sábado, 26 de abril de 2014

Capítulo 20: Te quiero


Abrió los brazos y disparé. Pero no salió nada. Volví a apretar pero nada. No salía.  Maldije en voz baja. Me atrapó y me manchó las mejillas. Me puse de puntillas y cuando fui a hacerle lo mismo, me besó. Sus labios, dulces por el azúcar, resultaban irresistibles. Incliné la cara hacia la izquierda y pasé la lengua por su pómulo, limpiándolo. Le di un mordisco y jadeó. Le alejé de mi unos centímetros.
-No te muevas.
Cogí un paño, lo mojé en agua y se lo pasé por la cara, quitando los restos que me había dejado. Fue su turno. Le dio la vuelta y me lo pasó suavemente por los lugares manchados. Cuando hubo acabado, lo lancé al fregadero.
-¿Qué hora es?
Hizo el ademán de sacarse el móvil del bolsillo pero no estaba allí. Caí en la cuenta.
-Lo siento, te lo cogí yo para que no se cayera.
Se lo entregué y comprobó la hora.
-Las diez menos cuarto.
-¿Ya?
-Sí.
Mi estomago rugió.
-¿Tienes hambre?
-Un poco.
Busqué algo de comida y al no haber nada interesante para comer, me preparé un sándwich. Le puse tomate, lechuga, huevo duro, jamón y un poco de mayonesa.
-¿Quieres?-le ofrecí.
-Déjame probar.
Se lo tendí. Puso su mano encima de la mía para acercarse lo más y le pegó un mordisco. Masticó en silencio y tragó.
-¿Te ha gustado?
-Me ha encantado.
-¿Quieres más?
-No gracias, me fui a tomar algo en un bar cercano cuando estábais trabajando. Me quedé lleno.
Deposité el plato vacío en el lavavajillas y como ya estaba lleno, lo programé para el lavado.
-¿Te quedas esta noche también a dormir?
-Como quieras.-dijo, esbozando una sonrisa.
-Ve tú subiendo, yo voy al baño.
Él se fue a mi habitación y yo, en el servicio, aproveché para cepillarme los dientes, peinarme el pelo (que estaba un poco pringosos por la nata), desmaquillarme y poner unas gotitas discretas de mi perfume de vainilla detrás de las orejas. Como había dejado el pijama por la mañana ya en el cuarto de baño, me cambié y fui a donde estaba Justin. Me asomé por el marco de la puerta y vi que estaba hablando con alguien por teléfono descalzo, dando vueltas y con el ceño fruncido. Entré, cerré las cortinas y me metí debajo de las sábanas. Él me vio, murmuró una última cosa y colgó. Se sentó al borde de la cama y agachó la cabeza, frotándose los ojos.
-¿No duermes bien? Te noto cansado.
-No sé, hay algo que me hace despertarme muy a menudo. No puedo dormir de un tirón.
-¿Y qué es?-pregunté, acariciándole el nacimiento del pelo en el cuello y pasando mi mano por medio de su espalda, por la columna vertebral.
-Ni yo lo sé. Al día siguiente me olvido.
-¿Y conmigo también te despiertas?
Giró su cara hacia mí.
-¿A qué te refieres?
-A que si conmigo también duermes mal.-aclaré, sintiéndome culpable.
-Duerma o no contigo me pasa. No es tu culpa.
Di unas palmaditas a mi lado en el colchón y se tumbó. Le cogí de la mano y entrelacé nuestros dedos. Eran rugosos y ásperos pero había algo que les hacía ser agradable al tacto. Acaricié sus nudillos con mi pulgar y dejé su palma reposar en mi mejilla.
-Duerme bien ángel.-dijo, antes de que me quedara dormida.
...
Cuando me desperté, me sentí con una nueva energía. No sabía explicar porqué estaba tan alegre pero me sentía nueva. Me desperecé y me fui en busca de Justin. Me asomé a la ventana y ahí estaba, en la calle, fumándose un cigarro, llevaba unas gafas de sol puestas. Silbé y cuando me vió, agitó la mano para saludarme. Tiró la colilla al suelo y la pisoteó. Jay salió de entre unos arbustos para olisquearlo y, asqueado por el olor, se alejó. Me fui a la entrada y le abrí para que entraran los dos. El primero fue Jay, tan entusiasta como siempre y se me echó encima. Me empujó con sus patas delanteras en la barriga. Casi me caigo e, intentando recuperar el equilibrio me apoyé en la pared. Me lamió la mano y le acaricié la cabeza. Después entró Justin.
-Buenos días preciosa.
Se había cambiado de ropa a una camisa blanca, unos pantalones de cuero negros y unas Adidas negras. La cadena estilo militar colgaba de su cuello y tintineaba junto con otro collar. Lo miré, era una cruz. No sabía que era creyente.
-¿A que hora te despertaste?
-Sobre las cinco de la mañana. He ido a mi casa a cambiarme y he aprovechado para traerte un cruasán. Está en la mesa.
-Gracias. ¿A que hora tienes la reunión con Scooter?
-A las cuatro y media.
-Yo acabo el insti a las tres... podrías pasarme a recoger.
-¿En serio?-preguntó, alzando las cejas.
-¿Porqué no?
-Pensé que no querías que me vieran...
-Me da igual. Voy a ducharme.
Tan solo me lavé el pelo, me puse perfume, me maquillé discretamente y me vestí con una camisa corta negra (que por suerte no dejaba ver mis moratones), unos pantalones largos color granate y las ya habituales Converse negras. También me puse un collar plateado de cadena y unos pendientes. Bajé y me comí lo que me había traído bajo su atenta mirada. No dejaba de observarme y me sonrojé.
-¿Porqué me miras?
-Por nada.-dijo, sacudiendo la cabeza.
-Ahora vuelvo.
Me cepillé los dientes rápidamente  y fui otra vez con él. Estaba de pie, mirando por la ventana. Tenía las gafas sobre la mesa y pude ver su cara. Tenía unas profundas y marcadas ojeras y los ojos enrojecidos. Suspiró, se puso las gafas de nuevo y miró su móvil para comprobar la hora. Entré y rodee su cuello con mis brazos. Le abracé, quería decirle tantas cosas, que todo iría bien, que no se preocupara, que me tenía a su lado pasara lo que pasara, que podía confiar en mí. Si tan sólo supiera lo que pasaba, podría ayudarle. Buscó mi boca y unió nuestros labios en un beso desesperado. Dejó sus manos en mis mejillas  y me besó la frente. El molesto claxon del Fiat 500 de Vanessa nos interrumpió. Cogí mi mochila y me despedí.
-A las tres en mi insti ¿no?
-Allí estaré.
-Te quiero.
No esperé respuesta y cerré la puerta.
...
Y allí me encontraba, en la entrada que daba al parking del instituto. Me balanceaba sobre los pies nerviosamente y no paraba de consultar el reloj. Había salido un poco antes porque el profesor estaba enfermo y había decidido esperarle fuera. Sonó el timbre que señalaba el fin de la jornada y la gente comenzó a salir. Saludé a varias personas y  seguí aguardando. De pronto, un rugido de una moto se escuchó por encima de todos los sonidos. Lo reconocería donde fuera. Esa moto se abrió paso entre la multitud y se paró delante de mí. Justin estaba sobre ella, inclinado en el manillar.
-¿Preparada?
-Sí.
La gente nos miraba, curiosa. Seguramente se preguntarían quién era el chico y qué iba a hacer. Aunque dijera que no, mi reputación me importaba, había tardado años en ser la más popular y en un segundo se podía ir todo al traste. Cerré los ojos , pasé una pierna al otro lado del asiento y me senté. Rodee su espalda con mis brazos y me agarré. Hizo sonar el motor varias veces para que se apartaran y arrancó. Al poco rato, aparcó enfrente de un restaurante.
-¿Qué hacemos aquí?
-Tendrás que comer algo antes de ir al estudio.

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