sábado, 15 de marzo de 2014
Capítulo 15: Buenos días ángel
(LEAH)
Se quedó en silencio, apreté los puños y hablé.
-Te propongo un trato.
-¿Qué?
-Sal conmigo una semana, si después ya no quieres saber nada más de mí lo entenderé. Una semana y ya no volverás a verme, ni a hablarme, ni a besarme, ni cuidar de mí. Solo será fingir que me amas siete días.
Suspiró y se pasó la mano por el pelo, alborotándoselo aún más.
-Supongo que no moriré.-sonrió.
-¿En serio?
Sonrió.
-Duerme venga, ha sido un día largo.
Me tumbé de nuevo. Me ajustó las sábanas y me dio un suave toque de labios.
-Me voy.
Asentí y cerró la puerta.
...
Al día siguiente, me vestí y me preparé un rápido desayuno. Con decepción comprobé que no había nadie en casa. Al salir para esperar a Vane, la puerta se abrió antes de que yo hubiese puesto la mano en el manillar.
-Buenos días ángel.
Me quedé sin habla.
-¿No te gusta que te llame ángel?
-N-no está bien.
Justin entró cargado de una bolsa y fue a la cocina.
-¿Has dormido bien?
-Sí
Le seguí y vi que estaba desenvolviendo una caja que contenía unos pequeños pastelillos. Me sorprendía con la naturalidad en la que me hablaba. Como si fuéramos una pareja normal. Al ver mi mochila me preguntó:
-¿Adonde vas?
-Al instituto...
-Boba, ¿No lees el periódico?
-No mucho.-reconocí.
Me tiró un ejemplar del diario.
-Página 12.-me indicó.
Abrí por donde me dijo y leí el título ''Huelga nacional de profesores'', después de eso le seguía una larga y aburrida parrafada que no quise leer.
-Vaya...
-Me extraña que no te lo dijeran ayer en el instituto.
-No escuché nada.
Solté mi bolsa en el suelo.
-Cierra los ojos.
Obedecí.
-Abre la boca.
-¿Qué?-abrí los ojos de nuevo.
-Tranquila, no soy un pervertido. Vuelve a cerrar. Así. Ahora prueba esto. ¿Te gusta?
Deguste el bizcocho en silencio.
-Me encanta.
-Ven, he traído más.
Tiró de mi brazo pero yo me quedé quieta.
-¿Porque haces esto?
-¿No quieres?
-No es eso. Yo pensé que...
-Tan sólo estoy siendo un buen novio. Vamos.
Nos sentarnos en la mesa, el uno al lado del otro. Empezamos a comer, algo incómodos.
-Tienes una mancha en la boca-señaló.
-¿Dónde?
-Aquí, espera ya te lo quito yo.
Se inclinó y besó la comisura de mis labios, mientras su lengua me quitaba el resto de chocolate.
-Así mucho mejor.
Me entristecía saber que estaba fingiendo pero tenía que aprovecharlo al máximo.
-Están muy ricos, muchas gracias. ¿Esta mañana trabajas?
-No creo que haga mucho, los muebles están encargados y tardaran en venir. ¿Quieres hacer algo?
-Nada en especial.
-Quizá podríamos salir a algún sitio.
-Sorprendeme.
Se dio unos golpecitos en el labio inferior con el dedo índice, pensativo. Frunció el ceño.
-Te puedo llevar a un sitio pero tendrás que cambiarte de ropa.
-¿Que me pongo?
-Algo más cómodo.
Arquee la ceja pero no dije nada, subí corriendo y me cambié a unas simples mallas negras y una camiseta simple blanca con la palabra BELIEVE estampada. Cuando bajé, él ya estaba preparado y me fijé, que la mesa estaba limpia.
-Me gusta tu camisa.-Señaló-Vamos.
Después de cerrar, Justin se subió en su moto, me hizo sitio y me senté tras él. Por alguna razón, evité abrazarme a él y me sujete a ambos lados del asiento. Se mantuvo quieto, cogió mis brazos y las rodeó alrededor de su pecho. Mantuvo mis manos entre las suyas y pude notar el latido de su corazón bajó la fina tela de la camisa y por debajo de su piel. Entrelazó nuestros dedos y apoye mi cabeza en su espalda. Así quedamos por un par de minutos hasta que arrancó y marchamos hacia un rumbo para mí, desconocido. Nos alejamos de la ciudad y nos adentramos en las afueras. Aparcó en un descampado y bajamos.
-Ven, cuidado con no tropezar.
Le seguí por un estrecho camino, casi todo tapado por la hierba. Empecé a escuchar el arrullo del agua. Una pequeña casa apareció ante nuestra vista. Estaba en muy malas condiciones, la pintura apenas se aguantaba en las paredes, faltaban ladrillos y el techo se había derrumbado. Me abrió la apolillada puerta que hizo sonar un agudo chirrido. Entré, absolutamente todo estaba cubierto de polvo y telarañas lo cual hizo que un escalofrío me recorriera, no me gustaban las arañas. Era una casa antigua, que seguro que años atrás había tenido encanto pero en estos momentos, lucía vieja y sucia. Todo estaba cubierto de una capa de polvo.
-Seguro que te estás preguntándote porqué te he llevado aquí. Hace un tiempo descubrí esta casa, estaba deshabitada y nadie parecía quererla así que la compré, prácticamente me la regalaron. He hecho unos planos para reformarla. En un futuro quiero vivir aquí, con mi esposa y mis hijos. Si es que llego a tener.
Esa última frase la dijo en voz baja, casi un susurro.
-¿Me enseñas todo?
Asintió. Después de hacer un recorrido completo (tuve que reconocer que tenía un gran potencial) dimos un paseo y llegamos hasta un riachuelo el cual había escuchado antes. El agua era cristalina y pude divisar un par de peces. Me arrodillé en el borde y bebí. El agua era sorprendentemente fresca y estaba muy buena.
-Ven, prueba.-le apremié.
Se puso de cuclillas y apoyando las manos en el suelo, bebió.
-¿Que te parece?
No contestó, me tumbó sobre el suelo y me besó. Un beso ansioso, desesperado, con pasión. Introdujo su lengua y se enrolló con la mía en un baile frenético. Él mantenía sus brazos a cada extremo de mi cuerpo para sostenerse. Acaricié su espalda, por todo lo largo. Incline mi cabeza para que le fuera más fácil y me agarré en su camiseta. Se puso de rodillas y deslizó sus labios por mi cuello. Pasé las yemas de los dedos por su nuca y tembló, como si le hubiera dado una descarga eléctrica. Se separó de mí y se levantó. No lo entendía ¿Que había hecho mal?. Se suele decir que una mirada decía más que mil palabras y la de Justin reflejaba tristeza.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario