mi casa y nos bañamos.
-Súper idea. Vamos.
Prácticamente corrimos hasta el coche. Dejamos todo en los asientos y condujo rumbo a mi casa. Sofocadas, entramos. Abrí la ventana que daba al jardín. Nos quitamos los zapatos dejando que la hierba nos hiciera cosquillas en los pies.
-Espera, no tenemos bikini.
-Ahora traigo dos, metete ya en la caseta.
Cogí dos del cajón, al azar y bajé veloz por las escaleras. Una vez en el cuartito de baño, le di uno a Vanessa. Nos desnudamos deprisa, sin verguenza la una de la otra y nos lo pusimos. Vane se miró en el espejo de cuerpo entero.
-Oye, es precioso. ¿De donde es?
-Fue un regalo, no me acuerdo.
-No sé a que esperamos.
-Yo tampoco.
Salimos, cogidas de la mano, chillando emocionadas y nos tiramos al estilo bomba. Nadamos hasta quedarnos exhaustas.
-Esta piscina no tendrá bichos ¿No?
-No, tenemos un sistema que los elimina. Los pulveriza en el acto.
Me miró con cara de horror.
-Es broma.
Así pasamos varias horas, secandonos al sol en las tumbonas, comiendo y bañandonos. Me tiré de nuevo y me sumergí dando un par de largos bajo el agua. Hasta que escuché que Vanessa parecía hablar con alguien. Ese alguien se asomó al borde. Alguien que conocía demasiado bien.
-Sirenita ¿Hay clases de guitarra o que?
-Ups.
-Tienes memoria de pez.
-Lo sé. Perdonameeeee...
-Te perdono.
-¿Quieres quedarte con nosotras?
-Si insistes... no diré que no.
-Insisto.
Se quitó sus Supra y dejó el móvil y el reloj dentro, por si se mojaban.. Entonces, se me ocurrió una idea brillante. En cuanto regresó, me puse a gritar como loca.
-¡Una araña!¡Una araña se ha caído!¡Que asco!¡Quitala!
Salí haciendo aspavientos con los brazos.
-¡Quitala!
Le guiñé el ojo a Vane y lo entendió todo. Telepatía de hermanas. Justin miró.
-Aquí no hay nada.
-Mira, esta allí, moviendo sus patas asquerosas.
-¿Donde?
Conté mentalmente, uno, dos...
-¡Tres!
Antes de que pudiera reaccionar le dimos un empujón y le tiramos al agua.
-Esto por lo de la fuente.
Se sacudió el pelo y nos salpicó.
-Me lo tenía bien merecido.
Salió y se quitó los pantalones y la camisa de un tirón.
-Ahora veréis.
Y nos persiguió, dando vueltas. Me tumbé en una hamaca cuando me cansé.
-Me rindo. Bandera blanca. I take off, o como se diga.
Saqué la lengua como un perro.
-Voy adentro a por bebidas.
-Te acompaño-dijo inmediatamente Vanessa.
Me sequé los pies en la alfombrilla y entré.
-Oye, es súper mono. Tiene un cuerpazo y un estilazo....
-Vivi, ¿Coca-Cola?
-Nestea. ¿Y a ti no te gusta?
-No ¿Por?
-Porque parece que tú a él si.
Era la segunda vez que me lo decían en menos de veinticuatro horas.
-Le conozco de este lunes. Creo que es algo precipitado.
-Nada es precipitado en el mundo del amor.
-No lo parecía ayer cuando estaba comiéndole los morros a una.
-Pero eso es porque tiene unos labios muy besables... es increíblemente seductor. No me digas que no has soñado en como sería besarle.
-Pues no, nunca. Y además, su ex se suicidó así que no creo que quiera nada comprometido, de momento.
-Oh, puede que me haya equivocado.
-Bastante.
-Pero igualmente, es muy sexy con esos tatuajes. Y esos ojos, y ese pelo...estás ciega al tener a un figurín como este trabajando para ti.
-Pero no es de nuestra clase. Es medio-baja...
-¡Eso da igual!
-Pero si tú salieras con él, se reirían de ti y dejarías de ser popular y tener amigos.
-Tú y yo seríamos amigas ¿No?
-Sí.
-Entonces eso es lo importante, que si son verdaderas amistades se quedaran a tu lado y les dará igual con quien salgas. Hay gente muy falsa.
-Prefiero no hacer conclusiones precipitadas en tan poco tiempo.
-Yo porque estoy con Alex que sino...
-¡Y yo con Tyler!
-Ese es como si no cuenta, solo es un pijo egoísta de mierda. Y no me digas que te trata bien porque no me lo creo.
-¿Que dices?¿Es por lo del lunes?Ya te dije que solo fue ese día.
-No disimules. He visto tus moratones en la barriga y los brazos. Le he visto Leah, te hace daño. ¿Crees que no lo veo? Que cuando hablas con otros chicos te pega. Siempre te tiene agarrada fuertemente... ¿Sigo ennumerando?
-Puede que sea un pijo pero lo hace sin querer. Es muy celoso.
-Celoso es hasta un punto. Eso es ser obsesivo y manipulador. Y ayer a la salida, mientras te esperaba en el coche, vi como te dio una patada.
-Eso era porque se había peleado con un amigo y yo encima le provocaba. Estaba demasiado cerca.
-No le justifiques. Ese no era motivo. Se podría haber controlado.
-¡Pero no puede!
-Ni peros ni peras. Y eso solo en la primera semana, imagínate el resto del curso. Mira.
Me agarró de la pierna y me enseñó el moratón, estaba de un tono azulado. Me estremecí, quizás tenía razón. Cogí los vasos.
-Vamos.
Con los vasos en mano y fuimos otra vez al jardín. Justin estaba flotando encima de la piscina, sonrió al vernos y nadó hasta el borde. Me arrodillé.
-Te he cogido una Coca-Cola.
-Gracias.
Se lo entregué, bebió y siguió nadando. Nosotras dos en cambio, nos tumbamos. Vane se puso las gafas y aprovechó para mirar con disimulo a Justin, que seguía dando brazadas, de un lado a otro.
-Vivi ¿Quieres quedarte esta noche a dormir?
-Okay.
Cerré los ojos, estaba cansada. Unas manos me abofetearon ligeramente las mejillas.
-¡Leaaaaah!
-¿Estas loca?
-Te has dormido una hora.
-¿En serio?
-Mírate antes de todo.-dijo aguantándose la risa.
Estaba roja como un cangrejo.
-¡Ah!
Alguien rió.
-No tiene gracia Justin.
-La tiene.
-¡Oh no!
Me tapé con una toalla y me fui rápidamente a la terraza, bajo el toldo. Ellos se reunieron conmigo.
-Parezco un tomate.-me quejé
Justin presionó suavemente su mano en mi brazo y la retiró, quedando una marca blanca que desapareció a los pocos segundos.
-Tranquila, no es el fin del mundo. Yo también me he quemado.
Agarró mi mano y la puso sobre sus hombros. También quedó blanquecina. Vanessa nos contemplaba con la boca abierta y me dirigió una mirada como diciendo ''¿Lo ves?''. Negué con la cabeza y murmuré ''Imaginaciones tuyas''.
-¿Que hora es?.-Cambié de tema.
-Las 7...
-¿Ya?Lo siento chicas pero me tengo que ir. He quedado.
-¿En serio?
-Sí.
Se vistió deprisa y cogió todo lo suyo.
-Adiós.
Le dio un beso a Vane. Al llegar a mí se detuvo, como inseguro de qué hacer. Al final, se inclinó y hizo lo mismo. Se alejó y dio un último saludo de despedida antes de subirse en la moto. En cuanto no estuvo a la vista, mi amiga soltó un hondo suspiro.
-Creo que me he enamorado.
-Va, tú te enamoras de todos, hasta te enamoraste una vez del friki de la clase.
-Cuando estabas durmiendo estuvimos hablando...
-Ya tengo miedo.
-Tonta, solo hablamos de cosas de la vida. Y es tan comprensivo y amable...
Puse los ojos en blanco.
-Nena pero ahora en serio, me tienes que explicar porque últimamente estás tan rara. Cuantamelo todo, puedes confiar en mí, lo sabes.
-Bien...
Le empezé a narrar todo, desde el lunes, explicando que primero me había caído mal, me ayudó, después había cantado y me empezó a caer bien. Al día siguiente habíamos hablado, el miércoles se había duchado en mi casa... le expliqué todo, mis sensaciones, mi intranquilidad ante ser vista con uno de su clase, nuestras risas, nuestros buenos momentos, como me había cuidado estando enferma, ese momento tan especial acariciandonos en la escalera, mis emociones...
-Alto, alto. ¿Os acariciasteis y nada mas?¿No hubo beso?
-No, por un momento lo pensé pero no.
-Ya me gustaría estar en tu situación.
-No creas. ¿Que piensas?
-Que estáis hechos el uno para el otro pero no os dais cuenta. Lo que habéis construido vosotros en una semana a otros les cuesta meses y meses. Una simple caricia ya es una muestra de afecto enorme. ¡Y encima en los labios! Este chico te desea.
-Yo creo que es más un sentimiento paternal.
-Por no hablar de lo de la ducha. ¡Dejaste que un medio desconocido se duchara en tu casa! Está casi desnudo y vas y entras pidiendo que te suba la cremallera. ¡Y lo hace! Alucino. Y tiene una voz preciosa, así cuando estéis saliendo te puede dedicar canciones. Es el deseo de toda mujer.
-¡No vamos a salir!
-No se sabe, no tientes al destino.
-Te olvidas la parte de la pelirroja en la que se morreaban.
-Eso da igual, es una cosa temporal, nada serio.
-Dijo que se conocían de antes.
-¿Y?¿Cambia eso algo?
-No...pero no parece interesarse por mí.
-Eso es porque estás ciega. ¿Has visto ese momento tan especial cuando te cogió de la mano?
-Pero si era para enseñarme...
-No me interrumpas. Y ese modo en el que te llamó sirenita...
-Somos amigos, nada más. Tú siempre ves pareja donde no la hay.
-Todos los chicos caen a tus pies ¿Porque no podría ser Justin un pretendiente más?
-A-M-I-G-O-S. Si llego a saber que te pones así de pesada no te lo cuento.
-Lo siente pero es tan...¿Y como sería besarle? ¿Protector?¿Cariñoso?¿Romántico?¿Es un chico malo?
-Ese cuento esta ya muy vendido.
-Dime tú como crees, lo viste con la pelirroja.
-Yo diría que es...salvaje.
-Mmm...me gusta. Agresivo, decidido... y me ha dado su número.
-¿Que?.-no me lo podía creer.¿Le daba a una que no conocía de nada su teléfono y a mí no? No es que tuviera envidia pero era...increíble. Estaba alucinando.
-Mira.-me tendió un papelito.- Además me ha dicho que algún día me llevará a su casa. ¿Celosa?
-No. Para nada.
¿Y encima la llevaba a su casa?¿Enserio? Cuando a mi me había dicho que casi nadie había ido allí. Y ahora la llevaba a ella. Menudo idiota. Un mujeriego más. Todos eran iguales. Primero mejores amigos, luego a la cama y desaparecían. ¿Y lo de Laura?¿Sería cierto?Ya estaba dudando. Sería la historia que utilizaba con todas para dar pena. Imbécil, imbécil, imbécil. Tonta de mí, que me creí todo. Y la ducha, el hotel, el bar...todo estaba planeado. Y yo le había contado absolutamente todo de mí. Incluso mis secretos. Si hasta me lo dijo, que tuvo una época que le apetecía salir con mujeres pero el cabrón no me había explicado que seguía así.Y su canción...Heartbreaker,claro, era todo un rompecorazones. Mierda. Con lo bien que iba todo.
Como ya empezaba a hacer frío, entramos en el salón y nos arropamos con mantas mientras veíamos la tele. El presentador que en este momento estaba entrevistando a un famoso y Vane escuchaba con toda su atencion o eso fingía pero mi mente estaba en otro mundo.
Dejó la tacita de nuevo, resignado. Me mordí la lengua para evitar reírme. De repente, una chica entró en el salón. La pelirroja.
-Mamá ¿Donde está la...? Vaya. Tenemos visita.
-Clara, esta es Leah. Leah, Clara.-me presentó Jonathan.-Y él es...
-Justin, ya nos hemos conocido antes.
Le dirigió una mirada que no supe describir ¿Coqueta?¿Provocativa? Me dio dos besos y después se los dio a el, quizás reteniéndose más tiempo de lo habitual. Tomé un sorbo de mi té.
-¿Os importa que me siente con vosotros?
-Adelante.
Se sentó al lado de Justin y él le retiró la silla. Le sonrió y comenzaron a conversar entre ellos. Miré a John. Estaba incómodo como yo.
-¿Me enseñas la casa
-Claro.
Nos retiramos en silencio.
-Vaya.
-Vaya.-repetí.
-¿Cuantos años tienes? Si no es molestia preguntarlo.
-17 pero en diciembre cumplo los 18.¿Y tú?
-17.
-¿Sí? Te echaba más.
-Gracias. Mira, esta es la cocina.
-Muy moderno.-opiné.
Me senté en la encimera.
-La semana que viene haré una fiesta. Quizás podrías venir.
-Creo que podré¿Cuantos vendrán?
-Unos 100.
-Madre mía, menos mal que dijiste que no conocías a nadie.
-Esque no los conozco. Son amigos de mi hermana.
-Ah.
-Te puede acompañar algún amigo o amiga.
-Claro.
-Supongo que mi hermana ya se lo habrá contado a tu novio o amigo o lo que sea.
-No somos nada, es un pintor.
-Pareces tener confianza con él.
-Somos amigos-reconocí.-nada más. Ni siquiera me gusta.
-Pues parece que tú a él si.
-Tiene que ser una broma.
-Porque no te has fijado pero no para de mirarte. Pero no me extraña porque eres muy guapa.
-Jonathan...-advertí.-nos conocemos de hace poco y apenas te conozco pero me caes bien. No sigas por ese camino, no me gustaría que se estropeara.
-Tienes razón. Disculpa.
Sonrió de nuevo y me fijé en que le salían unos graciosos hoyuelos en las mejillas y otro en la barbilla.
-Uhm...¿Seguimos?-dije algo acalorada.
-Por supuesto.
(JUSTIN)
-No sabía que vivías aquí.
-Yo no sabía que fueras mi vecino.
-No vivo aquí. Solo vengo a reformar la casa de enfrente...
Se inclinó un poco y rozó su rodilla con la mía.
-Ya veo...¿Es tu novia?
-No, es una...amiga.
-Una amiga...
Apoyó su mano en mi muslo.
-¿Sabes Justin? Desde que te conocí no he podido parar de pensar en ti...
-Clara.-intenté decir con delicadeza.-te lo dije, solo era una lío de noche. Nada más.
Subió más su mano y parpadeó. Joder, me tenía que dar igual.
-Tú me haces sentir especial. Te deseo, te necesito. Y me da igual que luego te vayas mientras acabes volviendo a por mí.
Junté sus labios con los míos por dos razones: para que se callara y porque en parte yo también la deseaba. No quería sentimientos de por en medio. Solo algo informal, libre. Y aparecida de la nada, Leah entró en el salón. Nos separamos, algo cohibidos.
-Tenemos que irnos.
-Vale.
Me levanté. Noté una vibración en el pantalón, el móvil. Miré quien me llamaba, mi madre. Apagué el teléfono, no tenia ganas de hablar con ella. Caminamos hacia la puerta.
-Adiós y gracias por el café.
-Adiós.
Leah me arrastró casi literalmente hasta su casa.
-¿Y a ti que te pasa?
Sonrojada a mas no poder, no contestó.
-¿Que ha pasado?-me detuve en medio de la calle.
-Nada.
-Algo tiene que haber ocurrido...
-Son cosas que tu no entiendes ¿Vale?
Siguió caminando y me vi obligado a seguirla. Metí las manos en los bolsillos, distraídamente y mi mano topó con un canto rugoso. Saqué desconcertado un papel, lo abrí. Nada. Le di la vuelta y vi un número escrito. Clara, seguramente me lo habría metido en aquel beso. Lo guardé de nuevo.
-Pasate mañana por la tarde para las clases de guitarra.
-Vale. Por cierto, he dejado la ropa de tu padre en la mesa. Está limpia y planchada.
Me subí en la moto.
-Hasta mañana.-se despidió.
Y me marché.
(LEAH)
Cerré la puerta detrás de mí y fui corriendo a la cama. Quería dormir, olvidarme de todo.
...
A la mañana siguiente, un tono de llamada me despertó.
-¿Sí?-pregunté todavía dormida.
-¡Nena! ¡Hoy es día de rebajas! ¿No te acordabas? No me digas que estabas durmiendo.
-No me ha sonado el despertador.
-En media hora estoy en tu casa.
Y colgó. A tiempo récord me vestí, me maquillé apenas con rímel y brillo y desayuné unas galletas con un vaso de leche. Mi estómago protestó, ayer apenas había comido y mucho menos cenado pero ya compraría algo. Metí en mi bolsito dinero suficiente y me pasé la mano por el pelo, intentando en vano peinarlo. Acabé trenzandomelo y salí a la calle donde Vanessa ya me esperaba.
-¡Que emoción nena!¿Donde empezamos?
-Tú conduces, tú decides.-dije, bostezando
Aparcó en un parking público. Entramos en la primera tienda. Cogimos montones de ropa y fuimos a los probadores. Enseñé mi VIP card, una tarjeta que sólo se conseguía si comprabas mas de 50 artículos. Tras haberlo enseñado, nos dejaron pasar al probador grande para que cupiéramos las dos. Me probé un top negro con cremallera en el centro mientras Vanessa se ponía unos pantalones cortos de corte alto blancos.
-¿Que tal me queda?
-Mmm... el short no te queda mal pero mejor pruebate este. ¿Y el top?
-Mejor en rojo, te queda mejor con el castaño de tu pelo y realza un poco el verde de tus ojos.
Me lo quité y me probé una blusa transparente verde.
-¿Y este?
-Aver...
Echó mi pelo hacia delante, tapando lo justo.
-Así mejor, si no pareces una fulana. Fantástico. Yo lo quiero en morado.
Después de comprar unas mallas y una falda más, fuimos a una tienda de zapatos. Me probé unas botas de tacón negras hasta la rodilla. Genial, me encantaban. Y unas sandalias plateadas estilo gladiador. Perfecto. Después de 2 horas, cargadas con cajas y bolsas decidimos comprar un helado por el camino. Nos sentamos en un banco y dejamos todo en el suelo. El final de mi compra eran, 4 camisas, 2 mallas, 2 pares de zapatos y un pantalón. El de Vanessa en cambio eran, 3 vestidos, un par de zapatos y unos shorts. Saludamos a conocidos y amigos.
-Uff...no puedo más.-se quejó mi compañera.-esto pesa más que tres burros juntos. Más que si lleváramos a las hermanas Carlson en brazos.
Reí la gracia.
-Bueno, lo único que no te tiene que pesar es el monedero. Te has gastado 200 euros.
-Han sido una buena inversión. Y tenemos que volver, no he comprado maquillaje.Tú igual y eso que has regateado el precio de las botas que si no...
-Siempre sé conseguir todo a buen precio. Al final me lo ha bajado un 50 por ciento. Que antes valían 100.-dije mordisqueando el cucurucho.
-Cambiemos de tema. ¿Que hiciste ayer?
-Mi nuevo vecino me invitó a la merienda. Y me presentó a su hermana. ¡Mierda!¡La fiesta!
-¿Que fiesta?
-La semana que viene hace una fiesta. Y todavía no tengo vestido. Tenemos que ir a comprarlo.
-Dudo mucho que esté abierto. Es medio día. Hasta dentro de unas 3 o 4 horas no vuelven a abrir y yo no pienso quedarme aquí esperando con el calor que hace.
-Es verdad. Vente a mi casa y nos bañamos.
-Súper idea. Vamos.
Prácticamente corrimos hasta el coche. Dejamos todo en los asientos y condujo rumbo a mi casa. Sofocadas, entramos. Abrí la ventana que daba al jardín. Nos quitamos los zapatos dejando que la hierba nos hiciera cosquillas en los pies.
-Espera, no tenemos bikini.
-Ahora traigo dos, metete ya en la caseta.
Cogí dos del cajón, al azar y bajé veloz por las escaleras. Una vez en el cuartito de baño, le di uno a Vanessa. Nos desnudamos deprisa, sin verguenza la una de la otra y nos lo pusimos. Vane se miró en el espejo de cuerpo entero.
-Oye, es precioso. ¿De donde es?
-Fue un regalo, no me acuerdo.
-No sé a que esperamos.
-Yo tampoco.
Salimos, cogidas de la mano, chillando emocionadas y nos tiramos al estilo bomba. Nadamos hasta quedarnos exhaustas.
-Esta piscina no tendrá bichos ¿No?
-No, tenemos un sistema que los elimina. Los pulveriza en el acto.
Me miró con cara de horror.
-Es broma.
Así pasamos varias horas, secandonos al sol en las tumbonas, comiendo y bañandonos. Me tiré de nuevo y me sumergí dando un par de largos bajo el agua. Hasta que escuché que Vanessa parecía hablar con alguien. Ese alguien se asomó al borde. Alguien que conocía demasiado bien.
-Sirenita ¿Hay clases de guitarra o que?
-Ups.
-Tienes memoria de pez.
-Lo sé. Perdonameeeee...
-Te perdono.
-¿Quieres quedarte con nosotras?
-Si insistes... no diré que no.
-Insisto.
Se quitó sus Supra y dejó el móvil y el reloj dentro, por si se mojaban.. Entonces, se me ocurrió una idea brillante. En cuanto regresó, me puse a gritar como loca.
-¡Una araña!¡Una araña se ha caído!¡Que asco!¡Quitala!
Salí haciendo aspavientos con los brazos.
-¡Quitala!
Le guiñé el ojo a Vane y lo entendió todo. Telepatía de hermanas. Justin miró.
-Aquí no hay nada.
-Mira, esta allí, moviendo sus patas asquerosas.
-¿Donde?
Conté mentalmente, uno, dos...
-¡Tres!
Antes de que pudiera reaccionar le dimos un empujón y le tiramos al agua.
-Esto por lo de la fuente.
Se sacudió el pelo y nos salpicó.
-Me lo tenía bien merecido.
Salió y se quitó los pantalones y la camisa de un tirón.
-Ahora veréis.
Y nos persiguió, dando vueltas. Me tumbé en una hamaca cuando me cansé.
-Me rindo. Bandera blanca. I take off, o como se diga.
Saqué la lengua como un perro.
-Voy adentro a por bebidas.
-Te acompaño-dijo inmediatamente Vanessa.
Me sequé los pies en la alfombrilla y entré.
-Oye, es súper mono. Tiene un cuerpazo y un estilazo....
-Vivi, ¿Coca-Cola?
-Nestea. ¿Y a ti no te gusta?
-No ¿Por?
-Porque parece que tú a él si.
Era la segunda vez que me lo decían en menos de veinticuatro horas.
-Le conozco de este lunes. Creo que es algo precipitado.
-Nada es precipitado en el mundo del amor.
-No lo parecía ayer cuando estaba comiéndole los morros a una.
-Pero eso es porque tiene unos labios muy besables... es increíblemente seductor. No me digas que no has soñado en como sería besarle.
-Pues no, nunca. Y además, su ex se suicidó así que no creo que quiera nada comprometido, de momento.
-Oh, puede que me haya equivocado.
-Bastante.
-Pero igualmente, es muy sexy con esos tatuajes. Y esos ojos, y ese pelo...estás ciega al tener a un figurín como este trabajando para ti.
-Pero no es de nuestra clase. Es medio-baja...
-¡Eso da igual!
-Pero si tú salieras con él, se reirían de ti y dejarías de ser popular y tener amigos.
-Tú y yo seríamos amigas ¿No?
-Sí.
-Entonces eso es lo importante, que si son verdaderas amistades se quedaran a tu lado y les dará igual con quien salgas. Hay gente muy falsa.
-Prefiero no hacer conclusiones precipitadas en tan poco tiempo.
-Yo porque estoy con Alex que sino...
-¡Y yo con Tyler!
-Ese es como si no cuenta, solo es un pijo egoísta de mierda. Y no me digas que te trata bien porque no me lo creo.
-¿Que dices?¿Es por lo del lunes?Ya te dije que solo fue ese día.
-No disimules. He visto tus moratones en la barriga y los brazos. Le he visto Leah, te hace daño. ¿Crees que no lo veo? Que cuando hablas con otros chicos te pega. Siempre te tiene agarrada fuertemente... ¿Sigo ennumerando?
-Puede que sea un pijo pero lo hace sin querer. Es muy celoso.
-Celoso es hasta un punto. Eso es ser obsesivo y manipulador. Y ayer a la salida, mientras te esperaba en el coche, vi como te dio una patada.
-Eso era porque se había peleado con un amigo y yo encima le provocaba. Estaba demasiado cerca.
-No le justifiques. Ese no era motivo. Se podría haber controlado.
-¡Pero no puede!
-Ni peros ni peras. Y eso solo en la primera semana, imagínate el resto del curso. Mira.
Me agarró de la pierna y me enseñó el moratón, estaba de un tono azulado. Me estremecí, quizás tenía razón. Cogí los vasos.
-Vamos.
Con los vasos en mano y fuimos otra vez al jardín. Justin estaba flotando encima de la piscina, sonrió al vernos y nadó hasta el borde. Me arrodillé.
-Te he cogido una Coca-Cola.
-Gracias.
Se lo entregué, bebió y siguió nadando. Nosotras dos en cambio, nos tumbamos. Vane se puso las gafas y aprovechó para mirar con disimulo a Justin, que seguía dando brazadas, de un lado a otro.
-Vivi ¿Quieres quedarte esta noche a dormir?
-Okay.
Cerré los ojos, estaba cansada. Unas manos me abofetearon ligeramente las mejillas.
-¡Leaaaaah!
-¿Estas loca?
-Te has dormido una hora.
-¿En serio?
-Mírate antes de todo.-dijo aguantándose la risa.
Estaba roja como un cangrejo.
-¡Ah!
Alguien rió.
-No tiene gracia Justin.
-La tiene.
-¡Oh no!
Me tapé con una toalla y me fui rápidamente a la terraza, bajo el toldo. Ellos se reunieron conmigo.
-Parezco un tomate.-me quejé
Justin presionó suavemente su mano en mi brazo y la retiró, quedando una marca blanca que desapareció a los pocos segundos.
-Tranquila, no es el fin del mundo. Yo también me he quemado.
Agarró mi mano y la puso sobre sus hombros. También quedó blanquecina. Vanessa nos contemplaba con la boca abierta y me dirigió una mirada como diciendo ''¿Lo ves?''. Negué con la cabeza y murmuré ''Imaginaciones tuyas''.
-¿Que hora es?.-Cambié de tema.
-Las 7...
-¿Ya?Lo siento chicas pero me tengo que ir. He quedado.
-¿En serio?
-Sí.
Se vistió deprisa y cogió todo lo suyo.
-Adiós.
Le dio un beso a Vane. Al llegar a mí se detuvo, como inseguro de qué hacer. Al final, se inclinó y hizo lo mismo. Se alejó y dio un último saludo de despedida antes de subirse en la moto. En cuanto no estuvo a la vista, mi amiga soltó un hondo suspiro.
-Creo que me he enamorado.
-Va, tú te enamoras de todos, hasta te enamoraste una vez del friki de la clase.
-Cuando estabas durmiendo estuvimos hablando...
-Ya tengo miedo.
-Tonta, solo hablamos de cosas de la vida. Y es tan comprensivo y amable...
Puse los ojos en blanco.
-Nena pero ahora en serio, me tienes que explicar porque últimamente estás tan rara. Cuantamelo todo, puedes confiar en mí, lo sabes.
-Bien...
Le empezé a narrar todo, desde el lunes, explicando que primero me había caído mal, me ayudó, después había cantado y me empezó a caer bien. Al día siguiente habíamos hablado, el miércoles se había duchado en mi casa... le expliqué todo, mis sensaciones, mi intranquilidad ante ser vista con uno de su clase, nuestras risas, nuestros buenos momentos, como me había cuidado estando enferma, ese momento tan especial acariciandonos en la escalera, mis emociones...
-Alto, alto. ¿Os acariciasteis y nada mas?¿No hubo beso?
-No, por un momento lo pensé pero no.
-Ya me gustaría estar en tu situación.
-No creas. ¿Que piensas?
-Que estáis hechos el uno para el otro pero no os dais cuenta. Lo que habéis construido vosotros en una semana a otros les cuesta meses y meses. Una simple caricia ya es una muestra de afecto enorme. ¡Y encima en los labios! Este chico te desea.
-Yo creo que es más un sentimiento paternal.
-Por no hablar de lo de la ducha. ¡Dejaste que un medio desconocido se duchara en tu casa! Está casi desnudo y vas y entras pidiendo que te suba la cremallera. ¡Y lo hace! Alucino. Y tiene una voz preciosa, así cuando estéis saliendo te puede dedicar canciones. Es el deseo de toda mujer.
-¡No vamos a salir!
-No se sabe, no tientes al destino.
-Te olvidas la parte de la pelirroja en la que se morreaban.
-Eso da igual, es una cosa temporal, nada serio.
-Dijo que se conocían de antes.
-¿Y?¿Cambia eso algo?
-No...pero no parece interesarse por mí.
-Eso es porque estás ciega. ¿Has visto ese momento tan especial cuando te cogió de la mano?
-Pero si era para enseñarme...
-No me interrumpas. Y ese modo en el que te llamó sirenita...
-Somos amigos, nada más. Tú siempre ves pareja donde no la hay.
-Todos los chicos caen a tus pies ¿Porque no podría ser Justin un pretendiente más?
-A-M-I-G-O-S. Si llego a saber que te pones así de pesada no te lo cuento.
-Lo siente pero es tan...¿Y como sería besarle? ¿Protector?¿Cariñoso?¿Romántico?¿Es un chico malo?
-Ese cuento esta ya muy vendido.
-Dime tú como crees, lo viste con la pelirroja.
-Yo diría que es...salvaje.
-Mmm...me gusta. Agresivo, decidido... y me ha dado su número.
-¿Que?.-no me lo podía creer.¿Le daba a una que no conocía de nada su teléfono y a mí no? No es que tuviera envidia pero era...increíble. Estaba alucinando.
-Mira.-me tendió un papelito.- Además me ha dicho que algún día me llevará a su casa. ¿Celosa?
-No. Para nada.
¿Y encima la llevaba a su casa?¿Enserio? Cuando a mi me había dicho que casi nadie había ido allí. Y ahora la llevaba a ella. Menudo idiota. Un mujeriego más. Todos eran iguales. Primero mejores amigos, luego a la cama y desaparecían. ¿Y lo de Laura?¿Sería cierto?Ya estaba dudando. Sería la historia que utilizaba con todas para dar pena. Imbécil, imbécil, imbécil. Tonta de mí, que me creí todo. Y la ducha, el hotel, el bar...todo estaba planeado. Y yo le había contado absolutamente todo de mí. Incluso mis secretos. Si hasta me lo dijo, que tuvo una época que le apetecía salir con mujeres pero el cabrón no me había explicado que seguía así.Y su canción...Heartbreaker,claro, era todo un rompecorazones. Mierda. Con lo bien que iba todo.
Como ya empezaba a hacer frío, entramos en el salón y nos arropamos con mantas mientras veíamos la tele. El presentador que en este momento estaba entrevistando a un famoso y Vane escuchaba con toda su atencion o eso fingía pero mi mente estaba en otro mundo.
Capítulo 8:¿Eres nuevo?
(Maratón 2\3)
(JUSTIN)
-No me explico como puedes estar tan bien y natural en las fotos y yo tener cara de un hipopótamo ahogándose.
-Eso no es verdad-dice, divertida.-tengo mis malos momentos.
Resoplé.
-Si claro. Ya lo veo.
-No quiero discutir.
-Está bien.
En ese instante me rugió el estómago.
-¿Tienes hambre?
-Un poco-admití.
-Ven, te prepararé algo.
Ya en la cocina, empezó a preparar algo de comida.
-¿Que vas a hacer?
-Sorpresa. Tú sientate y dejame a mí.
La vi desenvolverse con naturalidad. Cogió un tenedor de un cajón y le dió un golpe de cadera para cerrarlo, coqueta como siempre.
-Tardaste poco en montar todo .
-No fue muy difícil. Conservé la estructura de los armarios y el suelo. Y todo lo he hecho con esto.
Y flexioné los brazos para marcar mis bíceps.
-Soy muy fuerte.
-Ya lo veo-ríe.
Y volvió a concentrarse en la comida. Picó algo de carne y lo puso sobre dos rectángulos de pasta. Hizo varias capas y las cubrió con tomate y queso. Después lo metió en el horno.
-¡Es lasaña!
-Jo, lo has adivinado.
-Me encanta.
Se sentó enfrente mío y miró la hora.
-Dentro de poco la saco.
Para variar, me sonó el móvil.
-¿Si?
-Broooo
-Hola Chris.
-¿Adivina qué?
-¿Qué?
-¡Mañana me voy a Francia!
-¿Tan de repente?¿Y cuando vuelves?
-Ganado de una apuesta. No tengo billetes de vuelta.¿Puedes quedar ahora?
-Ahora no puedo.
Como si Leah hubiese comprendido me susurró:
-Invítale a cenar.
Arqueé las cejas como diciendo ''¿Enserio?''. Asintió. Esta chica cada día me sorprendía más.
-¿Estas ahí?
-Sí,¿quieres venir a cenar?
-¿A dónde?
-Donde trabajo. Está la hija de mi jefe conmigo.
-Aah... la casa esa...Dime la verdad ¿Te la estabas tirando?
-¡No!
-Ya claro...Dime la dirección.
-Calle Europa, casa 23.
Le oí silbar.
-En el barrio rico ¿eh?
-Sí.
-En media hora estoy allí.
-Vale, adiós.
(LEAH)
Justin colgó y suspiró
-Jamás habría pensado en que lo habrías invitado.
-Yo tampoco. Iré a prepararme.
Puso los ojos en blanco y sonrió
-Mujeres...
-No se tú pero yo me limpiaría la cara.
-Es verdad-reconoció.
Y eché a correr escaleras arriba. Me lavé la cara, me maquillé y me peiné. Fui a mi habitación y abrí mi enorme armario. Elegí unos pantalones azul oscuro de corte alto, una camisa blanca ajustada y mis habituales Converse negras. Sonreí ante el espejo, segura de mí misma y volví a bajar. No se veía a Justin por ninguna parte. Puse un mantel fino, platos, vasos, cubiertos y servilletas. ¡Ah! Se me olvidaba, el salvamanteles.
-¿Donde esta el baño?-se asomó.
-Ya deberías saberlo. A la izquierda.
Escuché el grifo abrirse y cerrarse.
-¿Así está bien?-volvió a asomarse.
-Espera, cierra los ojos.
Bajó un poco para estar a mi altura y los cerró. Le quité un poco de sombra lila de los párpados.
-Listo.
Y justo a tiempo porque sonó el timbre. Automáticamente, fuimos a abrir.
-Hola.-saludó el recién llegado.
Ya lo había visto el miércoles pero así de cerca era aún más guapo. Tenía el pelo rubio, los ojos de un gris espectacular y una sonrisa bonita. Era alto y bastante corpulento.
-Hola, soy Leah
-Encantado, señorita. Yo Christian pero llámame Chris.
Me besó la mano sin dejar de mirarme.
-Bro...
Y chocaron las palmas para después golpearse el hombro derecho.
-Huele muy bien. ¿Eres la cocinera?
-Sí. Pasa.
Nos sentamos en la mesa improvisada de cena. Miré de nuevo la hora, ya había transcurrido el tiempo para que se cocinara. Me puse los guantes y con cuidado lo saqué y la coloqué. La partí en 6 cachos y la serví.
-¿Que queréis de beber?
-Agua está bien.
Puse la jarra en el centro para que se pusieran.
-Mis sinceras felicitaciones, esta lasaña esta riquisima.
-Gracias.
-Sí. De nada. Tienes una cocina muy bonita.
-Agradeceselo a Justin. Él lo ha hecho todo.
-Así que ese era el trabajito...
-Claro.
-¿Porque dices eso?-pregunté.
-Porque Chris es un malpensado.
Reí y lo golpeé en el brazo. Se encogió de hombros, disculpándose.
-No lo sabía...Me suenas de algo...Tú estabas con Tyler en la fiesta¿Verdad?
Tyler, no me apetecía hablar de él, me había olvidado unos instantes y ya volvía su recuerdo.
-Si.-respondí
-Es un buen chico.
-Sí.
Justin intentó cambiar de tema.
-¿Que has hecho esta mañana?
-Estar con una fantástica rusa. Una chica como dios manda, sí señor.
Madre mía, pensé. Cuando los chicos empiezan a hablar de ese tema son irrefrenables.
-Pero bueno... ¿Y tú? Ayer desapareciste.
-Sí, estuve...
Asentí como dándole permiso a decírselo.
-...con Leah, en un hotel y después...
-Alto, alto. ¿En un hotel? Estáis saliendo ¿a que sí?...
-No-respondimos al unísono.
-Esque se encontraba mal...entonces, se bañó en la fuente.
-¡Mentira!¡Tú me tiraste!
Una sonrisa traviesa apareció en su cara.
-¿Yo? Soy inocente. Te tiraste porque quisiste.
-Venga, no discutais. Continúa.
-La llevé a desayunar, dormimos, se puso enferma, pintamos y dormimos otra vez.
-Menudos dormilones. Yo ya he acabado de comer. Estaba delicioso.
-¿Os gusta el helado?
-Claro.¿Por?
-Porque ese es el postre.
Menos mal que siempre tenía de reserva. Di una porción a cada uno y una cucharilla. Lo saboree despacio mientras los chicos hablaban entre sí.
-Planeta tierra llamando a chica.
-¿Que?
-Me tengo que ir.
-¡Oh!
Nos levantamos.
-Un placer que me hayas invitado aunque no me conocieras.
-Ha merecido la pena arriesgarme.
-Me alegra oír eso.
Le acompañamos hasta la puerta.
-Jus, ya hablamos. Y Leah...
Me acercó a él y me besó la mejilla.
-Nos volveremos a ver.
-Buen viaje-dije un poco cortada.
Arrancó su moto y se marchó dirigiendo un último saludo.
-¿Y bien?
-¿Y bien qué?
-¿Que te ha parecido?
-Un poco lanzado pero muy simpático.
-Típico de él. Bueno, me tengo que ir.
-Quedate.
-No gracias, tengo que visitar a mi hermanita. Y a mi hermanito.
-En ese caso, hasta mañana.
-Adiós. No te olvides de tomarte un Ibuprofeno, por si acaso.
Y le observé marcharse también. Cerré, recogí los platos y los puse en el lavavajillas. Por último, ordené mi habitación. Me di cuenta de que se había dejado su chaqueta. La doblé y la puse encima del escritorio. Y con una sonrisa tonta, me dormí.
....
Un claxon sonó fuera, en la calle.
-¡Ya voy!-grité.
Dejé la cazadora de Justin en la mesa para cuando él llegara. Cerré y me subí al Fiat. De seguida, Vanessa me bombardeó a preguntas.
-¿Donde estabas?Te fuiste súper de repente, te hice mil llamadas. ¿No las viste?
-No.
Y me acordé de como me había caído al agua se habría estropeado. Bah, daba igual.
-Hay un montón de rumores. Algunos dicen que te liaste con el barman, otros que te fuiste con Ty y otros que te habías ido con el cantante. Menuda tontería ¿No?-rió.
-Menuda estupidez.-dije, nerviosa.
-Entonces ¿Que hiciste?
-Cogí un coche.
-¿Y ayer? Estuve esperándote para llevarte al instituto, llamé un par de veces y al final me fui.
-No sé. Me encontraba mal y me dormí.
-Juraría haber visto a alguien.
-Sería el gato de la... ehm...vecina. Siempre se cuela, no sé como lo hace.
-Leah, se que estás mintiendo. Sólo espero que sea por una buena razón y que me lo expliques.
-Te lo explicaré Vane.
Aparcó y salimos del coche.
-Cariño.
Y recibí un beso en la boca.
-Estaba muy preocupado.
Si claro, y yo era la reina del mundo.
-Te quiero.
Y otro beso.
-¿Puedo ir a tu casa esta tarde?
-No, lo siento. Voy a ir de compras-mentí.
-¿Te acompaño?
-No hará falta, gracias.
Entré en clase y me senté al lado de Isa.
-Toma te hice unos apuntes
Me pasó varios folios.
-Este año hay Selectividad y no conviene perderse nada.
-Gracias.-le dije realmente agradecida.
-Y ahora hay examen. Te habría llamado para decírtelo pero no tenía tu móvil.
-¿Ahora?
-Sí,pero tranquila, es fácil.
Y como si nos hubiese oído, el profesor de química entró y nos repartió los controles. Separamos las mesas.
-Tenéis media hora.
Miré la hoja de papel enfrente mío. Todo me sonaba a chino. Habían 5 preguntas. Miré a mi alrededor buscando algo de inspiración. Bien, al menos me sabía la 4. Escribí la respuesta a toda prisa. Y me fijé en que Isa me hacía señas. Levantó su hoja para dejarme copiar. No me lo podía creer, Isabela, la inteligente de la clase, dejando copiar. Me apremió, vigilando al profesor. Copié todo y las revisé. Pero vi un fallo y se lo indiqué. Lo comprobó y levantó su pulgar hacia arriba. Pasada la media hora, recogió los exámenes y seguimos con clase normal. Le escribí una notita con un ''Gracias'' escrito y se lo tiré cuando nadie miraba. Sonrió al recibirlo, movió sus labios y formó las palabras ''de nada''.
Al acabar las clases volví a casa pero antes de que pudiera poner un pie en el suelo Vanessa me detuvo.
-¿Puedo entrar un momento?
-No creo que sea buena idea. A mi padre le duele la cabeza.
-Si solo será un momento. Parece que hay alguien en tu casa.
-Será el pintor. No insistas por favor. Ya te lo explicaré algún día.
-Por cierto ¿Sabes que?
-No
-Estoy saliendo con Alex.
-¡Que bien!
-Sí, el miércoles se acercó y fue tan...es muy cariñoso y tan simpático y atento...¿Y tu que tal con Ty?
-Muy bien.
-He oído que tiene una sorpresa para tí.
-¿Ah sí?
-Sí.
-Me voy. Adiós.
-Adiós.
La vi irse y entré a casa, con un suspiro de alivio. Dejé la mochila a un lado y me quité mis zapatos de 6 cm de tacón, un poco más de lo permitido. Saqué los libros de geografía y me dispuse a estudiar.
-¿Justin?
