domingo, 4 de mayo de 2014

Capítulo 21:¿Nombre? Justin Drew Bieber


(LEAH)
-Tienes razón.-asentí.
Me sostuvo la puerta para que entrara y cerró después de él. Un camarero nos atendió.
-¿Tienen mesa reservada?
-Sí
-¿A qué nombre?
-Bieber.
-Claro, acompañenme, es por aquí.
Llegamos a una mesa y nos sentamos.
-Ahora les traigo los menús. ¿Desean algo de beber? ¿Señorita?
-Agua.-respondí.
-Una cerveza.-contestó Justin.
Volvió al poco rato con unas carpetas con el menú y nuestras bebidas.
-Elige lo que quieras, pago yo.
-Pero...-protesté.
-No hay peros.
Fruncí el ceño y sonrió. Miré las hojas con la comida y elegí los más barato.
-Yo ya lo tengo.
-Y yo.
Volvió el señor de antes.
-¿Y bien?¿Que desean?
-Una ensalada.
-¿Solo?-interrumpió Justin
-No tengo mucha hambre.
-Leah, tienes que comer más, eso es muy poco.
-Y un filete de pollo.-acepté, desganada.
-¿Y el señorito?
-Chuleta de cerdo.
-¿Acompañado con patatas o no?
-Sí.
-Está bien, ahora se lo traigo.
Recogió las cartas y se marchó.
-¿Que has hecho esta mañana?-dije, cortando el hielo.
-Montar estanterías.
-Ah.
-¿Y tú?
-Nada, estudiar.
-¿Vino...ya sabes... Tyler... al insti?
-Sí.
-¿Te ha hecho algo?-se inclinó en la mesa.
-No...
E instintivamente me pasé la mano por el cuello.Esta mañana Tyler me había arañado la nuca con bastante fuerza durante un abrazo. Por suerte, lo tapaba el pelo.
-¿Segura?
-Sí.
Nos trajeron el pedido y comenzamos a comer en silencio. Cuando fui a coger el salero mi mano y la de Justin chocaron. La aparté rápidamente y mis mejillas ardieron. Era como si con el paso del tiempo, me hubiera vuelto más vergonzosa. Al conocerle, enseguida había confiado en él, había sido más atrevida y cuando salíamos era como si una Leah tímida ocupara mi lugar.
-Ten, sirvete.-dijo, pasandome el salero.
-Gracias.
Lo añadí y se lo di, para que se pusiera él. ''Quedan tres días para que esto acabe''-pensé, y eso me hizo dar cuenta de la realidad.''Tengo que aprovecharlo''. Crucé los cubiertos sobre el plato cuando acabé. Justin había terminado antes y apoyado en su barbilla con la mano, me observaba.
-¿Lista?
-Sí.
-¿Quieres algo de postre?
-No gracias, estoy llena.
Alzó la mano para que vinieran.
-La cuenta...
Puso un par de billetes en el platito metálico y nos despedimos. De nuevo, subimos a su moto y arrancó. Me agarré a su torso y apoyé mi cabeza en su espalda. Cuando llegamos, me pude fijar que el estudio era algo parecido a una casa, casi se podría decir que era un almacén, envuelto de una valla. Justin llamó a la puerta y esperó. Un hombre, que apenas pasaría de los 30 años, nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Justin no?
-Sí.
Se dieron la mano.
-¿Y esta señorita es?
-Mi novia, Leah.
-Todo un placer.
Me dio dos besos.
-Pasad.
Lo que yo había considerado un almacén era en realidad una habitación grande, dividida en dos.
-Esta es la sala de captación insonorizada donde se graban las canciones a través de estos micrófonos.-los señaló-y se envía a la sala de control, donde está la mesa de mezclas, ordenadores, multipistas...¿Lo habéis entendido?
-Sí, he estado en una antes.-afirmó Justin.
-Bien, pues... ponte en la sala de captación, sientate en una silla enfrente de un micrófono.
Obedeció y esperó a las próximas instrucciones.
-¿Nombre?
-Justin Drew Bieber.
-¿Edad?
-19 años.
-¿Lugar de nacimiento?
-Canadá, Ontario.
-¿Instrumentos?
-Batería, piano, guitarra y trompeta.
-¿Qué canciones nos presentas?
-Heartbreaker y All that Matters.
-Coge la guitarra a tu izquierda y empieza.
Durante sus canciones, pulsó botones y movió palancas. De ahí, pasaba a su ordenador y editaba algunas cosas. Una vez acabó, se reunió con nosotros y vio los cambios que había hecho Scooter. Le enseñó los temas que había modificado, ponía diferentes sonidos de fondo que se complementaban y cambios en la ecualización. Durante varias horas, estuvieron grabando, comprobando y ajustando. A mi ya se me cerraban los ojos de puro cansancio.
-Esto es así Justin, ahora mismo, podemos firmar un contrato y publicar tus canciones al mundo, enseñarles a todos tu don o por otro lado, puedo destruir lo que hemos estado haciendo en estas últimas 6 horas y puedes marcharte a tu casa.¿Qué me dices?
Él se acercó a mí.
-¿Que me dices Leah?
Me frote los ojos.
-Creo que tienes que compartir tu voz con el mundo. Es preciosa y sería una egoísta si te dijera que rechazaras esta oportunidad. Firma.
Me besó tiernamente en los labios y me susurró un 'Gracias'. Scooter, sacó un papel de un cajón junto con un boli y se lo tendió. Lo cogió y la mano le tembló. Finalmente, firmó.

