sábado, 19 de abril de 2014

Capítulo 19: Dispara

(JUSTIN)
La abracé y la besé. Estaba desbordante de alegría. Se retorció y se separó.
-¿Has fumado?-preguntó
-Sí ¿Porque?
-Lo noto.
Apoyó sus manos en mi pecho.
-Te late el corazón muy rápido. ¿Tan nervioso estás?
''Eres tú''quise decir''eres tú la que me hace estar así'' me mordí el labio inferior.
-Sí.-respondí.
Sonrió afablemente.
-¿Que canciones le vas a enseñar?
-Probablemente la de 'Confident','All That Matters' y 'Heartbreaker'
-Guay.
Sonó el claxon de el coche de su amiga y se puso de pie de un salto.
-Luego nos vemos.-se despidió.
La cogí de la mano y la giré hacia mí.
-¿Y mi beso de despedida?
Sorprendida, me dio un pico pero retuve sus labios un rato más. El incansable claxon volvió a sonar y la solté.
(LEAH)
Monté en el coche de Vanessa con un suspiro.
-¿Que pasa?¿Porqué has tardado tanto?
-No encontraba mi chaqueta.
Cuando llegamos al instituto, me despedí de ella y me encaminé hacia mi clase de matemáticas. Saludé a Isa y me senté a su lado. Ella, tímida, me devolvió el saludo y se subió las gafas. Al poco rato entró el profesor y todos nos pusimos rectos en la silla y bien colocados. Empezó a explicar la lección de hoy que trataba de las ecuaciones. Me preparé para una clase aburrida. Al final, dio unos golpecitos en la mesa pidiendo atención.
-En este trimestre, se contará tanto el trabajo individual como por grupos. Por eso, quiero que me hagáis una presentación por parejas de la sucesión de Fibonacci. Tendrá que incluir como mínimo 3 diapositivas con un máximo indefinido que luego expondreis en clase.
Todos se revolvieron en sus asientos y un murmullo recorrió el aula.
-¿Vas conmigo?-pregunté a Isa.
-¿Lo dices en serio?
-Claro.
El tutor nos interrumpió.
-Se expondrá la semana que viene, el martes. Y nada de copiar y pegar información de Wikipedia, eso también lo sé hacer yo.
Carraspeó y recogiendo sus libros, marchó hacia su próxima hora.
-¿Quieres pasarte por mi casa esta tarde? Lo digo para quitarnoslo ya de encima.
-No sé donde vives.
-Podemos ir juntas caminando después de clase.
-Entonces vale.
Jessica se me acercó.
-¿Haces el trabajo conmigo?
-Lo siento, voy con ella.-dije señalando a mi compañera de pupitre.
-Ah, de acuerdo.
Le dirigió una mirada fría y se fue.
-Creo que no le he caído bien ¿Seguro que no lo quieres hacer con ella? Lo puedo hacer sola, estoy acostumbrada.
Bajó la vista y su rostro se ensombreció.
-Por supuesto que no. Te lo he prometido.
...
Al terminar, me reuní con Isa a la entrada del instituto y después de avisar a Vanessa de que no iría con ella, partimos hacia mi casa. Al principio se formó un silencio incómodo pero decidí romper el hielo.
-Hace buen día.
-Sí, pero suelo preferir la lluvia.
-A mi también.-reconocí-leyendo un buen libro y con una taza de té o chocolate caliente.
''Y con Justin''pensé. Me mordí la lengua.
-¿Que tal con tu familia?
-Mi familia es una mierda. No le importo a nadie. Soy como un hijo no deseado.
-Vaya, lo sientoY qué?¿Hay algún chico que te gusta?-pregunté inocentemente, como quien no quiere la cosa.
-No... bueno, hay uno, pero no sabrá ni que existo. Me parece guapo, nada más.
-¿Quien es?
-Tu novio...
-¿Mi qué?
-Tyler.
-¿Pero qué? No somos novios, creo que lo dejamos o algo así. Él me engañaba. Isa, no conviene relacionarte con personas como esas. Es un monstruo.
-¿Y como lo sabes?
Solté el aire y se lo conté.
-Tyler...me pega.
Se tapó la boca, horrorizada. Me levanté la camisa y le dejé ver una mancha morada y azulada, justo al lado del ombligo. Ahogó un grito.
-Esto es de este patio.
-Leah, tienes que contárselo a la policía.
-No puede controlarse, eso es todo. No le digas nada a Justin por favor...
-¿Justin?
-Ahora le conocerás.