-Aquí.-respondió secamente.
Oh, oh. Algo le pasaba. Me senté en la única mesa que había en el salón y abrí mi libreta.
-¿Que tal hoy?
-Bien.
-Me alegro. Menudo rollo, tengo que estudiar.
-Ah.
-¿Te pasa algo?
-Da igual lo que me pase. Total, valgo una mierda.
-¿Porque dices eso? ¿Problemas?
-Familiares.-confirmó.
-En ese caso no me meto en tus asuntos.
Intenté prestar atención a el texto que leía. A la hora, lo dejé estar. No entendía nada. Decidí dar un paseo por mi jardín. Puse mis pies en la agua fresca de la piscina, con cuidado de no mojar mis pantalones. Me apoyé sobre mis manos y dejé que el sol tostara mi cara. Esto era tan relajante...
-¿Tomado el sol?
Parpadee y distinguí a quien me hablaba. Se acercó a la valla y yo hice lo mismo. Era un chico, aproximadamente de 18-19 años. Pelo castaño rizado y ojos marrones.
-¿Eres nuevo?
-Me mudé el lunes.
Sonrió.
-Soy Leah Sky.
-Yo Jonathan Thompson.
Nos estrechamos la mano.
-Antes vivía en la granja. Ahora mi madre se ha casado con un ricachón y he tenido que venir a la ciudad.
-Vaya, lo siento mucho.
-Da igual. No me caía bien mi antiguo padre.
-¿Te estas adaptando bien?
-Sí, o eso intento. Estoy buscando nuevas amistades.
-Ahora ya tienes una.
-¿Ese es tu novio?-señaló detrás mío.
Me giré.
-Justin.
-Solo quería avisarte de que tus clases de guitarra empiezan ahora.
-¿Lo podemos dejar? Acabo de conocer...
-Oh no, ve a tus clases. Yo seguiré con lo mío.-dijo Jonathan.
-No, no. Jusi...¿podemos aplazarlo a mañana? Porfa.
-Vale, pero no me llames Jusi.-rió.
-¿Queréis veniros los dos a merendar?-sugirió mi nuevo amigo.
Nos miramos unos instantes.
-Vale.
Nos abrió la portezuela del jardín y pasamos. Nos condujo hasta su casa y entramos.
-¿John?¿Eres tú?
-Sí mamá.
Una mujer muy guapa apareció a nuestro encuentro.
-Vaya, traes a amigos. Hola, soy Linda.
Me abrazó y estrechó la mano a Justin.
-Señora, mis más sinceras disculpas por la ropa que llevo. Estaba pintando y ...
-No te preocupes hijo, cuando vivíamos en la granja casi siempre íbamos así. Sentaos por favor.
Obedecimos.
-¿Que querreis?
-Un té por favor.
-Un café.
-Ya lo sabes mamá.
- Claro.
-¿A que instituto vas?-quise saber.
-Me acabo de matricular. Comienzo el lunes en el West Side.
-¡Que casualidad!
-¿Vas al mismo?
-No, voy al de justo al lado. Al Cambridge.
-Una de las mejores escuelas. Yo también pensé en inscribirlo allí-interrumpió su madre trayendo una bandeja.
Colocó las respectivas tazas enfrente de cada uno.
-Pero al final me decidí por el West.-continuó.
Justin estaba teniendo verdaderos problemas con su bebida. No sabía como coger esa taza tan diminuta.
(JUSTIN)
-No me explico como puedes estar tan bien y natural en las fotos y yo tener cara de un hipopótamo ahogándose.
-Eso no es verdad-dice, divertida.-tengo mis malos momentos.
Resoplé.
-Si claro. Ya lo veo.
-No quiero discutir.
-Está bien.
En ese instante me rugió el estómago.
-¿Tienes hambre?
-Un poco-admití.
-Ven, te prepararé algo.
Ya en la cocina, empezó a preparar algo de comida.
-¿Que vas a hacer?
-Sorpresa. Tú sientate y dejame a mí.
La vi desenvolverse con naturalidad. Cogió un tenedor de un cajón y le dió un golpe de cadera para cerrarlo, coqueta como siempre.
-Tardaste poco en montar todo .
-No fue muy difícil. Conservé la estructura de los armarios y el suelo. Y todo lo he hecho con esto.
Y flexioné los brazos para marcar mis bíceps.
-Soy muy fuerte.
-Ya lo veo-ríe.
Y volvió a concentrarse en la comida. Picó algo de carne y lo puso sobre dos rectángulos de pasta. Hizo varias capas y las cubrió con tomate y queso. Después lo metió en el horno.
-¡Es lasaña!
-Jo, lo has adivinado.
-Me encanta.
Se sentó enfrente mío y miró la hora.
-Dentro de poco la saco.
Para variar, me sonó el móvil.
-¿Si?
-Broooo
-Hola Chris.
-¿Adivina qué?
-¿Qué?
-¡Mañana me voy a Francia!
-¿Tan de repente?¿Y cuando vuelves?
-Ganado de una apuesta. No tengo billetes de vuelta.¿Puedes quedar ahora?
-Ahora no puedo.
Como si Leah hubiese comprendido me susurró:
-Invítale a cenar.
Arqueé las cejas como diciendo ''¿Enserio?''. Asintió. Esta chica cada día me sorprendía más.
-¿Estas ahí?
-Sí,¿quieres venir a cenar?
-¿A dónde?
-Donde trabajo. Está la hija de mi jefe conmigo.
-Aah... la casa esa...Dime la verdad ¿Te la estabas tirando?
-¡No!
-Ya claro...Dime la dirección.
-Calle Europa, casa 23.
Le oí silbar.
-En el barrio rico ¿eh?
-Sí.
-En media hora estoy allí.
-Vale, adiós.
(LEAH)
Justin colgó y suspiró
-Jamás habría pensado en que lo habrías invitado.
-Yo tampoco. Iré a prepararme.
Puso los ojos en blanco y sonrió
-Mujeres...
-No se tú pero yo me limpiaría la cara.
-Es verdad-reconoció.
Y eché a correr escaleras arriba. Me lavé la cara, me maquillé y me peiné. Fui a mi habitación y abrí mi enorme armario. Elegí unos pantalones azul oscuro de corte alto, una camisa blanca ajustada y mis habituales Converse negras. Sonreí ante el espejo, segura de mí misma y volví a bajar. No se veía a Justin por ninguna parte. Puse un mantel fino, platos, vasos, cubiertos y servilletas. ¡Ah! Se me olvidaba, el salvamanteles.
-¿Donde esta el baño?-se asomó.
-Ya deberías saberlo. A la izquierda.
Escuché el grifo abrirse y cerrarse.
-¿Así está bien?-volvió a asomarse.
-Espera, cierra los ojos.
Bajó un poco para estar a mi altura y los cerró. Le quité un poco de sombra lila de los párpados.
-Listo.
Y justo a tiempo porque sonó el timbre. Automáticamente, fuimos a abrir.
-Hola.-saludó el recién llegado.
Ya lo había visto el miércoles pero así de cerca era aún más guapo. Tenía el pelo rubio, los ojos de un gris espectacular y una sonrisa bonita. Era alto y bastante corpulento.
-Hola, soy Leah
-Encantado, señorita. Yo Christian pero llámame Chris.
Me besó la mano sin dejar de mirarme.
-Bro...
Y chocaron las palmas para después golpearse el hombro derecho.
-Huele muy bien. ¿Eres la cocinera?
-Sí. Pasa.
Nos sentamos en la mesa improvisada de cena. Miré de nuevo la hora, ya había transcurrido el tiempo para que se cocinara. Me puse los guantes y con cuidado lo saqué y la coloqué. La partí en 6 cachos y la serví.
-¿Que queréis de beber?
-Agua está bien.
Puse la jarra en el centro para que se pusieran.
-Mis sinceras felicitaciones, esta lasaña esta riquisima.
-Gracias.
-Sí. De nada. Tienes una cocina muy bonita.
-Agradeceselo a Justin. Él lo ha hecho todo.
-Así que ese era el trabajito...
-Claro.
-¿Porque dices eso?-pregunté.
-Porque Chris es un malpensado.
Reí y lo golpeé en el brazo. Se encogió de hombros, disculpándose.
-No lo sabía...Me suenas de algo...Tú estabas con Tyler en la fiesta¿Verdad?
Tyler, no me apetecía hablar de él, me había olvidado unos instantes y ya volvía su recuerdo.
-Si.-respondí
-Es un buen chico.
-Sí.
Justin intentó cambiar de tema.
-¿Que has hecho esta mañana?
-Estar con una fantástica rusa. Una chica como dios manda, sí señor.
Madre mía, pensé. Cuando los chicos empiezan a hablar de ese tema son irrefrenables.
-Pero bueno... ¿Y tú? Ayer desapareciste.
-Sí, estuve...
Asentí como dándole permiso a decírselo.
-...con Leah, en un hotel y después...
-Alto, alto. ¿En un hotel? Estáis saliendo ¿a que sí?...
-No-respondimos al unísono.
-Esque se encontraba mal...entonces, se bañó en la fuente.
-¡Mentira!¡Tú me tiraste!
Una sonrisa traviesa apareció en su cara.
-¿Yo? Soy inocente. Te tiraste porque quisiste.
-Venga, no discutais. Continúa.
-La llevé a desayunar, dormimos, se puso enferma, pintamos y dormimos otra vez.
-Menudos dormilones. Yo ya he acabado de comer. Estaba delicioso.
-¿Os gusta el helado?
-Claro.¿Por?
-Porque ese es el postre.
Menos mal que siempre tenía de reserva. Di una porción a cada uno y una cucharilla. Lo saboree despacio mientras los chicos hablaban entre sí.
-Planeta tierra llamando a chica.
-¿Que?
-Me tengo que ir.
-¡Oh!
Nos levantamos.
-Un placer que me hayas invitado aunque no me conocieras.
-Ha merecido la pena arriesgarme.
-Me alegra oír eso.
Le acompañamos hasta la puerta.
-Jus, ya hablamos. Y Leah...
Me acercó a él y me besó la mejilla.
-Nos volveremos a ver.
-Buen viaje-dije un poco cortada.
Arrancó su moto y se marchó dirigiendo un último saludo.
-¿Y bien?
-¿Y bien qué?
-¿Que te ha parecido?
-Un poco lanzado pero muy simpático.
-Típico de él. Bueno, me tengo que ir.
-Quedate.
-No gracias, tengo que visitar a mi hermanita. Y a mi hermanito.
-En ese caso, hasta mañana.
-Adiós. No te olvides de tomarte un Ibuprofeno, por si acaso.
Y le observé marcharse también. Cerré, recogí los platos y los puse en el lavavajillas. Por último, ordené mi habitación. Me di cuenta de que se había dejado su chaqueta. La doblé y la puse encima del escritorio. Y con una sonrisa tonta, me dormí.
....
Un claxon sonó fuera, en la calle.
-¡Ya voy!-grité.
Dejé la cazadora de Justin en la mesa para cuando él llegara. Cerré y me subí al Fiat. De seguida, Vanessa me bombardeó a preguntas.
-¿Donde estabas?Te fuiste súper de repente, te hice mil llamadas. ¿No las viste?
-No.
Y me acordé de como me había caído al agua se habría estropeado. Bah, daba igual.
-Hay un montón de rumores. Algunos dicen que te liaste con el barman, otros que te fuiste con Ty y otros que te habías ido con el cantante. Menuda tontería ¿No?-rió.
-Menuda estupidez.-dije, nerviosa.
-Entonces ¿Que hiciste?
-Cogí un coche.
-¿Y ayer? Estuve esperándote para llevarte al instituto, llamé un par de veces y al final me fui.
-No sé. Me encontraba mal y me dormí.
-Juraría haber visto a alguien.
-Sería el gato de la... ehm...vecina. Siempre se cuela, no sé como lo hace.
-Leah, se que estás mintiendo. Sólo espero que sea por una buena razón y que me lo expliques.
-Te lo explicaré Vane.
Aparcó y salimos del coche.
-Cariño.
Y recibí un beso en la boca.
-Estaba muy preocupado.
Si claro, y yo era la reina del mundo.
-Te quiero.
Y otro beso.
-¿Puedo ir a tu casa esta tarde?
-No, lo siento. Voy a ir de compras-mentí.
-¿Te acompaño?
-No hará falta, gracias.
Entré en clase y me senté al lado de Isa.
-Toma te hice unos apuntes
Me pasó varios folios.
-Este año hay Selectividad y no conviene perderse nada.
-Gracias.-le dije realmente agradecida.
-Y ahora hay examen. Te habría llamado para decírtelo pero no tenía tu móvil.
-¿Ahora?
-Sí,pero tranquila, es fácil.
Y como si nos hubiese oído, el profesor de química entró y nos repartió los controles. Separamos las mesas.
-Tenéis media hora.
Miré la hoja de papel enfrente mío. Todo me sonaba a chino. Habían 5 preguntas. Miré a mi alrededor buscando algo de inspiración. Bien, al menos me sabía la 4. Escribí la respuesta a toda prisa. Y me fijé en que Isa me hacía señas. Levantó su hoja para dejarme copiar. No me lo podía creer, Isabela, la inteligente de la clase, dejando copiar. Me apremió, vigilando al profesor. Copié todo y las revisé. Pero vi un fallo y se lo indiqué. Lo comprobó y levantó su pulgar hacia arriba. Pasada la media hora, recogió los exámenes y seguimos con clase normal. Le escribí una notita con un ''Gracias'' escrito y se lo tiré cuando nadie miraba. Sonrió al recibirlo, movió sus labios y formó las palabras ''de nada''.
Al acabar las clases volví a casa pero antes de que pudiera poner un pie en el suelo Vanessa me detuvo.
-¿Puedo entrar un momento?
-No creo que sea buena idea. A mi padre le duele la cabeza.
-Si solo será un momento. Parece que hay alguien en tu casa.
-Será el pintor. No insistas por favor. Ya te lo explicaré algún día.
-Por cierto ¿Sabes que?
-No
-Estoy saliendo con Alex.
-¡Que bien!
-Sí, el miércoles se acercó y fue tan...es muy cariñoso y tan simpático y atento...¿Y tu que tal con Ty?
-Muy bien.
-He oído que tiene una sorpresa para tí.
-¿Ah sí?
-Sí.
-Me voy. Adiós.
-Adiós.
La vi irse y entré a casa, con un suspiro de alivio. Dejé la mochila a un lado y me quité mis zapatos de 6 cm de tacón, un poco más de lo permitido. Saqué los libros de geografía y me dispuse a estudiar.
-¿Justin?
-Aquí.-respondió secamente.
Oh, oh. Algo le pasaba. Me senté en la única mesa que había en el salón y abrí mi libreta.
-¿Que tal hoy?
-Bien.
-Me alegro. Menudo rollo, tengo que estudiar.
-Ah.
-¿Te pasa algo?
-Da igual lo que me pase. Total, valgo una mierda.
-¿Porque dices eso? ¿Problemas?
-Familiares.-confirmó.
-En ese caso no me meto en tus asuntos.
Intenté prestar atención a el texto que leía. A la hora, lo dejé estar. No entendía nada. Decidí dar un paseo por mi jardín. Puse mis pies en la agua fresca de la piscina, con cuidado de no mojar mis pantalones. Me apoyé sobre mis manos y dejé que el sol tostara mi cara. Esto era tan relajante...
-¿Tomado el sol?
Parpadee y distinguí a quien me hablaba. Se acercó a la valla y yo hice lo mismo. Era un chico, aproximadamente de 18-19 años. Pelo castaño rizado y ojos marrones.
-¿Eres nuevo?
-Me mudé el lunes.
Sonrió.
-Soy Leah Sky.
-Yo Jonathan Thompson.
Nos estrechamos la mano.
-Antes vivía en la granja. Ahora mi madre se ha casado con un ricachón y he tenido que venir a la ciudad.
-Vaya, lo siento mucho.
-Da igual. No me caía bien mi antiguo padre.
-¿Te estas adaptando bien?
-Sí, o eso intento. Estoy buscando nuevas amistades.
-Ahora ya tienes una.
-¿Ese es tu novio?-señaló detrás mío.
Me giré.
-Justin.
-Solo quería avisarte de que tus clases de guitarra empiezan ahora.
-¿Lo podemos dejar? Acabo de conocer...
-Oh no, ve a tus clases. Yo seguiré con lo mío.-dijo Jonathan.
-No, no. Jusi...¿podemos aplazarlo a mañana? Porfa.
-Vale, pero no me llames Jusi.-rió.
-¿Queréis veniros los dos a merendar?-sugirió mi nuevo amigo.
Nos miramos unos instantes.
-Vale.
Nos abrió la portezuela del jardín y pasamos. Nos condujo hasta su casa y entramos.
-¿John?¿Eres tú?
-Sí mamá.
Una mujer muy guapa apareció a nuestro encuentro.
-Vaya, traes a amigos. Hola, soy Linda.
Me abrazó y estrechó la mano a Justin.
-Señora, mis más sinceras disculpas por la ropa que llevo. Estaba pintando y ...
-No te preocupes hijo, cuando vivíamos en la granja casi siempre íbamos así. Sentaos por favor.
Obedecimos.
-¿Que querreis?
-Un té por favor.
-Un café.
-Ya lo sabes mamá.
- Claro.
-¿A que instituto vas?-quise saber.
-Me acabo de matricular. Comienzo el lunes en el West Side.
-¡Que casualidad!
-¿Vas al mismo?
-No, voy al de justo al lado. Al Cambridge.
-Una de las mejores escuelas. Yo también pensé en inscribirlo allí-interrumpió su madre trayendo una bandeja.
Colocó las respectivas tazas enfrente de cada uno.
-Pero al final me decidí por el West.-continuó.
Justin estaba teniendo verdaderos problemas con su bebida. No sabía como coger esa taza tan diminuta.
Capítulo 7:¿Tengo que hacerte cosquillas?
(Maratón 1\3)
(LEAH)
-Lo siento.
-Hoy no me apetece ir al instituto.
-No vayas. Yo te cuidaré.-dijo en tono dramático.
-Vale.
-De todos modos tengo que trabajar. Vamos a desayunar.
Enrollé la camisa para que el agua cayera. Me limpié debajo de los ojos para quitarme el maquillaje. Entramos a un bar y agradecida comprobé que había calefacción.
-Señor Justin. Es un placer volverle a ver.
-Gracias.
Nos indicó el camino hasta una mesa. El camarero me guiñó el ojo. Supuse que había traído antes a muchas otras chicas.
-¿En que piensas?
-En mi venganza.
-¿Alguna idea?
-Sí-mentí.
-¿Que va a ser?-pidió el camarero.
-Lo de siempre.
-¿Y usted?
-Un té de frutos rojos.
-Tienes que comer algo Leah.
-Un cruasán.
-Lo mismo que la señorita de ayer-murmuró el camarero por lo bajo.
Justin frunció el ceño.
-Eso es todo Bill.
Bill se retiró con una sonrisa.
-Debe de haberse confundido.
Decidí omitir ese detalle.Trajeron lo que habíamos pedido. Comí en silencio. La ropa casi se había secado. Acabamos.
-¿Que hora es?
Miró en su teléfono.
-Las 5.
Me froté los ojos.
-Tengo sueño.
-Volvamos a tu casa.
Después de que pagara la cuenta (no sin antes haber protestado) salimos. Caminamos sin decir nada, pero no era incomodo . Llegamos.
-¿Como entramos?
-Por la ventana.
Rodeamos el apartamento. Subí por la piedra y abrí la ventana.
-Sube.
Escaló con agilidad y pasó a mi habitación.
-Bonito cuarto.
-Gracias. Yo dormiré un poco.
-Creo que yo también.
-¿Donde quieres dormir?
-Quedate con la cama, yo lo haré en la alfombra.
Le di cojines y una manta fina. Me acurruqué debajo de las sábanas. Ya no estaba nerviosa, me sentía tranquila y cómoda con él. No había la tensión de antes.
-Buenas noches.
-Buenos días.
.....
Desperté con la frente ardiendo y los ojos lagrimeando. Me encontraba fatal.
-Justin...-le llamé.
Pero no estaba. En calcetines bajé por la escalera, temblando de frío.
-¡Leah!-exclamó preocupado.
Puso una mano en mi cabeza.
-Estás muy caliente, tienes fiebre.
Me acompañó de nuevo a la cama y me tumbé.
-Me olvidé de que te tenías que tomarte un Ibuprofeno.
Desapareció y volvió trayendo una pastilla y un vaso de agua.
-Toma.
Lo tomé y me ajustó bien las mantas.
-¿Hay algo que pueda hacer por ti?
-¿Que hora es?
-Son las diez, tus padres se fueron hace una hora.
-Cantame ''Heartbreaker'' por favor.
Empezó a cantar en voz baja mientras me acariciaba el pelo.
...
En las siguientes horas Justin me cuidó. Me traía paños húmedos y me daba regularmente de beber agua para mantenerme hidratada. Me acompañaba al baño y esperaba fuera pacientemente hasta que había acabado y me volvía a acompañar a la cama. También me traía pañuelos, comida, libros y películas para entretenerme. Me vigilaba constantemente y me tomaba la fiebre que por el momento no bajaba de 39. Le estaba profundamente agradecida.
-Gracias.
-Me siento culpable por haberte tirado a la fuente.
-No fue tu culpa.
-Debí parar.
-Tranquilo, he estado peor.
-Seguiré trabajando.
Sacudió la cabeza y salió por la puerta. Hacia las dos de la tarde me encontraba mucho mejor. Me cambié de ropa y bajé. No habían muebles, solo un plástico cubría el suelo.
-¿Estás bien?
-Perfecta gracias a ti. Eres un buen amigo- 'el más sincero' pensé para mis adentros.
Simplemente sonrió.
-¿Que tienes que hacer?
-Tu padre me dio unos planos.
-Vaya, tienes que hacer mucho.
-Para eso me pagan.
Me entristeció escuchar eso. Mientras a mí me llovía dinero del cielo otros tenía que trabajar duro para poder vivir.
-Te ayudaré.
-Podrías enfermar de nuevo, no estás recuperada del todo.
-Me da igual.
Me recogí el pelo en un moño y me arremangué.
-Dime lo que tengo que hacer.
-Pinta esta pared.
Me acercó un cubo y un pincel. Lo cogí.
-Bien, ahora, pinta en esta dirección.
Me agarró la mano y hizo líneas verticales en la pared.
-¿Lo entiendes?
-Sí.
-Ahora tú.
Mojé en la pintura de un bonito color beige y pinté.
-¿Así?
-Sí.
El cogió otra brocha y empezó con los bordes alrededor de las ventanas y la puerta. Esto era realmente fácil. Se dio la vuelta varias veces para ver como iba y darme indicaciones. Cuando tuve más de la mitad hecha me tumbé.
-Madre mía.
-¿Cansada?
-Mucho.
-Sube a dormir.
-No me apetece. Descansa tú, tienes ojeras.
-Estoy bien. Subirás aunque te tenga que arrastrar.
-Vaaaaale.
-Que descanses.
Cerré la puerta detrás de mi y intenté de llamar a Vanessa desde el fijo pero salió el buzón de voz. Estaba aburrida y no quería dormir. De puntillas, salí de mi habitación y me senté en el suelo. Hice como cuando era pequeña, me puse boca arriba y miré los dibujos del techo, intentando descubrir formas. Cuando me cansé miré los cuadros buscando pequeños detalles y defectos.
-Creía haberte dicho que descansases.
-Puede ser-reí tontamente.
Me agarré a su pierna como si fuera un koala y me balanceé de un lado a otro.
-Bonita zapatilla.
Y me puse a examinarla.
-Oh no.Creo que se te ha subido a la cabeza.
Le sonreí risueñamente.
(JUSTIN)
-Levantate y vete a dormir.
-No.
-¿Tengo que hacerte cosquillas?
-¡No!¡Eso no!
Gateó por el pasillo pero la atrapé. En un intento de pararme, me empujó haciendo que perdiera el equilibrio y caí sobre ella. Rió y chilló y todo era un lío de manos. Le hice cosquillas en la barriga y a los costados mientras nos revolcábamos por el suelo. Las lágrimas le saltaban de los ojos de la risa.
-Para-tartamudeó.
Me apoyé a cada lado suyo, encima. Estábamos pegados el uno al otro. El color acudió a sus mejillas rápidamente y me dieron ganas de acariciarselas. Su boca estaba solo a unos centímetros de la mía... podría haber hecho tantas cosas en ese instante pero no quise estropearlo y me tumbé a su izquierda. Leah suspiró, con un poco de alivio y giró hacia mí.
-Eres un buen amigo. Muchos me habrían mandado a la mierda.
-Shh....no me lo agradezcas otra vez.
Apoyé mi dedo índice en sus labios. Y los deslizé, dibujando su contorno. Sentía su respiración agitada. Dejé caer la mano hasta su pelo siguiendo sus ondas. Me miraba, asustada por lo que pudiera hacer pero curiosa a la vez. Entonces, fue su turno. Alargó sus dedos hasta mi cara, pasando por mi frente, mi nariz, mi boca, mi barbilla, mi cuello... bajó por mi pecho, el abdomen y ahí se detuvo. Subió de nuevo por mi brazo lleno de tatuajes. Se acercó a mí, cerró los ojos y inhaló profundamente, como queriendo quedarse con mi olor.
-Hueles muy bien...
Se abrazó a mí y recostó su cabeza entre mi cuello y mi hombro. Se fue durmiendo poco a poco. Cuando noté que su respiración era mas acompasada, la cogí y la llevé a su cuarto, donde la dejé en la cama y la arropé. Me senté con la espalda pegada a la pared y la observé. Se veía tan tranquila y pacífica. ¿Me gustaba? Creía que no pero había algo...especial. Di un paseo, mirando sus fotos. En muchas salía con una amiga, haciendo el tonto. En otras aparecía un chico, Tyler y ella besándole en la mejilla. En la última que me fijé, estaba ella, especialmente guapa, con un vestido rojo. Le di la vuelta a la foto ''Leah en la fiesta de apertura de un restaurante''. La volví a dejar sobre la mesa. En el escritorio habían libros, como ''Perdona si te llamo amor'' y ''A 3 metros sobre el cielo'' .Sonreí, jamas lo habría pensado pero era toda una romántica. Más libretas y un cuadernito que supuse que era su diario. Miré sus pósters de sus cantantes favoritos y de modelos. Su armario, maquillaje... todo eso lo pasé con la mirada sin darle importancia. Y allí estaba ella, acurrucada, soñando inocentemente. Solté un largo suspiro y me pasé la mano por el pelo. Miré la hora, eran las 4,ya había acabado mi ronda de trabajo. Me tumbé en su alfombra y cerré los ojos, esperando conciliar el sueño.
...
Notaba una suave brisa en mi oreja. Me revolví, inquieto y la volví a notar en mi nariz. Pero reflexioné ¿Una brisa?¿Dentro de casa? Me incorporé y escuché una risa proveniente de mi derecha.
-Leah, me habías asustado.
-Son las 8 de la tarde dormilón...Por cierto, gracias por llevarme a la cama.
-De nada.¿Y tus padres?
-En una cena.
-Ah.
Me estiré y hice crujir el cuello. Bostezé.
-¿Llevas mucho tiempo despierta?
-Media hora, más o menos.
-Antes estuve inspeccionando tu cuarto. También tengo que hacer reformas aquí.
-¿Si?
-Claro, puedes diseñarme como quieres que sea.
-Quiero una pared llena de fotos. O al menos un cacho. Y poner frases. Y me sé una buena foto para colgar.
-¿Cual?
-La que nos vamos a hacer ahora.
La observé mientras encendía su portátil de marca Apple. Me desperecé con dificultad y me levanté.
-Ponte delante de la cam.
Obedecí y juntó su cara a la mía. En la pantalla aparecieron una Leah radiante y un Justin adormilado.
-Sonríe.
Y pulsó el botón, la cuenta atrás apareció y mostré mi mejor sonrisa.
-Listo. Ahora viene lo divertido.
-¿A que te refieres?
Trajo su neceser.
-Me vas a maquillar.
-Pero si yo no sé...
-Precisamente eso es lo que lo hace divertido. Mira.
Cogió su barra de labios y me hizo una raya vertical a todo lo largo de mi cara. Y me lanzé, saqué una cajita con colores que supuse que era sombra de ojos. Cogí una brocha y lo pulverizé de color verde. Le pinté las mejillas. Parecía una extraterrestre de un planeta lejano. Con un tipo de lápiz negro, me dibujó un bigote. Yo, por mi parte, le hice un dibujo indio en la frente. Le pinté el labio superior azul y el inferior amarillo. No veía lo que me estaba haciendo pero no paraba de reprimir la risa.
-¿Que es esto?-pregunté agarrando un bote.
-Base líquida.
-Me quedo igual.
-Es para camuflar imperfecciones de la piel.
-Vaya.
Con una pintura blanca le hice la parte de los párpados y con negro le alargué la raya de los ojos al estilo chino. Cogí un tubo y lo intenté de destaponar pero se negaba a abrirse.
-Trae.
Lo desenroscó con paciencia y salió un tipo de pincel dividido en más finos.
-Es rímel.
Me lo enseñaba como si fuese un niño de parvulitos.
-¿Dónde se pone?
-En las pestañas.
Se lo puse, con cuidado.
-Y aquí tienes purpurina, también se puede poner.
Rocié sus pestañas de color rosa.
-Ya está. -concluí.
-Y yo...
Me miré en el espejo. Tenía los ojos pintados de lila con la raya blanca, la nariz era naranja, tenía un gracioso bigote y una barba, los mofletes tenían dos círculos rojos y mis labios eran verdes.
-Parezco un señor travestido con labios verdes y nariz de patata.
Reímos.
-Ahora yo.
Se contempló unos instantes.
-Yo parezco una india, extraterrestre, geisha con labios de una bandera.
-¿Bandera?
-Sí, pero ahora no sé de qué país es. Me gustan los ojos que me has hecho.
-¿En serio?
-En serio, y no es una tomadura de pelo. Y ahora...
Posamos ante la cámara. Sacamos la lengua, pusimos morros, sonreímos, poníamos cara de enfado, de sorpresa... en fin, hacíamos cualquier tipo de muecas. Y maquillada así, seguía estando guapa. No me lo explicaba pero siempre salía bien en las fotos.
-¿En que piensas?-inquirió.
-Lo siento.
-Hoy no me apetece ir al instituto.
-No vayas. Yo te cuidaré.-dijo en tono dramático.
-Vale.
-De todos modos tengo que trabajar. Vamos a desayunar.
Enrollé la camisa para que el agua cayera. Me limpié debajo de los ojos para quitarme el maquillaje. Entramos a un bar y agradecida comprobé que había calefacción.
-Señor Justin. Es un placer volverle a ver.
-Gracias.
Nos indicó el camino hasta una mesa. El camarero me guiñó el ojo. Supuse que había traído antes a muchas otras chicas.
-¿En que piensas?
-En mi venganza.
-¿Alguna idea?
-Sí-mentí.
-¿Que va a ser?-pidió el camarero.
-Lo de siempre.
-¿Y usted?
-Un té de frutos rojos.
-Tienes que comer algo Leah.
-Un cruasán.
-Lo mismo que la señorita de ayer-murmuró el camarero por lo bajo.
Justin frunció el ceño.
-Eso es todo Bill.
Bill se retiró con una sonrisa.
-Debe de haberse confundido.
Decidí omitir ese detalle.Trajeron lo que habíamos pedido. Comí en silencio. La ropa casi se había secado. Acabamos.
-¿Que hora es?
Miró en su teléfono.
-Las 5.
Me froté los ojos.
-Tengo sueño.
-Volvamos a tu casa.
Después de que pagara la cuenta (no sin antes haber protestado) salimos. Caminamos sin decir nada, pero no era incomodo . Llegamos.
-¿Como entramos?
-Por la ventana.
Rodeamos el apartamento. Subí por la piedra y abrí la ventana.
-Sube.
Escaló con agilidad y pasó a mi habitación.
-Bonito cuarto.
-Gracias. Yo dormiré un poco.
-Creo que yo también.
-¿Donde quieres dormir?