sábado, 26 de abril de 2014

Capítulo 20: Te quiero


Abrió los brazos y disparé. Pero no salió nada. Volví a apretar pero nada. No salía.  Maldije en voz baja. Me atrapó y me manchó las mejillas. Me puse de puntillas y cuando fui a hacerle lo mismo, me besó. Sus labios, dulces por el azúcar, resultaban irresistibles. Incliné la cara hacia la izquierda y pasé la lengua por su pómulo, limpiándolo. Le di un mordisco y jadeó. Le alejé de mi unos centímetros.
-No te muevas.
Cogí un paño, lo mojé en agua y se lo pasé por la cara, quitando los restos que me había dejado. Fue su turno. Le dio la vuelta y me lo pasó suavemente por los lugares manchados. Cuando hubo acabado, lo lancé al fregadero.
-¿Qué hora es?
Hizo el ademán de sacarse el móvil del bolsillo pero no estaba allí. Caí en la cuenta.
-Lo siento, te lo cogí yo para que no se cayera.
Se lo entregué y comprobó la hora.
-Las diez menos cuarto.
-¿Ya?
-Sí.
Mi estomago rugió.
-¿Tienes hambre?
-Un poco.
Busqué algo de comida y al no haber nada interesante para comer, me preparé un sándwich. Le puse tomate, lechuga, huevo duro, jamón y un poco de mayonesa.
-¿Quieres?-le ofrecí.
-Déjame probar.
Se lo tendí. Puso su mano encima de la mía para acercarse lo más y le pegó un mordisco. Masticó en silencio y tragó.
-¿Te ha gustado?
-Me ha encantado.
-¿Quieres más?
-No gracias, me fui a tomar algo en un bar cercano cuando estábais trabajando. Me quedé lleno.
Deposité el plato vacío en el lavavajillas y como ya estaba lleno, lo programé para el lavado.
-¿Te quedas esta noche también a dormir?
-Como quieras.-dijo, esbozando una sonrisa.
-Ve tú subiendo, yo voy al baño.
Él se fue a mi habitación y yo, en el servicio, aproveché para cepillarme los dientes, peinarme el pelo (que estaba un poco pringosos por la nata), desmaquillarme y poner unas gotitas discretas de mi perfume de vainilla detrás de las orejas. Como había dejado el pijama por la mañana ya en el cuarto de baño, me cambié y fui a donde estaba Justin. Me asomé por el marco de la puerta y vi que estaba hablando con alguien por teléfono descalzo, dando vueltas y con el ceño fruncido. Entré, cerré las cortinas y me metí debajo de las sábanas. Él me vio, murmuró una última cosa y colgó. Se sentó al borde de la cama y agachó la cabeza, frotándose los ojos.
-¿No duermes bien? Te noto cansado.
-No sé, hay algo que me hace despertarme muy a menudo. No puedo dormir de un tirón.
-¿Y qué es?-pregunté, acariciándole el nacimiento del pelo en el cuello y pasando mi mano por medio de su espalda, por la columna vertebral.
-Ni yo lo sé. Al día siguiente me olvido.
-¿Y conmigo también te despiertas?
Giró su cara hacia mí.
-¿A qué te refieres?
-A que si conmigo también duermes mal.-aclaré, sintiéndome culpable.
-Duerma o no contigo me pasa. No es tu culpa.
Di unas palmaditas a mi lado en el colchón y se tumbó. Le cogí de la mano y entrelacé nuestros dedos. Eran rugosos y ásperos pero había algo que les hacía ser agradable al tacto. Acaricié sus nudillos con mi pulgar y dejé su palma reposar en mi mejilla.
-Duerme bien ángel.-dijo, antes de que me quedara dormida.
...
Cuando me desperté, me sentí con una nueva energía. No sabía explicar porqué estaba tan alegre pero me sentía nueva. Me desperecé y me fui en busca de Justin. Me asomé a la ventana y ahí estaba, en la calle, fumándose un cigarro, llevaba unas gafas de sol puestas. Silbé y cuando me vió, agitó la mano para saludarme. Tiró la colilla al suelo y la pisoteó. Jay salió de entre unos arbustos para olisquearlo y, asqueado por el olor, se alejó. Me fui a la entrada y le abrí para que entraran los dos. El primero fue Jay, tan entusiasta como siempre y se me echó encima. Me empujó con sus patas delanteras en la barriga. Casi me caigo e, intentando recuperar el equilibrio me apoyé en la pared. Me lamió la mano y le acaricié la cabeza. Después entró Justin.
-Buenos días preciosa.
Se había cambiado de ropa a una camisa blanca, unos pantalones de cuero negros y unas Adidas negras. La cadena estilo militar colgaba de su cuello y tintineaba junto con otro collar. Lo miré, era una cruz. No sabía que era creyente.
-¿A que hora te despertaste?
-Sobre las cinco de la mañana. He ido a mi casa a cambiarme y he aprovechado para traerte un cruasán. Está en la mesa.
-Gracias. ¿A que hora tienes la reunión con Scooter?
-A las cuatro y media.
-Yo acabo el insti a las tres... podrías pasarme a recoger.
-¿En serio?-preguntó, alzando las cejas.
-¿Porqué no?
-Pensé que no querías que me vieran...
-Me da igual. Voy a ducharme.
Tan solo me lavé el pelo, me puse perfume, me maquillé discretamente y me vestí con una camisa corta negra (que por suerte no dejaba ver mis moratones), unos pantalones largos color granate y las ya habituales Converse negras. También me puse un collar plateado de cadena y unos pendientes. Bajé y me comí lo que me había traído bajo su atenta mirada. No dejaba de observarme y me sonrojé.
-¿Porqué me miras?
-Por nada.-dijo, sacudiendo la cabeza.
-Ahora vuelvo.
Me cepillé los dientes rápidamente  y fui otra vez con él. Estaba de pie, mirando por la ventana. Tenía las gafas sobre la mesa y pude ver su cara. Tenía unas profundas y marcadas ojeras y los ojos enrojecidos. Suspiró, se puso las gafas de nuevo y miró su móvil para comprobar la hora. Entré y rodee su cuello con mis brazos. Le abracé, quería decirle tantas cosas, que todo iría bien, que no se preocupara, que me tenía a su lado pasara lo que pasara, que podía confiar en mí. Si tan sólo supiera lo que pasaba, podría ayudarle. Buscó mi boca y unió nuestros labios en un beso desesperado. Dejó sus manos en mis mejillas  y me besó la frente. El molesto claxon del Fiat 500 de Vanessa nos interrumpió. Cogí mi mochila y me despedí.
-A las tres en mi insti ¿no?
-Allí estaré.
-Te quiero.
No esperé respuesta y cerré la puerta.
...
Y allí me encontraba, en la entrada que daba al parking del instituto. Me balanceaba sobre los pies nerviosamente y no paraba de consultar el reloj. Había salido un poco antes porque el profesor estaba enfermo y había decidido esperarle fuera. Sonó el timbre que señalaba el fin de la jornada y la gente comenzó a salir. Saludé a varias personas y  seguí aguardando. De pronto, un rugido de una moto se escuchó por encima de todos los sonidos. Lo reconocería donde fuera. Esa moto se abrió paso entre la multitud y se paró delante de mí. Justin estaba sobre ella, inclinado en el manillar.
-¿Preparada?
-Sí.
La gente nos miraba, curiosa. Seguramente se preguntarían quién era el chico y qué iba a hacer. Aunque dijera que no, mi reputación me importaba, había tardado años en ser la más popular y en un segundo se podía ir todo al traste. Cerré los ojos , pasé una pierna al otro lado del asiento y me senté. Rodee su espalda con mis brazos y me agarré. Hizo sonar el motor varias veces para que se apartaran y arrancó. Al poco rato, aparcó enfrente de un restaurante.
-¿Qué hacemos aquí?
-Tendrás que comer algo antes de ir al estudio.

sábado, 19 de abril de 2014

Capítulo 19: Dispara

(JUSTIN)
La abracé y la besé. Estaba desbordante de alegría. Se retorció y se separó.
-¿Has fumado?-preguntó
-Sí ¿Porque?
-Lo noto.
Apoyó sus manos en mi pecho.
-Te late el corazón muy rápido. ¿Tan nervioso estás?
''Eres tú''quise decir''eres tú la que me hace estar así'' me mordí el labio inferior.
-Sí.-respondí.
Sonrió afablemente.
-¿Que canciones le vas a enseñar?
-Probablemente la de 'Confident','All That Matters' y 'Heartbreaker'
-Guay.
Sonó el claxon de el coche de su amiga y se puso de pie de un salto.
-Luego nos vemos.-se despidió.
La cogí de la mano y la giré hacia mí.
-¿Y mi beso de despedida?
Sorprendida, me dio un pico pero retuve sus labios un rato más. El incansable claxon volvió a sonar y la solté.
(LEAH)
Monté en el coche de Vanessa con un suspiro.
-¿Que pasa?¿Porqué has tardado tanto?
-No encontraba mi chaqueta.
Cuando llegamos al instituto, me despedí de ella y me encaminé hacia mi clase de matemáticas. Saludé a Isa y me senté a su lado. Ella, tímida, me devolvió el saludo y se subió las gafas. Al poco rato entró el profesor y todos nos pusimos rectos en la silla y bien colocados. Empezó a explicar la lección de hoy que trataba de las ecuaciones. Me preparé para una clase aburrida. Al final, dio unos golpecitos en la mesa pidiendo atención.
-En este trimestre, se contará tanto el trabajo individual como por grupos. Por eso, quiero que me hagáis una presentación por parejas de la sucesión de Fibonacci. Tendrá que incluir como mínimo 3 diapositivas con un máximo indefinido que luego expondreis en clase.
Todos se revolvieron en sus asientos y un murmullo recorrió el aula.
-¿Vas conmigo?-pregunté a Isa.
-¿Lo dices en serio?
-Claro.
El tutor nos interrumpió.
-Se expondrá la semana que viene, el martes. Y nada de copiar y pegar información de Wikipedia, eso también lo sé hacer yo.
Carraspeó y recogiendo sus libros, marchó hacia su próxima hora.
-¿Quieres pasarte por mi casa esta tarde? Lo digo para quitarnoslo ya de encima.
-No sé donde vives.
-Podemos ir juntas caminando después de clase.
-Entonces vale.
Jessica se me acercó.
-¿Haces el trabajo conmigo?
-Lo siento, voy con ella.-dije señalando a mi compañera de pupitre.
-Ah, de acuerdo.
Le dirigió una mirada fría y se fue.
-Creo que no le he caído bien ¿Seguro que no lo quieres hacer con ella? Lo puedo hacer sola, estoy acostumbrada.
Bajó la vista y su rostro se ensombreció.
-Por supuesto que no. Te lo he prometido.
...
Al terminar, me reuní con Isa a la entrada del instituto y después de avisar a Vanessa de que no iría con ella, partimos hacia mi casa. Al principio se formó un silencio incómodo pero decidí romper el hielo.
-Hace buen día.
-Sí, pero suelo preferir la lluvia.
-A mi también.-reconocí-leyendo un buen libro y con una taza de té o chocolate caliente.
''Y con Justin''pensé. Me mordí la lengua.
-¿Que tal con tu familia?
-Mi familia es una mierda. No le importo a nadie. Soy como un hijo no deseado.
-Vaya, lo sientoY qué?¿Hay algún chico que te gusta?-pregunté inocentemente, como quien no quiere la cosa.
-No... bueno, hay uno, pero no sabrá ni que existo. Me parece guapo, nada más.
-¿Quien es?
-Tu novio...
-¿Mi qué?
-Tyler.
-¿Pero qué? No somos novios, creo que lo dejamos o algo así. Él me engañaba. Isa, no conviene relacionarte con personas como esas. Es un monstruo.
-¿Y como lo sabes?
Solté el aire y se lo conté.
-Tyler...me pega.
Se tapó la boca, horrorizada. Me levanté la camisa y le dejé ver una mancha morada y azulada, justo al lado del ombligo. Ahogó un grito.
-Esto es de este patio.
-Leah, tienes que contárselo a la policía.
-No puede controlarse, eso es todo. No le digas nada a Justin por favor...
-¿Justin?
-Ahora le conocerás.
Aunque ya sabía que le conocía, toqué al timbre, ya que me había olvidado las llaves y esperamos a que nos abriera. La puerta se abrió con un chasquido y un joven guapísimo con el cabello color miel nos recibió con una amplia sonrisa. Vi que se había cambiado de ropa, por un camisa negra con la palabra NEO estampada a un costado y unos vaqueros del mismo color. Le seguían sus habituales Supra lilas. Iba un poco despeinado y se le notaban las ojeras.
-¿Isa?¿Eres tú?
-¿Justin?¿Qué haces aquí?¿Tú y ella sois...?
Me miró y suspiró.
-Sí
Se apartó a un lado para que pudiéramos pasar y entramos.
-Hemos venido a hacer un trabajo.
-Ah.
-Sientete como en casa.-le dije a mi compañera- como habrás visto estamos en obras y está todo patas arriba. Justin es el...arquitecto, pintor y diseñador a la misma vez.
Le enseñé el camino a mi habitación y dejé que se pusiera cómoda.
-Voy abajo a por el portátil y el cargador y ahora vuelvo.
Bajé dando saltitos por las escaleras. Busqué mi portátil, mierda, todo estaba empaquetado y no sabía que en qué caja estaba. Fui al trastero y miré entre todo.
-¿Buscas algo?
Unas brazos fuertes y varoniles me rodearon la cintura. Acaricié sus manos y apoyó su barbilla en mi pelo. Me di la vuelta y le besé. El sabor amargo de su boca a causa del tabaco había desaparecido y ahora sabía a menta. Me reclinó contra la pared y me besó el cuello. Sus manos viajaron por mi espalda, apretándome contra él. Le di varios besos cortos en los labios y le alejé unos centímetros de mí para recuperar la respiración. Una sonrisa maliciosa apareció en su cara.
-¿Que buscabas?
-Mi portátil
-¿Uno blanco?
-Sí
-Está por aquí.
Abrió una caja al azar y lo sacó, junto con su cable.
-Aquí tienes.
Me lo entregó.
-Gracias.
Le di un beso en la comisura del labio y cuando me dirigía hacia mi habitación de nuevo, me paró, soltó la goma que retenía mi pelo y me deshizo la trenza. Ahora fue él quien me besó, pero esta vez en la coronilla.
-Así mucho mejor.
Y me dejó ir. Cuanto habría deseado que no estuviera Isa y pasar la tarde con él. Suspiré y subí de nuevo.
-Lo siento.-me disculpé-pero tardé en encontrarlo. Estaba empaquetado.
-Creo que también encontraste otra cosa.
Me había pillado. Enrojecí.
-Lo siento.
-No pasa nada. Por cierto, deberías mirarte en el espejo
-¿Porqué?
Curiosa, me miré en el espejito de mi cuarto. Al principio no vi nada, hasta que me aparté el pelo. Me había hecho un chupetón. Me sonrojé más aún. Por esó me había soltado el pelo.
-Le mataré. En fin, vamos a hacer el trabajo.
Comenzamos a hacer el trabajo. Era fácil hacerlo con ella porque no se dejaba distraer por nada y era muy detallista. Cuando lo tuvimos casi acabado, como ya era tarde, decidimos dejarlo para otro día. Me despedí de ella y fui a buscar a mi "novio". El primer lugar que se me ocurrió fue ir a la cocina. Allí estaba Justin, sentado en una silla, con el móvil a punto de caersele de la mano y la boca entreabierta. Lo más cómico de todo era que estaba dormido. Para comprobar, agite una mano delante suya y ni se immutó. Se me ocurrió una idea brillante para mi venganza. Cogí su móvil delicadamente (que por cierto, al mirarlo detenidamente, comprobé que era un IPhone 5) y lo guardé en mi bolsillo trasero. Rebusqué en la nevera el bote de nata hasta que di con él. Lo agite y lo abrí mientras me aguantaba la risa. Suavemente, fui poniéndole la nata en una mano. Le puse en la otra también y para acabar un poco entre sus labios. Se removió en su asiento y frunció el ceño pero no se despertó. Se frotó con el dorso de la mano y eso ya sirvió para que se manchara. Tenía un sueño profundo porque siguió durmiendo pacíficamente. Le hice cosquillas en la nariz y ahora si que reaccionó. Se rascó y se embadurnó entero. Abrió los ojos, sorprendido y se miró.
-¿Pero qué...?-logró balbucear, teniendo en cuenta que tenía la boca llena. Me vio y sonrio- Diablilla.
Huí pero me agarró justo a tiempo. Alzó la mano para mancharme. Bajé la cabeza y su palma acabó en mi pelo, dejándolo pringoso. Grité y cogí el bote de nata. 
-Atrás, o disparo.
-Dispara.

sábado, 12 de abril de 2014

Capítulo 18:Scooter Braun

(LEAH)
-Nada, estuvimos hablando.
Por su cara, deduje que no me creía.
-Tengo hambre, voy a comer algo.-atajé.
Fui a la cocina y sobre la mesa, vi el libro que había comenzado esta mañana. Lo aparté a un lado y busqué en la nevera algo de comer. Cogí un plato de espaguetis y le puse un poco de salsa de tomate encima. Lo metí en el microondas y le di a calentar un minuto. Aguardé y pasado ese tiempo me lo comí todo. Subí a mi habitación y puse la radio. Canté al son de ''Talk dirty'' de Jason Derulo mientras recogía y ordenaba todo.
-Cantas muy bien.
Avergonzada, bajé el volumen y seguí con lo mío.
-¿Cuando estará arreglada la guitarra?
-No sé, dijeron que me llamarían
-Ah.
(JUSTIN)
Me acerqué por detrás y la agarré de la cintura. Le aparté el pelo y la besé en la nuca.
-Te invito a cenar.
-¿Ya? Si acabo de comer.
-Tú no miras mucho el reloj ¿no? Son las 7:30.
-¿Enserio?
-¿Porqué tendría que mentirte?
Suspiró y se dio la vuelta. Sonrió levemente y me abrazó.
-Entonces...¿te apetece?
-Me encuentro mal.
-¿Que te pasa?
-Me duele la cabeza.
Le apoyé la mano en la frente. Estaba caliente.
-Túmbate en la cama. Yo mientras voy al baño a por agua.
-Esperate hasta que me ponga el pijama.
-Vale
Fui al baño, me mojé las manos en agua fría y volví. Se la apoyé en la frente y la refresqué. Me cogió de la mano y la dejó en su mejilla, besándola.
-Gracias.
-De nada
-Quedate a dormir porfa.
-Como quieras.
Me quité la chaqueta y los zapatos. Mi camisa de trabajo, manchada por la pintura, realmente no tenia buen aspecto así que opté por quitármela. Me metí debajo de las finas sábanas a su lado y la estreché entre mis brazos.
-¿Que quería Jonathan?-insistí.
-Nada, sólo me dijo que ayer habías ido a su casa.
-Cierto.-reconocí.
-Y que tú y Clara...
Agachó la cabeza y no dijo nada más.
-Solo hablamos.
-No es lo que dijo él.
-No tienes que creerle, solo hablamos. Mira.
Tironee suavemente de su pelo y hice que me mirara la mejilla. Ahí, entre el ojo y la boca, se podía ver la ligera marca de un bofetón.
-Me lo dio ella cuando le dije que no quería nada.
-Entiendo.
Aliviada, soltó otro suspiro. Rió y su risa sonó como el tintineo de miles de cascabeles.
-¿De qué te ríes?
-De que con todos estos tatuajes pareces una galería de arte.
-Si que cambias de tema rápidamente.-bufé.
-Pareces un Picasso.
-Un Biebercasso.
-Me gusta como suena.
En ese momento, entró Jay en la habitación, dio un salto y se colocó a los pies de la cama, proporcionando un calor muy agradable. Leah me besó el pecho y cerró los ojos. Poco a poco, yo también me fui quedando dormido
...
Cuando me desperté, estaba completamente desorientado. No recordaba nada, ni de haber ido a mi casa por la noche. Me fui situando al notar al cachorro a mi lado, acurrucado. Me di la vuelta para buscar a Leah con la mirada y la encontré. Estaba apoyada en su ventana, con los ojos cerrados, soñolienta. Una leve sonrisa colgaba de esos labios tan besables que tenía. Apenas iba cubierta de una camisa grande, sencilla y blanca y unos pantalones cortos y negros. Por la tenue luz que provenía del exterior, podía admirar sus curvas perfectamente dibujadas debajo de la tela de el improvisado pijama. Su pelo, despeinado, caía sobre su espalda y hombros con gracia y su piel parecía poder acariciarse con la mirada. Era hermosa, tenía que reconocerlo. Me respaldé sobre mis codos y la miré, atento a sus reacciones. Se estiró con la elegancia de un gato y bostezó. Me tumbé otra vez y me hice el dormido. Con un ojo entreabierto, vi como cogía su ropa y se iba, seguramente al baño. Cuando cerró la puerta, me incorporé y me senté en el borde de la cama. Era el tercer día del trato. Cuatro días y todo acabaría. Me desentumecí y cogí un cigarrillo de la chaqueta. Lo encendí y me asomé por la ventana para que no se quedara el humo en la habitación. Hice varios aros en el aire, que se fueron expandiendo hasta desaparecer. Dejé que la ceniza cayera y tomé una honda calada. Expulsé el aire y tiré la restante colilla fuera. Oí un caturreo alegre.mi corazón se aceleró y me giré. Leah había entrado al cuarto y solo la cubría una toalla. Era evidente que se había duchado. Se paró en seco al verme.
-Pensé que seguirías dormido.
No respondí. Aquello era una situación un poco embarazosa y violenta. Tragué saliva. El agua que caía empapaba el suelo. Fue entonces cuando vi una arañazo en su pierna. Estaba rojo y no tenía buen aspecto.
-¿Cuándo te has hecho eso?-la señalé.
-Ayer.
-¿Te lo hizo él?
-No, fue con el cristal de un vaso roto. Y ayer Tyler no vino a clase.
-Deberías cuidarlo.
-Si, ahora iba a ponerme crema...
-Ah, bien...
-Yo ya me iba, se me olvidó el pantalón.
-De acuerdo, ahora me pongo la camisa y bajo. ¿Te preparo algo de desayunar?
-Unos cereales con leche porfa.
-Vale.
Y se marchó. Fue como si todo se quedara sin energía. Como si al irse, todo fuera más frío, más triste. Le rasqué entre las orejas a Jay, que emitió un gruñido.
-¿Que me está pasando Jay?
Me lamió la mano y gimoteó.
-Yo tampoco lo sé amigo.
Me puse la estropeada camisa, cogí mi móvil y lo puse en el bolsillo trasero. Bajé y busque en los armarios hasta que encontré un tazón, una cuchara y los cereales. Encontré la leche en la nevera y se lo serví. Me senté en la silla paralela donde se sentaba ella normalmente y la esperé. Bajó a los pocos minutos, vestida con unos pantalones ajustados, una camisa blanca con el símbolo de Chanel, una cazadora negra y unas Converse negras. Su pelo, aún mojado, estaba atado en una trenza que llevaba recogida en un lado.
-Me gusta tu chaqueta.
-Gracias, la tenía perdida en el armario, ni me acordaba. Además, se parece a la tuya.
-Tienes razón.
Se sentó enfrente mía y comenzó a comer con gran devoción y voracidad.
-Mmm...perdona ¿Quieres?
-No gracias. Ya desayunaré algo por ahí.
-¿Que hora es?
-Menos veinte.
-Queda tiempo.
Recogió y lo puso en el lavavajillas. Se sentó en mi regazo de sopetón y hice una mueca de dolor con el impacto de su cuerpo.
-Lo siento, estoy bastante eufórica hoy.
-Lo veo.
Se frotó el trasero sin ningún disimulo y se quejó.
-Ahora por tu culpa me duele el culo.
-Que discreta. ¿Encima por mi culpa? Si has sido tú la que se ha tirado como una loca encima mío.
-Pero eres tú el que...vale, no tengo excusa. ¿Qué tal la música?-cambió rápidamente de tema.
-Genial, el martes volví a actuar en un bar. Casualmente pasaba por allí un productor musical que se ha interesado por mí. Me ha dado su tarjeta y dice que mi voz no hay que desperdiciarla.
-¿Como se llama?
-Scooter Braun.
-¿Le llamarás?
-No lo sé. ¿Que piensas?
-Que no tienes que perder esta oportunidad. Venga llamale ahora.
-¿Enserio?
-¿Que va a salir mal?
(LEAH)
No muy convencido, sacó el móvil y marcó su número, se lo sabia de memoria. Esperó y por fin le respondió. Me pegué a su oído para oír lo que decían.
-Scooter Braun al habla.
-Buenos dias. Soy Justin, Justin Bieber.
-¡Ah sí! Ya me acuerdo de ti. ¿Te pensaste mi oferta?
-Sí, y es por eso por lo que le llamo. Me gustaría aceptarla.
-¡Genial!Me interesaron mucho tus canciones y la mente tan creativa que tienes. Pasate mañana por mi estudio y hablamos cara a cara.
Le dictó una dirección de la cual me olvidé al segundo. Después de despedirse y colgar, le besé.
-¡Perfecto!-exclamé.
-Uff...estoy nervioso. Mira.
Extendió las manos y pude ver como le temblaban ligeramente.
-Prometeme que mañana me acompañarás.
-Si es lo quieres...
Dejó escapar un largo suspiro.
-Creo que ha sido la conversación más breve que he tenido.

viernes, 4 de abril de 2014

Capítulo 17: ¿Porqué no está conmigo?


(LEAH)
-No sé.-bostezé.-creo que tomaré el sol.
-Túmbate, yo te pondré crema solar.
Me tendió una toalla sobre en la hierba y me tumbé de espaldas. Agarró el bote que estaba en las mesa (seguramente lo había traído mi madre) y aplicándose un poco de crema en la mano, empezó a masajearme. Solté un largo suspiro y cerré los ojos. Los movimientos circulares que me hacia eran muy relajantes. Bajó por las piernas y frotó bien. Y con el agradable momento y el sol, me fui quedando dormida.
...
Desperté cuando noté que alguien me sacudía. Era mi madre.
-Cariño, son las 6;30.
Refunfuñé un ''ahora voy'' y me estiré. Noté que sujetaba fuertemente una notita con la mano y lo abrí.
"Ángel, he visto que te has dormido. Me he tenido que ir. Volveré mañana. Felices sueños. Luv u.Justin''
La apreté contra mí y sonreí.
-Leaaaah.
-¡Ya voy mamá!
Recogí la toalla y entré.
-Ven al salón, corre.
-¿A que tanta prisa?
Me senté en el sofá y la observé, impaciente. Me entregó una caja, con un lazo. Abrí los ojos como platos y grité.
-¡Sí!
Era el IPhone(blanco), lo cogí y lo encendí.
-Gracias mamá.
-De nada cielo. Ahora ve a tu cuarto, estarás deseando estrenarlo.
Subí a mi cuarto y me tiré a la cama bocarriba. Le puse la tarjeta y empecé a descubrir mi nuevo móvil. Al cabo de un rato lo dejé. Me aburría y eso que había estado súper emocionada días antes. Notaba que me faltaba algo, me faltaba Justin.¿Que estará haciendo?¿Con quién estará?¿Porqué no está conmigo? Me puse bocabajo. Tenía una sospecha de con quién estaba y no quería ni pensarlo. ''Total'' pensé ''no estamos saliendo de verdad, puede hacer lo que quiera''. Miré mi agenda, sobre la mesa. Busqué entre sus páginas el número que había apuntado semanas atrás. Por fin lo encontré. ¿Le llamo?¿O no le llamo?¿Le llamo?¿O no? Reprimí mis impulsos y tiré la agenda bien lejos. Pero no pude y le llamé. Esperé. ''Que no esté con ella, que no esté con ella''deseé. Un pitido intermitente marcaba la llamada. Me picaban los ojos y me enrojecían a una velocidad alarmante.
''El teléfono que ha solicitado esta apagado o fuera de servicio. Por favor, llamé más tarde o deje un mensaje después de la señal''
Colgué con lágrimas de impotencia cayendo sobre mis mejillas. Mi estómago rugió y no le hice caso. Me sequé y me metí de nuevo bajo las sábanas. Cerré los ojos.
...
Desperté en el suelo con las mantas liadas en mi cuerpo. Miré mi despertador y eran justo las 6 y tenía mucha hambre. Seguía en bikini y me cambie a unos vaqueros cortos altos y una camisa con estampado de mariposas. Mi pelo se había estropeado por el cloro, me lo lavé y lo enrollé en una toalla. Bajé después de haberme puesto unas Vans. Me calenté un poco de leche y comencé a devorar galletas. Cogí la taza del microondas y sople con ciudado. Eché un vistazo por la ventana , tropecé y se me cayó la taza al suelo, haciéndose añicos. Solté una palabrota cuando un pedazo de porcelana me arañó la pierna y hizo un corte. Fui al baño, abrí el botiquín y me puse desinfectante. También me había quemado y me puse crema. Me lo tapé con una venda y subí a ponerme otros pantalones. Después limpié y recogí todo. Apenas eran las 7 de la mañana. Me quité la toalla del pelo que ya estaba seco y me peine y le di forma con el secador. Como me aburría, cogí un libro al azar de mi estantería. Me había tocado "Nunca digas nunca" de Amy Lab y lo empezé a leer. Estaba tan absorta con lo que tenía delante que no noté que alguien entró en casa. Me abrazó por la espalda y me plantó un beso en la mejilla.
-Buenos días ángel.-saludó Justin
-Buenos días.-contesté sin apartar la mirada de las páginas.
-¿Que lees?-preguntó, arrebatandomelo de las manos.
Hice un puchero y me di la vuelta.
-Un libro.
-Eso ya lo veo. ¿No tendrías que estar en clase?
-Todavía me queda tiempo.
-Son las 8 en punto por si quieres saberlo.
-¡¿Qué?!
Miré el reloj alarmada. Tenía razón.
-Mierda ¿Y Vanessa? Se supone que es ella quien me lleva.
-Moto a domicilio señorita.¿Te llevo?-se ofreció.
-¿En serio?
-Por supuesto. Vámonos.
Cogí mi mochila, cerré la casa con llave y me subí detrás de él . Arrancó con un suave rugido y cerré los ojos. No me gustaba ir sin casco. Partió a toda velocidad y cuando llegó, tuve que parpadear varias veces. Bajé un poco mareada.