Aunque ya sabía que le conocía, toqué al timbre, ya que me había olvidado las llaves y esperamos a que nos abriera. La puerta se abrió con un chasquido y un joven guapísimo con el cabello color miel nos recibió con una amplia sonrisa. Vi que se había cambiado de ropa, por un camisa negra con la palabra NEO estampada a un costado y unos vaqueros del mismo color. Le seguían sus habituales Supra lilas. Iba un poco despeinado y se le notaban las ojeras.
-¿Isa?¿Eres tú?
-¿Justin?¿Qué haces aquí?¿Tú y ella sois...?
Me miró y suspiró.
-Sí
Se apartó a un lado para que pudiéramos pasar y entramos.
-Hemos venido a hacer un trabajo.
-Ah.
-Sientete como en casa.-le dije a mi compañera- como habrás visto estamos en obras y está todo patas arriba. Justin es el...arquitecto, pintor y diseñador a la misma vez.
Le enseñé el camino a mi habitación y dejé que se pusiera cómoda.
-Voy abajo a por el portátil y el cargador y ahora vuelvo.
Bajé dando saltitos por las escaleras. Busqué mi portátil, mierda, todo estaba empaquetado y no sabía que en qué caja estaba. Fui al trastero y miré entre todo.
-¿Buscas algo?
Unas brazos fuertes y varoniles me rodearon la cintura. Acaricié sus manos y apoyó su barbilla en mi pelo. Me di la vuelta y le besé. El sabor amargo de su boca a causa del tabaco había desaparecido y ahora sabía a menta. Me reclinó contra la pared y me besó el cuello. Sus manos viajaron por mi espalda, apretándome contra él. Le di varios besos cortos en los labios y le alejé unos centímetros de mí para recuperar la respiración. Una sonrisa maliciosa apareció en su cara.
-¿Que buscabas?
-Mi portátil
-¿Uno blanco?
-Sí
-Está por aquí.
Abrió una caja al azar y lo sacó, junto con su cable.
-Aquí tienes.
Me lo entregó.
-Gracias.
Le di un beso en la comisura del labio y cuando me dirigía hacia mi habitación de nuevo, me paró, soltó la goma que retenía mi pelo y me deshizo la trenza. Ahora fue él quien me besó, pero esta vez en la coronilla.
-Así mucho mejor.
Y me dejó ir. Cuanto habría deseado que no estuviera Isa y pasar la tarde con él. Suspiré y subí de nuevo.
-Lo siento.-me disculpé-pero tardé en encontrarlo. Estaba empaquetado.
-Creo que también encontraste otra cosa.
Me había pillado. Enrojecí.
-Lo siento.
-No pasa nada. Por cierto, deberías mirarte en el espejo
-¿Porqué?
Curiosa, me miré en el espejito de mi cuarto. Al principio no vi nada, hasta que me aparté el pelo. Me había hecho un chupetón. Me sonrojé más aún. Por esó me había soltado el pelo.
-Le mataré. En fin, vamos a hacer el trabajo.
Comenzamos a hacer el trabajo. Era fácil hacerlo con ella porque no se dejaba distraer por nada y era muy detallista. Cuando lo tuvimos casi acabado, como ya era tarde, decidimos dejarlo para otro día. Me despedí de ella y fui a buscar a mi "novio". El primer lugar que se me ocurrió fue ir a la cocina. Allí estaba Justin, sentado en una silla, con el móvil a punto de caersele de la mano y la boca entreabierta. Lo más cómico de todo era que estaba dormido. Para comprobar, agite una mano delante suya y ni se immutó. Se me ocurrió una idea brillante para mi venganza. Cogí su móvil delicadamente (que por cierto, al mirarlo detenidamente, comprobé que era un IPhone 5) y lo guardé en mi bolsillo trasero. Rebusqué en la nevera el bote de nata hasta que di con él. Lo agite y lo abrí mientras me aguantaba la risa. Suavemente, fui poniéndole la nata en una mano. Le puse en la otra también y para acabar un poco entre sus labios. Se removió en su asiento y frunció el ceño pero no se despertó. Se frotó con el dorso de la mano y eso ya sirvió para que se manchara. Tenía un sueño profundo porque siguió durmiendo pacíficamente. Le hice cosquillas en la nariz y ahora si que reaccionó. Se rascó y se embadurnó entero. Abrió los ojos, sorprendido y se miró.
-¿Pero qué...?-logró balbucear, teniendo en cuenta que tenía la boca llena. Me vio y sonrio- Diablilla.
Huí pero me agarró justo a tiempo. Alzó la mano para mancharme. Bajé la cabeza y su palma acabó en mi pelo, dejándolo pringoso. Grité y cogí el bote de nata. 
-Atrás, o disparo.
-Dispara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario