sábado, 1 de febrero de 2014
Capítulo 11:¿Que haces?
(LEAH)
Un lunes por la mañana. Otra vez. Parecía mentira lo que había pasado en una semana. Los secretos, mentiras, aventuras, risas, dolor. Dolor físico. Tenía la solución, hablaría con Tyler. Arreglar las cosas. Sacudí la cabeza y me vestí con la ropa que me había comprado. La blusa semitransparente verde oliva. Unas mallas negras y unas sandalias doradas. La raya del ojo fina, rímel, un poco de colorete y pintalabios rojos. Cogí mi mochila y bajé. De seguida, el fuerte olor de la pintura me llegó a la nariz. Vaya, Justin había empezado pronto a trabajar. Tenía que pasar por el salón para ir a la cocina así que era inevitable saludarle.
-Hola.
-Hola.
Me fijé en que un brazo no lo movía bien. Aunque tuve curiosidad, me abstuve de preguntarle. Cogí unas galletas y me preparé un café con leche.
-¿Molesto?
Me giré y di un respingo.
-Me habías asustado Justin.
-Solo quería decirte que cuando quieras, me puedes...
-¿Poder que?
-Diseñar el plano de tu habitación.
-Ah, claro.
-¿Que pensabas que te iba a pedir?
-Hmm... nada.
Me dio un repaso con la mirada brevemente y sentí que enrojecía de vergüenza e ira. Crucé los brazos.
-Tú café esta listo.-anunció.
-Ah.
-En fin. Eso era todo.
-Vale.
Se fue de nuevo a trabajar. Acabé de desayunar y cuando escuché el claxon del habitual Fiat salí afuera.
-¡Vane!¡Adivina!
-¿Que?.-dijo, atenta al tráfico y a la carretera.
-El IPhone llegará el mes que viene.
Casi dio un volantazo.
-¡Menuda suerte! A mí no me dejan. Estoy ahorrando. Solo me quedan 600€.
Aparcó y se me quedó mirando.
-Agachate
-¿Porque?
-Tú solo hazlo. Demasiado tarde.
Una mano golpeó el cristal de la ventanilla.
-Oh por dios. Tendría que haberte hecho caso Vivi.
Salí del coche y unos labios babosos atraparon los míos.
-Tyler...
-Lo siento cariño. Te echaba de menos.
Si claro, pensé, y los cerdos volaban.
-¿Que tal este fin de semana? Me habría gustado que me llamases.
-No tuve tiempo.
-Conocí a una chica la semana pasada.
-Ah, bien.
Así me dejaría en paz.
-Pero nada que ver contigo. Te prefiero a ti. No me gustan las pelirrojas.
¿Pelirroja?Oh no... que no fuera la tal Clara...
-Se llama Clara.
¿Porque estaba en todos lados? Ni que tuviera la capacidad de teletransportarse . Primero en la fiesta del miércoles. Después descubrí que era mi vecina.Y ahora conocía a mi ''novio''. Por no decir que era un zorra. Se podía ver a un kilómetro de distancia que Justin y ella tenían algo. Y se me olvidaba que se había morreado con él el miércoles. Me miraba con una cara de asco impresionante. Se creía guapa y no llegaba ni a mierda. Falsa... pero hasta me haría un favor, me alejaría de Ty. Sonreí.
-Podríamos quedar algún dia. ¿Sabes que hace una fiesta este sábado? Me ha invitado. Puedes venir.
-A mí también me han invitado.
-Se me olvidaba que eras la chica más popular. Además de guapa. Y lista.
Me daba un beso por la cara a cada palabra. Se dio la vuelta para ir a clases y le saqué la lengua.
...
A final de clase, llamé un taxi, no quería ir con Vanessa porque seguramente Tyler me quería acompañar. El coche se paró frente a mí.
-¿Adonde va?
-Calle Europa.
-Suba.
Me monté en la parte trasera, no sin antes apartar un montón de periódicos. Encendió la radio sin importarle que no me gustara. Se puso a tararear la canción y a dar golpes en el volante. Encendió un cigarro y exhaló humo, inundando el cerrado espacio de un olor pestilente. Intenté bajar la ventanilla pero vi que estaban bloqueadas. Respiré por la boca pero fue peor porque se me metió el sabor amargo en la lengua y el paladar.
-Abra la ventana, por favor.-dije con los ojos lagrimeando.
Refunfuñó algo y me hizo caso, dejando al paso una corriente de aire fresco. Llegamos a mi calle. Le pagué y me bajé. La moto de Justin no estaba así que supuse que habría ido a comprar. Entré y fui directamente a la ducha a darme un buen baño. Puse música de fondo y llené la bañera de agua. Puse sales y aceites aromáticos. Me desvestí y me metí. El agua, caliente, me relajó los músculos. Hize espuma y me cubrí con ella haciendo pompas gigantescas con las manos. Me enjaboné y puse champú en mi cabeza. Cerré los ojos y me sumergí al completo, cabeza incluida. A los pocos segundos, sin embargo, ya estaba sin respiración. Salí, me sequé y hice un ritual de belleza: depilación de piernas, cejas, crema, tónico para la cara, esmalte de uñas y cacao en los labios. Fui a mi habitación y me vestí en chándal. Bajé al salón, todo estaba patas arriba y no se veía el sofá por ninguna parte. Lo encontré en el pasillo, ya empaquetado para ser reemplazado por otro nuevo. Almenos había alfombra. Me tumbé, suerte que era peluda y se estaba cómodo. Sonó el cerrojo de la puerta de la entrada y me hice la dormida. Lo último que vi antes de caer rendida por el sueño, fueron unas Supra lila.
(JUSTIN)
Lo primero que vi al entrar fue a Leah tendida sobre el suelo. Pensé que se había desmayado pero al ver que respiraba acompasadamente, supe que estaba dormida. Le toqué las manos, estaba helada. Resoplé, no solo tenía que hacer de obrero, también de niñero. La cargué en mis brazos y la subí (no sin cierta dificultad) hasta su cama. La arrope bien y me recordó a cuando Jazzy estaba en la cuna. Bajé de nuevo y seguí trabajando en las paredes. Abrí los botes de pintura y seguí con lo que había dejado a medias. Me masajee el brazo adolorido. Después de un par de horas, abrí las ventanas para que se ventilara la habitación. Aproveché para salir al aire libre y fumarme un cigarro. La nicotina me entró en los pulmones, dejandome una sensación de alivio. Aplasté la colilla contra el suelo una vez terminado y me dirigí a la puerta pero algo me hizo parar en seco. Notaba que algo o alguien me seguía. Una cosa con pelo me rozó los tobillos. Y lo vi. Un cachorro de golden retriever saltaba alegremente de un lado a otro. Le acaricié y no noté ningún collar ni identificación. Mire a mi alrededor, nadie parecía reclamarlo. Lo cogí y me lamió las manos. Entré y cerré de un empujón. Subí corriendo por las escaleras y entré apresudaramente en la habitación de Leah.
-Leah, despierta.
Gruñó y se removió. Apoyé mis labios en su oreja y le susurré.
-Despierta.
Pegó un bote y me miró confundida.
-¿Que haces?
Me quedé paralizado, así al natural, estaba muy guapa. Carraspeó.
-¿Porque me has despertado?-su tono era cortante, como un cuchillo. Ya lo había notado por la mañana. O tenía un mal día o estaba cabreada conmigo,
Se cruzó de brazos con el ceño fruncido, Obtuvo un ladrido de respuesta. Abrí los brazos para que el pequeño perro fuera a su regazo. Me miró con expresión sorprendida, finalmente, sonrió y le rascó entre las orejas.
-¿Es tuyo?
-Estaba en la calle, perdido.
-¿No había nadie más?
-Nadie.
-Que raro, no hay nadie de aquí a los alrededores que tenga perro. -arrugó la nariz- ¿Has fumado?
-¿Y que si lo he hecho?
No quería ser borde pero su mal humor era contagioso,
-Hay que hacerle la prueba.
-¿Que prueba?
Saltó de debajo de los edredones y cogió al golden retriever. Salió y la seguí, curioso. Lo dejó en el suelo.
-Venga pequeñín, vuelve a casa.
El perrito parecía desorientado y olisqueó unos arbustos cercanos antes de volver a mis pies. Apoyó sus zarpitas en mi pierna, arañandola suavemente.
-Tendremos que hacer carteles.
Mientras yo llevaba a la nueva mascota al jardín, Leah se encargó de hacer papeles anunciando que habíamos encontrado a un cachorro. Le lancé la pelota y la cogió al vuelo. La volví a tirar esta vez más lejos y volvió con ella en la boca, obediente. No parecía cansarse. Rebosaba felicidad de que por fin alguien le prestara atención y jugara con él. Se acercó al borde de la piscina y lamió el agua, sediento. Asqueado del sabor del cloro, se alejó. Reí y me tumbé, olisqueandome la mejilla, se tendió a mi lado y movió su cola. Un estómago rugió y no estuve seguro si era el mío. Cuando me puso ojitos implorantes, entré y le puse un bol de agua.
-Leah ¿que le pongo de comer?
Apareció con cara desconcertada.
-No sé, nunca he tenido un perro. Tendríamos que ir a una tienda.
-Quedate tú, yo iré en un momento.
Fui a una tienda a toda prisa y fui directo a la sección de animales. Había una gran variedad, desde sabores de carne hasta verdura. Cogí unas latas al azar y una bolsita pequeña de pienso seco. Pagué en caja y volví lo antes que pude. Se lo serví al pequeño perrito, hambriento. Comió con devoción y una vez satisfecho, sacó la lengua y bebió. Volvió a correr por el jardín, persiguiendo a moscas e intentando atrapar hormigas.
-Hay que buscarle nombre, al menos uno temporal.-sugerí.
Me ignoró y ni se dignó en contestar. Me senté en las escalerillas, a pocos metros de ella.
-¿Pasa algo?
No dijo nada. Empezó a romper la hierba con las manos, distraídamente.
-¿Y si le llamamos Justin? Al fin y al cabo lo encontraste tú.-dijo pero no me miró a la cara.
-¿Justin? ¿No es un poco raro para un perro?
-¿Entonces como? ¿Como se abrevia tu nombre?
-Bueno...mi hermana me llama Jay...
-Jay...-murmuró pensativa.-suena bien. ¡Jay!¡Ven aquí!
El cachorro alzó las orejas pero no se acercó. Bostezó y lloriqueó un poco.
-Creo que tiene sueño.
Lo cogió en brazos, parecía un bebé. Nuestro bebé. Sabía que no era un bebé pero aún así, esa idea me daba escalofríos. Era una sensación extraña. Me situé detrás de ella. Vi como sonreía tiernamente y le mecía, cantándole una nana que no supe distinguir. Y la reconocí, era mi canción, Heartbreaker.
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Lo se lo se, solo he publicado un capitulo y encima, tarde. Pero como os dije, estoy castigada y mis padres se supone que no saben que tengo el portátil. Ahora mismo estoy debajo de mi cama, clavandome las botas de tacón en la barriga. He "fusionado" los dos capitulo para que sea uno. Espero que os guste y cruzad los dedos para que la semana que viene me dejen escribir y publicar algo :T.
BESITOS DE COCO < 3
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