-Eh...gracias.
-De nada. Corre, que llegarás tarde a clase.
-Ya he llegado tarde.
Me giré pero me retuvo por el brazo.
-Oye, y si me entero de que ese cerdo te ha puesto un dedo encima, se lo devolveré, multiplicado por mil. ¿Entiendes?
-Sí.
Me besó la frente dulcemente.
-Venga, entra.
Y poniendo el pie en el pedal, marchó. Suspiré y entré.
...
Las clases se me hicieron eternas, como de costumbre, pero en especial, hoy más. No podía imaginar lo que pasaría estos 6 días que estaría con él.  Cuando por fin sonó la campana que anunciaba el fin, pegué un bote en el asiento y salí a paso veloz (lo más dignamente que pude) por los pasillos. Me despedí de varias personas y llegue a la entrada del instituto.
-¡Leah!
Vanessa llegó resoplando y agarrándose del costado.
-Esperame.
-Por?-pregunté un poco confusa.
-No sé...quizás porque te llevo yo a casa.
-Ah sí...es verdad.
-¿Que te pasa hoy? Estás como distraída. En las nubes.-dijo mientras nos dirigíamos al parquíng.-has llegado tarde, has dado la respuesta equivocada en Mates 3 veces, casi te duermes, has confundido a una persona..
-Fuiste tú la que no se acordó de llevarme.
-Te he repetido cien veces.-puso los ojos en blanco.-que llamé a tu casa para avisarte.
-Si yo no lo escuche fue por algo.
-No pienso discutir contigo porque tienes la batalla perdida.
Aparcó frente a la puerta y salí.
-Hablamos¿Vale?
-Vale.
Nada más cerrar, oí un alegre silbido proveniente del salón. Me dirigí allí y pude comprobar que habían dos personas. Justin estaba arrodillado en el suelo, y le estaba poniendo las patas a lo que parecía una silla, mientras, canturreaba alegremente. Al otro lado, estaba Jonathan, con cara de pocos amigos. Su cara resplandeció al verme y sus habituales hoyuelos aparecieron.
-¡Leah!
Cruzó en dos zancadas la habitación y me abrazó.
-Tengo que hablar contigo.
-Pues habla.
-Aquí no, en privado.
Justin le miró con cara de "no te pases" antes de volver a lo suyo. Puso la silla de pie y empezó con otra. Conducí a Jonathan hasta el jardín y le invité a sentarse en una tumbona. Arrastré una y me coloqué delante de él.
-Cuando quieras.
Aguantó la respiración y la soltó de golpe. Me puse nerviosa, parecía estar a punto de decir algo importante.
-Me acabo de enterar de que estás saliendo con Justin...
-Durante una semana.
-Es lo mismo...y no se si debería decírtelo pero... se está viendo con mi hermana.
Suspiré de alivio.
-Aaah...eso.
-¿Como que eso? No se si me has escuchado bien.
-Perfectamente. Ya lo sabía.
-¿Pero cómo?
-Lo deduje
-¿Y no te importa?
-Me dijo que iba a detenerla, parar todo lo que tenían.
-¿Y si te digo que ayer vino a mi casa?
Mi corazón dio un vuelco. Lo que me temía.
-Solo fue a hablar.
-¿Ah sí? No parecía ser eso a medianoche.
Me quedé sin aliento.
-Eso no es verdad.
-¿Crees eso?
No sabía qué creer ni a quien creer. Mientras mi mente me decía una cosa, mi corazón otra. La cruda y dura realidad.
-Yo no sé que creer.-evité mirarle a los ojos.
-Eh.-dijo sentándose y acariciandome la espalda-no quería ser tan brusco. Solo quería informarte. Leah, hay chicos peleando por ti mientras estás con uno que te engaña y miente.
-Prefiero vivir una semana de mentira antes que estar sin él.
-¿Le quieres?-preguntó, dolido.
-¿Y a ti porque te importa?
-Porque yo...
No pudo acabar la frase porque me fijé que Justin estaba en la puerta de la terraza,cruzado de brazos, observándonos.
-Creo que me tendría que ir.-comentó Jonathan.-ya hablamos ¿Vale?
Le abracé y le susurré en la oreja.
-Gracias por habérmelo dicho.
-De nada.
Me besó la mejilla y pasó por al lado de Justin, empujándole en el hombro.
-¿Que quería?
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¡Lo siento!Siento no haber escrito estas últimas semanas pero he estado a tope de exámenes y he estado estudiando. Por si fuera poco, mis padres están de un humor de perros y parece que todo lo hago mal. Me han castigado sin tablet ni portátil durante una semana porque consideran que mis notas no son los suficientemente buenas (excelentes y notables) y tengo mala actitud >.> en fin, espero que os guste y plus!! Comentad!! Besitos de coco < 3<3<3

sábado, 15 de marzo de 2014

Capítulo 16: Cuanta menos ropa, mejor



(LEAH)
-Creo que es hora de que nos vayamos.-dijo.
-Yo...siento si he hecho algo mal...
-Tranquila, yo no estoy acostumbrado...desde de la última vez que...necesito ir poco a poco.
-Quizá te exigí demasiado.
-Son solo siete días ¿no?-sonrió forzadamente.
-Sí.-me vi resignada a admitir.
Fuimos de vuelta a mi casa. Al llegar bajé inmediatamente.
-¿Quieres pasar?-pregunté.
-¿Porque no?
Aparcó la moto mientras yo abría la puerta. Entramos y cerré. Pasamos al salón y descubrimos que no estábamos solos. De una radio colocada encima de una caja, salía música clásica y de la cocina procedía un canturreo.
-Hola mamá.-saludé.
-Leah, cariño ¿Que tal? Vaya ¡Justin! Que sorpresa más agradable. Hacía tiempo que no te veía.
Le dio dos besos.
-¿Que cocinas mamá?
-Me estaba preparando unas tortitas. ¿Queréis?
-No gracias, Justin trajo unos pasteles...
-Muy amable por tu parte, no tienes que molestarte.
-No es ninguna molestia.
Me acarició el brazo y me dio un beso en la coronilla. Como mi madre estaba de espaldas, no vio nada.
-¿Y papá?
-En el trabajo, tenía una reunión de empresa.
-Ah, vale.
-¿Y que habéis estado haciendo vosotros dos?
-Ehm...nosotros...
-Hemos dado un paseo, Leah me ha enseñado la zona, no la conozco muy bien.
-¿Y que?¿Te ha gustado?
-Es bonito y hay un parque que no está mal, seguramente llevaré allí a mis hermanitos.
-Seguro que se lo pasan bien.
-Seguro.
-¿Harás algo esta mañana mamá?
-No lo se aún ¿Y esa pregunta?¿Ya quieres deshacerte de mí?
Eso era justo lo que quería, aprovechar el tiempo con Justin. En cambio, bajé la cabeza porque sabía que si me miraba, mis ojos me delatarían y respondí:
 -Claro que no.
-Podríamos bañarnos en la piscina. ¿Te apuntas Justin?
-¿Porqué no?
-Bien, te daré un bañador de mi marido.
Subí las escaleras de dos en dos y me metí veloz en mi cuarto. ¿Y ahora cual me ponía? ¿El azul sin tirantes?¿El corto? ¿El naranja?¿Que color realzaría mi piel? ¿Escote corazón? ¿Escote de pico? Rebusqué entre lo que tenía. Cogí uno blanco. ''Perfecto'' pensé. Me cambié a toda prisa y me miré al espejo. Era uno sencillo pero me gustaba.
Bajé y miré en el jardín, nadie a la vista. Comencé a caminar, con intención de ir a la piscina, cuando, de repente, se abrió la puerta de las caseta. De ella salió Justin y me quedé inmóvil en mi sitio. Iba vestido con uno de los bañadores hawaianos de mi padre. Le quedaba un poco ridículo y caminaba como un pingüino. Cuando me vio, sonrió y se dirigió hacia mí. Me acaloré y de repente, me dio vergüenza. Cruzé las piernas y me puse los brazos en jarras, intentando ocultar mi cuerpo. Mis mejillas ardieron cuando se inclinó para darme un beso breve y casto en los labios.
-¿Que tal me queda?-preguntó haciendo posturitas estúpidas y con voz pija.
-Osea te queda es-tu-pen-do.-respondí con el mismo tono de voz.
Reímos.
-Tú estás fabulosa. En serio, estás hermosa.
-¿Acaso no lo estoy siempre?-dije con chulería.
-Por supuesto, pero especialmente hoy, más.
-¿Te gustan las chicas en bikini?
-Cuanta menos ropa, mejor.
Me sonrojé violentamente. Por suerte, en ese preciso momento apareció mi madre, interrumpiendo, cosa que agradecí.
-Menos hablar y más nadar.
Nos empujó a los dos. Intenté de zafarme y grité, pero caímos juntos. Todo me pareció a cámara lenta. El agua y el silencio nos envolvieron, dejé los ojos abiertos y vi como miles de burbujitas subían hasta la superficie, haciendo de eso, un momento mágico. La cara de Justin era borrosa , aun así, pude ver como su pelo se revolvía y los músculos de sus brazos se tensaban al agarrarme para que no me separara de él. Rocé las pequeñas losas del suelo con el pie y nos impulsamos hacia arriba. Respiré aire fresco, llenando mis pulmones.
-¡Mamá!
Miré alrededor, mi madre había cambiado de opinión y yacía en una hamaca, tomando el sol.
-Vas a tener que disculparla, no siempre es así. Tiene que haberle pasado algo muy bueno para que esté así de alegre.
-Tranquila, estoy acostumbrado a causar sensación entre las mujeres.
Le salpiqué y reí.
-Bobo
-Es broma. ¿Una competición hasta el otro lado?
-Vaaale.
-3...2...1... ¡Ya!
Empecé a nadar antes de que gritara el ''ya'' y le oí gritar un ''Eso es trampa'' . Di unas brazadas y llegué al final, donde no tocaba fondo.
-Tramposa. Eso no vale.
-Sí que vale. Tú no me dijiste nada de que no se podían hacer trampas.
Entrecerró los ojos, desafiante. De repente, se fue hacia el otro extremo. Se quedó allí, mirando algún punto detrás de mi tranquilamente. Me reuní con él.
-¿Te has enfadado?
No respondió.
-Perdoname,
Nada.
-¿Y mi madre?
-Se ha quedado dormida en la tumbona.-se dignó a decir.,
-¿Que te pasa?
-Nada.¿Y a ti?
Fijó su mirada en mí y sus ojos centellearon bajo el reflejo del sol.
-Puedo llorar, suplicándote que me perdones si eso te hace sentir mejor.
Su rostro cambió de desafiante a serio.
-No merece la pena. No llores por una tontería como esta y no llores por un idiota como yo. No merezco las lágrimas de nadie.
-Eso no es verdad.-dije posando sus manos en las mejillas para que me mirara directamente.
-No pienso discutir contigo Leah.
-Pues entonces sonríe.
Una sonrisa apareció en su cara. Me encantaba eso de él. Del modo en que se curvaban sus labios y dejaba ver sus dientes, perfectos, con los colmillos dándole un aspecto malicioso. Del modo en que le brillaban sus ojos y su cara parecía resplandecer surcado de esos leves hoyuelos que le daban un aspecto...único.
-¿Otra competición?Y sin trampas
Acepté y esta vez ganó él.
-Jooooooo....no es justo, tú eres chico y yo chica.
-Pero he ganado ¿No? Merezco un premio.
-¿Que quieres?
-No sé ahora mismo pero ya se me ocurrirá algo. Subete aquí-dijo dando unos golpecitos en el borde de la piscina.
-¿Porque?
-Tienes que fiarte más de mí. Tú solo hazlo. Así. Ahora subete a mi espalda.
Hice lo que me pedía y rodee su cintura con mis piernas y su cuello con mis brazos. Se hundió en el agua y nadó por el fondo, dándome un paseo. Era increíble que tuviera tanta fuerza. Realmente se estaba esforzando en nuestro trato y eso me complacía .
-¿Que te ha parecido?
-Me ha encantado.
-¿Y ahora que quieres hacer?

Capítulo 15: Buenos días ángel



(LEAH)
Se quedó en silencio, apreté los puños y hablé.
-Te propongo un trato.
-¿Qué?
-Sal conmigo una semana, si después ya no quieres saber nada más de mí lo entenderé. Una semana y ya no volverás a verme, ni a hablarme, ni a besarme, ni cuidar de mí. Solo será fingir que me amas siete días.
Suspiró y se pasó la mano por el pelo, alborotándoselo aún más.
-Supongo que no moriré.-sonrió.
-¿En serio?
Sonrió.
-Duerme venga, ha sido un día largo.
Me tumbé de nuevo. Me ajustó las sábanas y me dio un suave toque de labios.
-Me voy.
Asentí y cerró la puerta.
...
Al día siguiente, me vestí y me preparé un rápido desayuno. Con decepción comprobé que no había nadie en casa. Al salir para esperar a Vane, la puerta se abrió antes de que yo hubiese puesto la mano en el manillar.
-Buenos días ángel.
 Me quedé sin habla.
-¿No te gusta que te llame ángel?
-N-no está bien.
Justin entró cargado de una bolsa y fue a la cocina.
-¿Has dormido bien?
-Sí
Le seguí y vi que estaba desenvolviendo una caja que contenía unos pequeños pastelillos. Me sorprendía con la naturalidad en la que me hablaba. Como si fuéramos una pareja normal. Al ver mi mochila me preguntó:
-¿Adonde vas?
-Al instituto...
-Boba, ¿No lees el periódico?
-No mucho.-reconocí.
Me tiró un ejemplar del diario.
-Página 12.-me indicó.
Abrí por donde me dijo y leí el título ''Huelga nacional de profesores'', después de eso le seguía una larga y aburrida parrafada que no quise leer.
-Vaya...
-Me extraña que no te lo dijeran ayer en el instituto.
-No escuché nada.
Solté mi bolsa en el suelo.
-Cierra los ojos.
Obedecí.
-Abre la boca.
-¿Qué?-abrí los ojos de nuevo.
-Tranquila, no soy un pervertido. Vuelve a cerrar. Así. Ahora prueba esto. ¿Te gusta?
Deguste el bizcocho en silencio.
-Me encanta.
-Ven, he traído más.
Tiró de mi brazo pero yo me quedé quieta.
-¿Porque haces esto?
-¿No quieres?
-No es eso. Yo pensé que...
-Tan sólo estoy siendo un buen novio. Vamos.
Nos sentarnos en la mesa, el uno al lado del otro. Empezamos a comer, algo incómodos.
-Tienes una mancha en la boca-señaló.
-¿Dónde?
-Aquí, espera ya te lo quito yo.
 Se inclinó y besó la comisura de mis labios, mientras su lengua me quitaba el resto de chocolate.
-Así mucho mejor.
Me entristecía saber que estaba fingiendo pero tenía que aprovecharlo al máximo.
-Están muy ricos, muchas gracias. ¿Esta mañana trabajas?
-No creo que haga mucho, los muebles están encargados y tardaran en venir. ¿Quieres hacer algo?
-Nada en especial.
-Quizá podríamos salir a algún sitio.
-Sorprendeme.
Se dio unos golpecitos en el labio inferior con el dedo índice, pensativo. Frunció el ceño.
-Te puedo llevar a un sitio pero tendrás que cambiarte de ropa.
-¿Que me pongo?
-Algo más cómodo.
 Arquee la ceja pero no dije nada, subí corriendo y me cambié a unas simples mallas negras y una camiseta simple blanca con la palabra BELIEVE estampada. Cuando bajé, él ya estaba preparado y me fijé, que la mesa estaba limpia.
-Me gusta tu camisa.-Señaló-Vamos.
Después de cerrar, Justin se subió en su moto, me hizo sitio y me senté tras él. Por alguna razón, evité abrazarme a él y me sujete a ambos lados del asiento. Se mantuvo quieto, cogió mis brazos y las rodeó alrededor de su pecho. Mantuvo mis manos entre las suyas y pude notar el latido de su corazón bajó la fina tela de la camisa y por debajo de su piel. Entrelazó nuestros dedos y apoye mi cabeza en su espalda. Así quedamos por un par de minutos hasta que arrancó y marchamos hacia un rumbo para mí, desconocido. Nos alejamos de la ciudad y nos adentramos en las afueras. Aparcó en un descampado y bajamos.
-Ven, cuidado con no tropezar.
Le seguí por un estrecho camino, casi todo tapado por la hierba. Empecé a escuchar el arrullo del agua. Una pequeña casa apareció ante nuestra vista. Estaba en muy malas condiciones, la pintura apenas se aguantaba en las paredes, faltaban ladrillos y el techo se había derrumbado. Me abrió la apolillada puerta que hizo sonar un agudo chirrido. Entré, absolutamente todo estaba cubierto de polvo y telarañas lo cual hizo que un escalofrío me recorriera, no me gustaban las arañas.  Era una casa antigua, que seguro que años atrás había tenido encanto pero en estos momentos, lucía vieja y sucia. Todo estaba cubierto de una capa de polvo.
-Seguro que te estás preguntándote porqué te he llevado aquí. Hace un tiempo descubrí esta casa, estaba deshabitada y nadie parecía quererla así que la compré, prácticamente me la regalaron. He hecho unos planos para reformarla. En un futuro quiero vivir aquí, con mi esposa y mis hijos. Si es que llego a tener.
Esa última frase la dijo en voz baja, casi un susurro.
-¿Me enseñas todo?
Asintió. Después de hacer un recorrido completo (tuve que reconocer que tenía un gran potencial) dimos un paseo y llegamos hasta un riachuelo el cual había escuchado antes. El agua era cristalina y pude divisar un par de peces. Me arrodillé en el borde y bebí. El agua era sorprendentemente fresca y estaba muy buena.
-Ven, prueba.-le apremié.
Se puso de cuclillas y apoyando las manos en el suelo, bebió.
-¿Que te parece?
No contestó, me tumbó sobre el suelo y me besó. Un beso ansioso, desesperado, con pasión. Introdujo su lengua y se enrolló con la mía en un baile frenético. Él mantenía sus brazos a cada extremo de mi cuerpo para sostenerse. Acaricié su espalda, por todo lo largo. Incline mi cabeza para que le fuera más fácil y me agarré en su camiseta. Se puso de rodillas y deslizó sus labios por mi cuello. Pasé las yemas de los dedos por su nuca y tembló, como si le hubiera dado una descarga eléctrica. Se separó de mí y se levantó. No lo entendía ¿Que había hecho mal?. Se suele decir que una mirada decía más que mil palabras y la de Justin reflejaba tristeza.