-Quedate con la cama, yo lo haré en la alfombra.
Le di cojines y una manta fina. Me acurruqué debajo de las sábanas. Ya no estaba nerviosa, me sentía tranquila y cómoda con él. No había la tensión de antes.
-Buenas noches.
-Buenos días.
.....
Desperté con la frente ardiendo y los ojos lagrimeando. Me encontraba fatal.
-Justin...-le llamé.
Pero no estaba. En calcetines bajé por la escalera, temblando de frío.
-¡Leah!-exclamó preocupado.
Puso una mano en mi cabeza.
-Estás muy caliente, tienes fiebre.
Me acompañó de nuevo a la cama y me tumbé.
-Me olvidé de que te tenías que tomarte un Ibuprofeno.
Desapareció y volvió trayendo una pastilla y un vaso de agua.
-Toma.
Lo tomé y me ajustó bien las mantas.
-¿Hay algo que pueda hacer por ti?
-¿Que hora es?
-Son las diez, tus padres se fueron hace una hora.
-Cantame ''Heartbreaker'' por favor.
Empezó a cantar en voz baja mientras me acariciaba el pelo.
...
En las siguientes horas Justin me cuidó. Me traía paños húmedos y me daba regularmente de beber agua para mantenerme hidratada. Me acompañaba al baño y esperaba fuera pacientemente hasta que había acabado y me volvía a acompañar a la cama. También me traía pañuelos, comida, libros y películas para entretenerme. Me vigilaba constantemente y me tomaba la fiebre que por el momento no bajaba de 39. Le estaba profundamente agradecida.
-Gracias.
-Me siento culpable por haberte tirado a la fuente.
-No fue tu culpa.
-Debí parar.
-Tranquilo, he estado peor.
-Seguiré trabajando.
Sacudió la cabeza y salió por la puerta. Hacia las dos de la tarde me encontraba mucho mejor. Me cambié de ropa y bajé. No habían muebles, solo un plástico cubría el suelo.
-¿Estás bien?
-Perfecta gracias a ti. Eres un buen amigo- 'el más sincero' pensé para mis adentros.
Simplemente sonrió.
-¿Que tienes que hacer?
-Tu padre me dio unos planos.
-Vaya, tienes que hacer mucho.
-Para eso me pagan.
Me entristeció escuchar eso. Mientras a mí me llovía dinero del cielo otros tenía que trabajar duro para poder vivir.
-Te ayudaré.
-Podrías enfermar de nuevo, no estás recuperada del todo.
-Me da igual.
Me recogí el pelo en un moño y me arremangué.
-Dime lo que tengo que hacer.
-Pinta esta pared.
Me acercó un cubo y un pincel. Lo cogí.
-Bien, ahora, pinta en esta dirección.
Me agarró la mano y hizo líneas verticales en la pared.
-¿Lo entiendes?
-Sí.
-Ahora tú.
Mojé en la pintura de un bonito color beige y pinté.
-¿Así?
-Sí.
El cogió otra brocha y empezó con los bordes alrededor de las ventanas y la puerta. Esto era realmente fácil. Se dio la vuelta varias veces para ver como iba y darme indicaciones. Cuando tuve más de la mitad hecha me tumbé.
-Madre mía.
-¿Cansada?
-Mucho.
-Sube a dormir.
-No me apetece. Descansa tú, tienes ojeras.
-Estoy bien. Subirás aunque te tenga que arrastrar.
-Vaaaaale.
-Que descanses.
Cerré la puerta detrás de mi y intenté de llamar a Vanessa desde el fijo pero salió el buzón de voz. Estaba aburrida y no quería dormir. De puntillas, salí de mi habitación y me senté en el suelo. Hice como cuando era pequeña, me puse boca arriba y miré los dibujos del techo, intentando descubrir formas. Cuando me cansé miré los cuadros buscando pequeños detalles y defectos.
-Creía haberte dicho que descansases.
-Puede ser-reí tontamente.
Me agarré a su pierna como si fuera un koala y me balanceé de un lado a otro.
-Bonita zapatilla.
Y me puse a examinarla.
-Oh no.Creo que se te ha subido a la cabeza.
Le sonreí risueñamente.
(JUSTIN)
-Levantate y vete a dormir.
-No.
-¿Tengo que hacerte cosquillas?
-¡No!¡Eso no!
Gateó por el pasillo pero la atrapé. En un intento de pararme, me empujó haciendo que perdiera el equilibrio y caí sobre ella. Rió y chilló y todo era un lío de manos. Le hice cosquillas en la barriga y a los costados mientras nos revolcábamos por el suelo. Las lágrimas le saltaban de los ojos de la risa.
-Para-tartamudeó.
Me apoyé a cada lado suyo, encima. Estábamos pegados el uno al otro. El color acudió a sus mejillas rápidamente y me dieron ganas de acariciarselas. Su boca estaba solo a unos centímetros de la mía... podría haber hecho tantas cosas en ese instante pero no quise estropearlo y me tumbé a su izquierda. Leah suspiró, con un poco de alivio y giró hacia mí.
-Eres un buen amigo. Muchos me habrían mandado a la mierda.
-Shh....no me lo agradezcas otra vez.
Apoyé mi dedo índice en sus labios. Y los deslizé, dibujando su contorno. Sentía su respiración agitada. Dejé caer la mano hasta su pelo siguiendo sus ondas. Me miraba, asustada por lo que pudiera hacer pero curiosa a la vez. Entonces, fue su turno. Alargó sus dedos hasta mi cara, pasando por mi frente, mi nariz, mi boca, mi barbilla, mi cuello... bajó por mi pecho, el abdomen y ahí se detuvo. Subió de nuevo por mi brazo lleno de tatuajes. Se acercó a mí, cerró los ojos y inhaló profundamente, como queriendo quedarse con mi olor.
-Hueles muy bien...
Se abrazó a mí y recostó su cabeza entre mi cuello y mi hombro. Se fue durmiendo poco a poco. Cuando noté que su respiración era mas acompasada, la cogí y la llevé a su cuarto, donde la dejé en la cama y la arropé. Me senté con la espalda pegada a la pared y la observé. Se veía tan tranquila y pacífica. ¿Me gustaba? Creía que no pero había algo...especial. Di un paseo, mirando sus fotos. En muchas salía con una amiga, haciendo el tonto. En otras aparecía un chico, Tyler y ella besándole en la mejilla. En la última que me fijé, estaba ella, especialmente guapa, con un vestido rojo. Le di la vuelta a la foto ''Leah en la fiesta de apertura de un restaurante''. La volví a dejar sobre la mesa. En el escritorio habían libros, como ''Perdona si te llamo amor'' y ''A 3 metros sobre el cielo'' .Sonreí, jamas lo habría pensado pero era toda una romántica. Más libretas y un cuadernito que supuse que era su diario. Miré sus pósters de sus cantantes favoritos y de modelos. Su armario, maquillaje... todo eso lo pasé con la mirada sin darle importancia. Y allí estaba ella, acurrucada, soñando inocentemente. Solté un largo suspiro y me pasé la mano por el pelo. Miré la hora, eran las 4,ya había acabado mi ronda de trabajo. Me tumbé en su alfombra y cerré los ojos, esperando conciliar el sueño.
...
Notaba una suave brisa en mi oreja. Me revolví, inquieto y la volví a notar en mi nariz. Pero reflexioné ¿Una brisa?¿Dentro de casa? Me incorporé y escuché una risa proveniente de mi derecha.
-Leah, me habías asustado.
-Son las 8 de la tarde dormilón...Por cierto, gracias por llevarme a la cama.
-De nada.¿Y tus padres?
-En una cena.
-Ah.
Me estiré y hice crujir el cuello. Bostezé.
-¿Llevas mucho tiempo despierta?
-Media hora, más o menos.
-Antes estuve inspeccionando tu cuarto. También tengo que hacer reformas aquí.
-¿Si?
-Claro, puedes diseñarme como quieres que sea.
-Quiero una pared llena de fotos. O al menos un cacho. Y poner frases. Y me sé una buena foto para colgar.
-¿Cual?
-La que nos vamos a hacer ahora.
La observé mientras encendía su portátil de marca Apple. Me desperecé con dificultad y me levanté.
-Ponte delante de la cam.
Obedecí y juntó su cara a la mía. En la pantalla aparecieron una Leah radiante y un Justin adormilado.
-Sonríe.
Y pulsó el botón, la cuenta atrás apareció y mostré mi mejor sonrisa.
-Listo. Ahora viene lo divertido.
-¿A que te refieres?
Trajo su neceser.
-Me vas a maquillar.
-Pero si yo no sé...
-Precisamente eso es lo que lo hace divertido. Mira.
Cogió su barra de labios y me hizo una raya vertical a todo lo largo de mi cara. Y me lanzé, saqué una cajita con colores que supuse que era sombra de ojos. Cogí una brocha y lo pulverizé de color verde. Le pinté las mejillas. Parecía una extraterrestre de un planeta lejano. Con un tipo de lápiz negro, me dibujó un bigote. Yo, por mi parte, le hice un dibujo indio en la frente. Le pinté el labio superior azul y el inferior amarillo. No veía lo que me estaba haciendo pero no paraba de reprimir la risa.
-¿Que es esto?-pregunté agarrando un bote.
-Base líquida.
-Me quedo igual.
-Es para camuflar imperfecciones de la piel.
-Vaya.
Con una pintura blanca le hice la parte de los párpados y con negro le alargué la raya de los ojos al estilo chino. Cogí un tubo y lo intenté de destaponar pero se negaba a abrirse.
-Trae.
Lo desenroscó con paciencia y salió un tipo de pincel dividido en más finos.
-Es rímel.
Me lo enseñaba como si fuese un niño de parvulitos.
-¿Dónde se pone?
-En las pestañas.
Se lo puse, con cuidado.
-Y aquí tienes purpurina, también se puede poner.
Rocié sus pestañas de color rosa.
-Ya está. -concluí.
-Y yo...
Me miré en el espejo. Tenía los ojos pintados de lila con la raya blanca, la nariz era naranja, tenía un gracioso bigote y una barba, los mofletes tenían dos círculos rojos y mis labios eran verdes.
-Parezco un señor travestido con labios verdes y nariz de patata.
Reímos.
-Ahora yo.
Se contempló unos instantes.
-Yo parezco una india, extraterrestre, geisha con labios de una bandera.
-¿Bandera?
-Sí, pero ahora no sé de qué país es. Me gustan los ojos que me has hecho.
-¿En serio?
-En serio, y no es una tomadura de pelo. Y ahora...
Posamos ante la cámara. Sacamos la lengua, pusimos morros, sonreímos, poníamos cara de enfado, de sorpresa... en fin, hacíamos cualquier tipo de muecas. Y maquillada así, seguía estando guapa. No me lo explicaba pero siempre salía bien en las fotos.
-¿En que piensas?-inquirió.
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